Escribir mucho, poquito, nada

17 may

Ayer después de mucho tiempo, bastante en realidad, volví a escribir un cuento. Medio tonto, en realidad plasmé en una hoja varios sueños que estuve teniendo últimamente, y como se unen bajo el mismo hilo conductor decidí hacerlo en papel y no de forma digital.

Hace un tiempo ya que me cuesta horrores inventar historias, desde que empecé el blog me cuesta inventar y escribo sólo de cosas que me pasan, de mi entorno, de mis experiencias. Inventar implicaba mucho tiempo, o falta de imaginación, no sé. La cuestión es que estoy contenta de que por fin pude volver a escribir.

Te preguntarás qué tiene de especial escribir cuentos. Bueno, me recuerda mucho a lo que yo era de chica, cuando escribía mucho y participaba en concursos de literatura enviando mis escritos.

Mi mamá siempre me alentó a escribir por eso confianza en mis producciones nunca me faltó, pero con el tiempo y principalmente al empezar la universidad dejé eso de lado y me dediqué a leer o a escribir en el blog, pero me desacostumbré a escribir a mano.

Ahora volví, no sé si para quedarme, pero mejoraré.

Inventario personal de libros pendientes

10 may

En el marco de la Feria del Libro debo contarte que fui no una sino DOS veces. Gracias a Pame y a Paola de Librerías Ateneo, en ambas oportunidades fui gratis y la pasé fenomenal. Creo que el paraíso es muy parecido a un lugar así, lleno de libros aunque con menos gente.

Como siempre que voy a una librería no pude resistirme y tuve que comprar, pese a mi firme decisión de ir sólo a conseguir ese libro que estoy buscando hace meses y que al final encontré gracias a Twitter y a Kel Ediciones. La primera vuelta me traje tres libros: Entregada al ridículo de Dalia Gutmann (libro para playa que leí acostada y terminé en el trabajo), Orgullo y Prejuicio de Jane Austen edición de bolsillo (no pude resistirme con la forma en que hicieron las cartas), y En el país de la nube blanca de Sarah Lark (trilogía que tengo ganas de leer desde hace casi un año).

Y te preguntarás qué relación hay entre Twitter y Kel, pues bien, se me ocurrió preguntar vía Twitter a la gente de Kel si tenían en el stand de la Feria el libro North & South y, hete aquí mi sorpresa, a menos de 5 minutos me responden que no pero que si quería me lo podían llevar para el día siguiente. Les respondí que volvería el jueves y, tal como me prometieron, fui ayer y ahí estaba. Quedé encantada con el servicio así que volveré a utilizarlo.

Pero como soy una especie de fan de las listas y me gusta hacer recuento de los libros que tengo, a los que cuido como si fueran mis hijos de papel, decidí hacer una lista de todos aquellos libros que aún no he leído o no he terminado de leer. Sólo para tener en cuenta en qué enfocarme antes de volver a pisar una librería y sucumbir ante la fiebre de la compra.

Libros que aún no terminé de leer:

  • Bariloche Nazi – Abel Basti
  • Cómo adelgazar caminando – Laura Vitagliano y Daniela Simoncini
  • 20 grandes conspiraciones de la historia – Santiago Camacho
  • La inquilina de Wildfell Hall – Anne Brönte
  • Harry Potter y el misterio del príncipe – J.K. Rowling
  • Cuentos chinos – Andrés Oppenheimer
  • Nueva metafísica 4 en 1 – Conde Saint Germain
  • Imposible – Danielle Steel
  • Cómo adelgazar y mantenerse con el Dr. Colmillot – Alberto Colmillot
  • Ama porque sí – Marci Shimoff
  • Cartas a Théo – Vincent Van Gogh
  • Psicología de la Danza – Jim Taylor y Ceci Taylor

Libros que aún no empecé a leer:

  • Harry Potter y las reliquias de la muerte – J.K. Rowling
  • Artistas y criminales – Marcos Mayer
  • En el país de la nube blanca – Sarah Lark
  • North & South – Elizabeth Gaskell (cabe aclarar que lo leí en español pero en inglés es otra cosa)
  • Los Miserables – Víctor Hugo
  • Bohemios – Dan Franck
  • Rayuela – Julio Cortázar
  • Molière – Georges Bordonove
  • El libro de oro – Doctor Tangalanga
  • Amistades peligrosas – Pierre Choderlos de Laclos

Como verás, tengo gustos más que diversos y puedo pasar de un clásico de la literatura universal a un libro de chistes como el del Doctor Tangalanga, pero soy así. La cultura general se basa en saber un poco de todo y profundizar en los gustos predilectos, así que en base a eso siempre elijo mis libros. Detesto que me obliguen a leer, será por eso que muchos de los libros de la universidad me resultaban interesantes pero sumamente tediosos y hoy los miro y pienso “uh qué interesante, después lo leo” porque sin la presión la lectura es más amena.

Me gusta empezar libros nuevos y leer las partes favoritas de libros que ya leí, cuando a algún libro lo dejé empezado por mucho tiempo después tengo que retomar desde el principio porque me olvidé de todo lo que leí. Quizás ahora, teniendo una perspectiva más clara sobre qué me falta terminar y qué me falta empezar pueda renovar la lista y empezarla otra vez.

¿A vos te pasa lo mismo o sos más organizado/a?

Mi señorita Jovita

8 may

Todos tuvimos en la infancia alguna maestra a la que recordamos con cariño pero que en su momento no era precisamente nuestra maestra favorita. En la primaria tuve tres maestras: la señorita Claudia que daba Matemática y Ciencias Naturales, la señorita Mónica que daba Ciencias Sociales, y la señorita Jovita que daba Lengua. Calculo que habrán dado alguna otra materia más pero sinceramente no recuerdo cuáles.

Jovita era como una leyenda urbana dentro del colegio, todos le tenían un poco de miedo porque ella no destacaba por su dulzura, tampoco era Tronchatoro pero… Tenía su carácter y cuando se enojaba su cara se transformaba, todavía me acuerdo de esa expresión. Ella nos enseñó a leer y escribir en cursiva, se empeñó en hacer que leyéramos y aún recuerdo varios de sus ejercicios, nos hacía inventar historias y nos daba mucha tarea.

Con Jovita nuestra relación era de amor-odio, yo no era su alumna favorita pero era claro que me tenía aprecio. Su preferida era Carolina y lo hacía saber muy explícitamente, aunque Caro nunca hizo nada especial para ser la “elegida” y aceptaba con resignación el puesto que ocupaba. En los actos escolares ella era la Luna y el resto éramos las estrellas, no había forma de protagonizar algo si Jovita estaba a cargo del acto porque era seguro a quién iba a elegir.

Recuerdo que llegaba enojada a casa, incluso he llegado a llorar porque yo quería ser la luna y no una estrella. Quién diría que años más tarde mi apodo sería “Aya la estrella”, no? En fin, debo aclarar que Caro es mi amiga y con ella nunca me enojé, al fin y al cabo ella no tenía la culpa de ser la luna. Pero también me molestaba de Jovita que le encantaba decirme “Gracielita” aún a sabiendas de que yo odiaba (y sigo odiando) que me llamen por mi primer nombre.

Mi señorita Jovita era especial, creo que de haber tenido otra maestra de Lengua no habría aprendido tanto como lo hice con ella, de hecho es el día de hoy que aún me acuerdo las reglas gramaticales y tengo grabado a fuego el horror que le provocaban los errores de ortografía. Si para Gargano fui un “oasis entre tanta porquería” fue gracias a Jovita.

Mi mamá la amaba, para ella era un ejemplo de buena maestra y me alentaba a quererla porque “maestras como Jovita ya no quedan”. De grande siempre me dijo “tenes que agradecerle a Jovita que hoy te resulte fácil redactar”, así que hoy le doy la razón a la sabiduría de mamá y a su tremendo respeto por la señorita de Lengua.

Todavía recuerdo un ejercicio en el que teníamos que describir nuestras vacaciones soñadas y yo puse que quería viajar en el Titanic a “Maiami”, ella me corrigió y me puso “se escribe Miami porque es una palabra extranjera” y de ahí no me la olvidé más, yo no entendía por qué se escribía distinto pero nunca volví a escribirla mal. Y así con tantas otras palabras.

Jovita era una obsesionada con la buena ortografía, con que leamos bien y con que se nos entendiera la letra, tanto que una vez nos hizo llevar hojas caligráficas para hacernos escribir ahí porque notaba que varios chicos tenían problemas para escribir correctamente en el renglón. Yo nunca tuve problemas, por suerte mi letra siempre se destacó como letra linda, aunque la letra más linda del curso la tenía mi amiga la Colo.

No sé qué pasará por la mente de un niño, ya no lo recuerdo, pero sí recuerdo que le hacía cortar a mi mamá las mejores flores de mi jardín para llevárselas a la señorita Jovita, también les llevaba a las demás pero no con la devoción con la que elegía las flores para ella. Yo sabía que no era su favorita aunque formaba parte del círculo privilegiado de sus alumnos predilectos porque me gustaba escribir y lo hacía bien. Mis redacciones siempre se llevaban halagos y a cambio yo le llevaba flores y manzanas.

Hoy suena un poco a chupamedias, pero en esa época se usaba llevarle regalitos a las señoritas. Todos lo hacíamos y como mi mamá también es maestra ella sabía cómo hacerme quedar bien. A veces me daba un poco de vergüenza llevarles flores o manzanas, pero después me ponía orgullosa del beso o el apretón de cachetes que recibía a cambio. Cuando era chiquita todos estaban obsesionados con mis cachetes…

Me acuerdo con mucho cariño de mi señorita Jovita, un cariño especial que en su momento no le tuve, porque sé que gracias a ella pude destacarme en la universidad como buena redactora. Gracias a ella hoy no tengo errores de ortografía y gracias a ella tengo el hábito de buscar en el diccionario si hay alguna palabra que no sé escribir. Ella me enseñó lo de introducción, nudo y desenlace, poner el punto al final de la oración y empezarla con mayúscula.

Tenía muchos lápices y fibras de colores porque a la primera letra de cada oración había que ponerla con color y en mayúscula. Ella agarraba nuestros cuadernos para corregir y cada tanto escribía alguna notita alentadora para que llevemos a nuestros padres. Mis cuadernos estaban llenos de notitas cariñosas y halagos respecto de mi escritura. En eso Jovita nunca tuvo drama, así como tampoco para decir en las reuniones de padres que yo era una nena muy aplicada pero que me encantaba charlar en clase.

Tuvimos a Jovita en primero y segundo, en tercero no sé por qué ella no estuvo, pero en cuarto y quinto la volvimos a tener. Cuando pasé a secundaria la veía muy poco, nosotros cursábamos en el primer piso y cuando íbamos a planta baja los chicos del primario estaban en clase. Las veces que me la crucé siempre me saludó muy amorosamente, si tuvimos nuestras diferencias después nunca se notó.

No sé qué será de la vida de Jovita, calculo que ya se habrá jubilado. Me gustaría mucho volver a verla y agradecerle todo lo que hizo para que saliéramos buenos, sobretodo por haberme inculcado el gusto por la lectura y la buena escritura. Donde quiera que estés Jovita:¡gracias por todo!

Por cierto, me pregunto cómo manejará el tema de que hoy en día ya no se escriben los dos signos de admiración y de interrogación como corresponde…

Acá no estaba Jovita pero era de esa época

Acá no estaba Jovita pero era de esa época

Puff 33 años!

3 may

¡MUY FELIZ ANIVERSARIO A MIS PAPÁS!

Un día como hoy hace 33 años se casaban Jorge y Graciela, mis papás, y si no hubiera sido por ese día ni Jorgito ni yo existiríamos ahora, así que a agradecerles a ellos!

Siempre juntos, siempre conmigo

Siempre juntos, siempre conmigo

Si alguno se preguntó alguna vez cómo es que salimos como salimos mi hermano y yo, he ahí la respuesta: a mamá y papá. En carácter mi hermano es más parecido a mamá y yo soy más parecida a papá, físicamente somos una mezcla en donde la nariz del abuelo se perpetua de generación en generación.

Esta loca pareja se conoció hace 34 años, por esas casualidades de la vida que hizo que mamá estuviera caminando y papá estuviera en moto, él se hizo el galán, ella se hizo la doncella en apuros, y así es como terminó todo: arroz, boda, y vivieron felices para siempre.

Las pasaron todas, momentos buenos y momentos malos, etapas de austeridad y etapas de prosperidad, gracias al trabajo duro y constante llegaron a tener todas las comodidades que alguna vez soñaron y hoy pueden ayudarnos a mi hermano y a mí a hacer lo propio. Nada les sobra pero nada les falta, son capaces de ayudar a mis abuelos y, sacrificio mediante, son capaces de darse esos gustos que se merecen.

Nada les llegó de arriba, desde que se casaron hasta hoy tuvieron que trabajar por darnos a mi hermano y a mí lo mejor, porque en eso no escatimaron nunca. Si de educación se trataba, ellos siempre estuvieron dispuestos a sacrificarse. Nos mandaron a los mejores colegios, a mí me permitieron estudiar cuanta cosa quería, y es que según papá “siempre que sea para estudiar nosotros te vamos a ayudar”.

Como toda pareja se han peleado, ningún cuento es siempre color de rosa, pero como toda pareja de antaño ellos lucharon y pasaron las tormentas, nunca se dejaron caer y nunca tiraron la toalla. Ambos tienen un carácter complicado, no son intratables pero tampoco son el Papa Francisco y la Madre Teresa, y cuando se enojan mejor agarrate porque se viene.

Conmigo nunca se enojaron jodido pero con mi hermano sí, él fue más rebelde que yo y les hizo sacar varias canas verdes, aunque como fue el primero siempre le perdonaron todo. Conmigo están más agarrados, porque yo sé todo lo que hicieron por Jorgito entonces pido lo mismo. Siempre nos trataron igual, así que por ambos hacen lo mismo. Yo les salí más derechita aunque un poco más cara, pero bueno, yo que culpa tengo del estado del país!

Todavía no entiendo cómo una pareja puede estar tanto tiempo junta, tantos años compartiendo cosas, no sé, yo creo que me aburriría. Aunque después pienso que si la persona que está al lado tuyo te complementa y es la adecuada, es posible que el “juntos para siempre” no sea tan tedioso como hoy me imagino.

Mis papás sí que se complementan, se quejan uno del otro pero son iguales, y creo que ninguno podría vivir si el otro no está. No son tan románticos como mis abuelos que a pesar de llevar más de 50 años juntos siguen caminando de la mano, tampoco son de esas parejas pegote que me dan náuseas más que ternura, ellos se quieren a su manera.

No sé qué habrán imaginado hace 33 años cuando dieron el “sí” ante Dios y ante la ley, no sé si habrán soñado tener la familia que hoy tienen, incluso no sé si se habrán visto con un nieto tan jóvenes. Siempre me pregunto qué les habrá pasado por la mente en ese momento en el que se unieron para siempre. Mi hermano llegó al toque pero yo tardé 10 años, ¿me habrán soñado? Me gustaría saber qué se imaginaron de mí cuando supieron que iba a venir al mundo.

Ellos son una pareja singular, locos lindos, cada uno con sus peculiaridades. Mi mamá es una apasionada del arte, ella fue la que me incursionó en el ballet y en los musicales, así que es su culpa. Mi papá adora la música, escucha de todo aunque lo vuelve loco el chamamé. Papá no entiende de musicales pero igual acompaña a mamá a verlos. Mamá no entendía de cosas militares e igual se adaptó y ahora incluso le gusta. Papá en su vida pensó que su mujer y su hija lo iban a arrastrar hasta el teatro, mamá nunca pensó que su esposo se iba a dormir en el medio de un musical.

Como dije antes, ambos se complementan porque sus gustos, aunque distintos, se unen. Cada uno se respeta, tienen su espacio y ninguno se mete en el trabajo del otro, siempre (desde que me acuerdo) se permitieron salir sin el otro, se tienen confianza, nos tienen confianza, nos soportan y nos ayudan. Si entre ellos son leales, con nosotros son incondicionales.

Así que hoy les deseo que ésto que formaron hace 33 años siga vigente hasta que la muerte los separe, porque si aguantaron hasta acá pueden aguantar unos años más. Y si alguno tiene un reclamo respecto de mi hermano y yo, ya saben a quién acudir, jajaja!

22 años – La loca

30 abr

El 28 de abril cumplí 22 años, la edad del loco. ¿Y qué mejor edad que ésta para representarme? Sinceramente, ninguna.

Después de muchos años pude pasar la previa, el cumple y el post cumple todo junto en mi casa en Villa Constitución, y aunque me puso muy feliz poder compartir una vez más mi cumpleaños con familia y amigos, la verdad es que gran parte de mis amigos y una parte de mi familia está acá en Buenos Aires, por lo que ésta división hace complicados algunos momentos felices.

22 años de locuras

22 años de locuras

Es raro, pero creo que mi vida está divida en dos etapas muy grandes: mi etapa Santa Fe y mi etapa Buenos Aires. En ambos lugares tengo amigos y familia, en ambos lugares soy feliz y adoro a la gente que me rodea, allá está mi pasado y mis raíces, acá está mi futuro y lo que soy. Cuando estoy allá extraño acá y viceversa, nunca voy a estar completa porque tengo lo que quiero en dos lugares.

Me quejo de vicio, aunque en realidad no me estoy quejando, sino que agradezco a la vida poder disfrutar de tanto amor esparcido por el mundo, de tener tanta gente que me quiere en distintas partes, de que existen personas que me desean lo mejor de corazón y que aunque no están físicamente conmigo siempre están espiritualmente en las buenas y en las malas.

Cupcakes hechos por mamá

Cupcakes hechos por mamá

Cumplir años siempre implica un poco de reflexión por mi parte, no todo es joda y comida, me gusta pensar cómo llegué a ésta nueva edad y qué proyectos emprender. Soy consciente de que soy una (muy) joven profesional y de que tengo toda una vida por delante para desarrollar todas las cosas que me gustan, así que si bien me apabulla la amplitud del futuro, me tranquiliza saber que hay tiempo para todo.

Ahora tengo un proyecto en mente que me entusiasma mucho, vivo tejiendo y destejiendo ideas, así que espero que ésto llegue a algún lado porque realmente me interesa. La idea de viajar está más que asumida, por mí y por mi familia, así que sólo tengo que terminar de pagar las vacaciones y empezar con el ahorro pertinente. Las ganas de cambiar de trabajo están más fuertes que nunca, y aunque a veces cuando pienso en los pro y los contra me detengo a pensar en que podría seguir un poco más, reflexiono y creo que mi salud mental está primero.

El arte es siempre una parte primordial en mi vida, aunque ahora está un poco en stand by, nunca dejarán de gustarme los musicales y nunca dejaré de admirar a quienes se dedican a cualquier tipo de expresión artística, porque forma parte de mí, de mi esencia, de la estructura ósea que me compone. De a poco me volveré más activa en el circuito, pero por lo pronto me gusta ser una espectadora pasiva de lo que me rodea.

En cuanto al tema cuidado personal, empecé mis 22 de una forma muy coqueta y pienso continuarla por el bien de mi femineidad. Además, hace un tiempo que me noto más rellenita de lo que debería, por lo que ya estoy tomando el control de mi vida y el compromiso es conmigo. Más allá de la parte estética me importa la salud, no quiero tener ningún problema ni quiero tomar remedios de tan chica, así que prefiero hacer un sacrificio ahora y no después cuando el resultado no sea el mismo.

Hasta parezco normal...

Hasta parezco normal…

Con los años me fui dando cuenta de qué clase de personas quiero a mi lado, así que apostaré a eso y a no dejarme corroer por personas que no me aportan nada, a cuidar las verdaderas amistades y a dejar ir otras que sólo me traen malas vibras. Me estoy dando cuenta de a poco de que hay amigos que en realidad no son tan amigos y de que hay otros que yo pensaba que no y resulta que son más amigos que los demás. El tema de la amistad es un poco complicado cuando sos como yo, porque me encariño muy rápido con la gente y a veces del otro lado eso no pasa.

Ya no tengo ganas de rodearme de gente que apela al “caretaje”, disfruto más del afecto auténtico así que busco eso y lo mantengo si lo encuentro. Cambiar de aires es muy necesario para lograrlo, así que espero que pronto se de todo lo que busco para que este año sea un gran año. No se cumplen 22 todos los días y ya que parece ser la “edad loca” la disfrutaré.

Como resultado de toda esta reflexión cumpleañera puedo decir que proyectos hay muchos, es cuestión de sentarme a organizar todo y ver qué conviene primero y qué después. La clave de éste año es poner en práctica las ganas, llevar las ideas a la acción, ser más arquitecta de mi vida y no tan monigote del entorno. Me dedicaré a equilibrar mente y cuerpo, quiero estar bien y en eje en todos los aspectos que me componen. Así se vive mejor el presente y se encara mejor el futuro.

Las experiencias al leer un buen libro

27 abr

Anoche terminé el libro Norte y Sur que hace un tiempo tenía ganas de leer. He de confesar que de no ser por Lucía, mi amiga estudiante de Letras, no habría conocido esta joya de la literatura (boeh… ¿para tanto?) que se presentó ante ella como la serie de la BBC North & South, en la que adaptan el libro de una forma maravillosa y con actores más que excelentes.

No voy a hablar más, te recomiendo que o veas la serie o leas el libro, y si te decidís por lo primero igual no dejes de leer el libro. Hay cambios, claramente, pero nada que no haya estado bien pensado para la televisión. Y sobre todo, vale la pensa ver el progresivo cambio de actitud de los personajes.

libros

¡Muchos, muchos libros para mí!

Ahora bien, siempre que leo un libro que tenía muchas ganas de leer o uno desconocido me cautiva, me pasa que no quiero que se termine pero quiero saber el final y vivo en una angustia constante por querer leer un capítulo más pero hacerlo lento, releyendo, como tratando de imaginarme la forma en que los personajes dirían tal o cual frase. Así que me puse a pensar en todas las cosas lindas que me pasan cuando leo un buen libro y en mis deudas pendientes:

  • Cuando leo un libro en papel que tiene aroma a viejo, leo y huelo, adoro ese aroma a pasado, a hojas viejas, hacen más interesante la lectura. Mi libro de El Fantasma de la Ópera tiene ese olorcito y hace que lo quiera más.
  • Si tenía muchas ganas de leer el libro que tengo en mis manos es muy probable que me sienta nerviosa antes de abrirlo, y las primeras páginas las lea con las manos calientes de la emoción, rogando que sea todo lo que espero o mejor.
  • A medida que un libro que me gusta va avanzando puedo llegar a olvidarme del mundo y concentrarme exclusivamente en la historia, dejando de comer, de dormir, de salir. Me ha pasado que aún teniendo que salir por motivos de fuerza mayor siento que sigo inmersa en la historia, que los personajes están vivos y me imagino qué hacen mientras el libro permanece cerrado aguardando por mi.
  • Si es un libro romántico es muy probable que cuando el caballero se le declara a la señorita me ardan las manos y hasta puedo llegar a sentir las mariposas en el estómago que él siente, lo mismo si le pasa a ella. Me enamoro con ellos y de ellos, no puedo evitarlo.
  • Lo más lindo de un libro es cuando me permite entregarme a las emociones, de pronto me enojo y al ratito estoy llorando como si el que se murió hubiera sido mi pariente.
  • Casi llegando el final, si el libro me gustó mucho es muy probable que me encuentre en el limbo de querer terminarlo para saber qué pasa pero leer lento por no querer que la historia se acabe. A veces busco fan fics respetables en donde la historia sigue el curso que a mí me gustaría que siga, otras veces las imagino en sueños, y sino siempre hay alguna autora ávida de continuar una historia que me ayuda en la necesidad de saber qué pasó después del “felices para siempre”.
  • Aunque no soy de leer libros de autoayuda, cuando agarro “Ama porque sí” y lo leo un rato, después me siento plena, como si inmediatamente las cosas que dice pudiera aplicarlas a mi vida. Me gusta, no es “haz ésto y serás feliz” sino es una guía para aprender a no quejarse tanto (¿podré?) y aprovechar el hoy.
  • A veces cuando me siento mal o algo me puso triste, el refugio de una historia conocida pero muy querida puede llegar a levantarme tanto el ánimo como si tuviera un séquito de amigos diciéndome lo valiosa que soy.
  • Sufro enamoramiento temprano con los protagonistas de la mayoría de las novelas románticas que leo. Claro, están para eso, pero como la literatura contemporánea mucho no me gusta te imaginarás que mis amores platónicos son Mr. Darcy o el reciente Mr. Thornton, hombres que en el SXXI son casi imposibles de encontrar. Gracias a los libros creo que moriré soltera, jajaja!
  • Nunca leí libros de terror al estilo Stephen King, creo que me entrego tanto a las emociones que viviría con mucho miedo. Tengo muchas ganas de leer los libros de Anne Rice sobre vampiros, habrá que ver cuándo los agarro. A diferencia de los payasos o la niebla, los vampiros no me dan (tanto) miedo.
  • Tengo una eterna deuda pendiente con los clásicos. Sí, Jane Austen escribió clásicos, pero me refiero a esos que son más “para todo público” y no tan “para nena”. Arthur Conan Doyle, Charles Dickens, Edgar Allan Poe, Tolkien, Gabriel García Márquez, George Orwell, Truman Capote, Giovanni Boccacio, retomar a Dante Alighieri, darle una chance a Jorge Luís Borges y a Julio Cortázar, Alejandro Dumas, Scott Fitzgerald, en algún momento ser valiente y darle otra oportunidad a Miguel de Cervantes, leer a Umberto Eco en italiano, retomar a Oscar Wilde. Y la lista sigue con Ernest Hemingway, Shakespeare, otros clásicos de la literatura italiana y releer los grandes clásicos de la antigua Grecia.

No sé en qué vida terminaré de leer todo eso, pero las ganas no faltan. Me gustaría tenerlos todos en mi casa, así como también me gustaría tener un silloncito para no tener que leer acostada, pero por ahora me conformo con todo lo que tengo sólo que siempre un libro más no viene mal. Soy una ambiciosa de los libros, lo sé, pero me encantan.

Mi sueño es tener una gran biblioteca con libros de distintos géneros todos leídos por mí, con mis preferidos en tapa dura y en su versión original. Me encantaría poder comprarme todos los libros de Jane Austen en tapa dura y hojas con borde dorado, en inglés obvio. Algún día, cuando pueda irme a Inglaterra me los compraré y me los traeré como un buen tesoro. Ella es una autora que adoro y que si bien cuenta historias cuyo final es totalmente predecible (siempre terminan bien), la trama en el medio es muy divertida. El día que pueda visitar Bath creo que voy a llorar, es como la Disneylandia para frikis como yo.

A futuro me imagino de anciana sentada en un sillón frente a una chimenea, sola y rodeada de libros, leyendo con un perro a mis pies. Digo sola no porque no me imagine un futuro con familia, sino porque me molesta que me interrumpan cuando leo y si hay alguien dudo que pueda estarme callada.

Lo que te puedo decir respecto de qué me pasa cuando el libro no me atrapa es simple: le doy una, dos, tres chances, cuando ya me olvidé hasta del título, dudo que lo vuelva a agarrar. Hasta ahora tuve buen ojo, pero hay dos que NO recomiendo: Imposible de Danielle Steel (me captó que la protagonista sea una galerista pero me aburrió que sea una cincuentona adolescente con sin carácter que mantiene a un vago sólo porque… bueno, ya sabrás) y El Proyecto Brontë de Jennifer Vandever (me gustó porque se trataba -supuestamente- de una búsqueda de cartas de amor perdidas de Charlotte, pero en vez de eso me encontré con otra protagonista aburrida y cuyo objetivo se resume en ver si hacen de su investigación una película o no).

Tengo muchos otros libros pendientes que no van por autor sino por título, así que te imaginarás que si fuera por mí me compraría una librería completa. Pasión que me persigue desde chica, no lo puedo evitar.

Indignada, triste, ¡qué se yo!

25 abr

En el post anterior hablaba sobre las dificultades que tenemos en conseguir trabajo con unas amigas y algunas decisiones que tomamos que quizás no fueron las mejores pero nos hicieron llegar hasta acá.

Hoy me gustaría expresar mi tristeza con las novedades del día. La Justicia supuestamente será más democrática (leer artículo) y el ministro de Economía dice que se quiere ir cuando le preguntan sobre la inflación en Argentina (ver video). Dije “supuestamente” porque en realidad la democracia será para el poder ejecutivo, no para los ciudadanos.

Indignada, harta, triste, enojada

Indignada, harta, triste, enojada

Me avergüenza tener los gobernantes que tenemos, ninguno se merece el cargo que ocupa, ninguno lleva la bandera bien el alto y con orgullo, lo único que les interesa es llenarse los bolsillos de plata. El honor pasa por quién afanó más.

Democracia, ¿de qué me hablan? Si no los apoyas y si no pensás como ellos sos un “gorila” “facho” “de derecha” “oligarca” y anda a saber qué cosas más. Ellos comulgan con un discurso impuesto, o me van a decir que chicos de 20 años como yo están capacitados para saber qué connotación tienen todas esas palabras que sueltan a la primera de cambio cuando expresas tu desacuerdo con el “modelo”. Ellos no piensan por sí mismos, si lo hicieran y reflexionaran sobre lo que dicen descubrirían todas las contradicciones que tienen en su discurso.

Me gustaría saber por qué nuestra presidente no concuerda su imagen con su discurso. Mujica (presidente de Uruguay) podrá ser todo lo que quieran, pero al menos con su imagen expresa lo que dice con sus palabras y con su ideología. Él es simple, campechano, dice lo que piensa sin filtro (aunque en ésto no estoy muy de acuerdo), su vestimenta es austera, su vida misma lo es, y su ideología apunta a eso.

En cambio, nuestra presidente es totalmente incoherente en ese punto. Su ideología dice que va por izquierda, que apunta a lo austero, que debemos vacacionar en nuestro país, que ahorrar en dólares nos arruina, entre otras cosas más. Ahora su imagen revela una persona con gustos de lo más finos, con vestimenta internacional, poca austeridad, vacaciones en el extranjero, cuentas en bancos de otros países. Entonces, vivimos en un claro “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”.

Hace un tiempo, cuando la opinión pública estuvo en contra de las cuentas en otro país que tenía (y seguirá teniendo) el gobernador de Buenos Aires, la presidente salió a decir muy desfachatadamente que “él tiene derecho a tener su plata donde se le antoje”. Pues nosotros también, señora. Cuando se quejaban porque dicho señor tenía ahorros en dólares, ella salió a decir que “él puede tener los ahorros en la moneda que quiera”. Pues nosotros también, señora. Entonces qué, ¿tenemos que ser kirchneristas para poder tener las cosas que se nos antojen? No me parece muy democrático…

El ministro de Economía dice en una entrevista que se quiere ir cuando una periodista le pregunta algo tan simple como “¿de cuánto es la inflación en Argentina”. Responde nervioso, titubeante, cualquier cosa, todo menos lo que le piden. Y cuando la señorita insiste él dice que se quiere ir porque “explicar la inflación argentina es muy complicado, okey?”. Pero si vos sos MINISTRO seguro que podes explicarla de una forma sencilla y hasta didáctica para que te podamos entender.

Hace poco vi un video del ex ministro de Economía Martín Lousteau en donde habla sobre la “Economía de los ansiosos”. Explica todo de una forma tan sencilla y coloquial que hasta yo que no entiendo nada de economía pude captar su idea y entenderla. Así deberían ser todos los economistas, simples y didácticos, porque no todos tenemos su capacidad de entendimiento en un tema tan complejo pero que nos compete a todos.

Con esto que está pasando últimamente creo que nadie que sea joven tenga ganas de seguir viviendo así. Los adultos tampoco, pero creo que cuando tenes una familia es más difícil replantearte el tema de mudarte a otro lado. No estoy de acuerdo con la gente que a la primera de cambio decide irse del país para terminar lavando copas en España, me parece que si vas a lavar copas podes hacerlo acá y seguir luchando por lo tuyo en tu país. Ahora cuando sos un profesional que quiere crecer en lo suyo y su país no lo deja, ¿por qué no probar?

A mí me están dando cada vez más ganas de irme, de intentar crecer en otro lado, de aprender nuevas culturas, reforzar otros idiomas y desarrollar mis capacidades. Acá ya no puedo, como conté en el post anterior, podes mandar CVs a todos lados pero de ninguno te llaman, y no digo que si me voy del país la cosa cambiará demasiado pero con intentar qué se pierde, si al fin y al cabo acá ya estoy jugada. No quiero morir explicándole a la gente dónde queda cada cosa del aeropuerto, no estudié 4 años en una universidad para hacer ésto toda la vida…

Sé que esto lo pienso ahora que estoy sumamente triste e indignada por lo que está pasando, no puedo entender cómo justifican un modelo de país que no da resultados, quizás hay menos problemas que hace 10 años pero la clase trabajadora, la que se rompe el traste todos los días para salir a trabajar y poder vivir, está cada día más apretada y encima con miedo. Porque no sólo que tenes que vivir con lo justo sino que vivís pensando en que te lo pueden sacar en cualquier momento a costa de tu vida misma.

A mis padres nadie les regala nada, mi papá ya está retirado y mi mamá se jubila en unos meses, entre los dos mantienen una casa que se pone cada día más cara, yo con mi sueldo me banco pero igual no tengo posibilidad de ahorrar, mi hermano y mi cuñada viven con lo justo, y así todas las personas que conozco porque lo que hoy vale 4 mañana valdrá 10. Ahorrar se puede pero muy poco, como nuestra moneda se desvaloriza lo mejor es invertir pero en qué, pensar en comprar algo ahora es dejar todo y seguir alquilando porque los números no cierran, así que seguiremos un tiempo más como estamos y aguantar que ya saldremos.

De viajar olvidate, me fui de vacaciones en marzo y todavía las sigo pagando, imaginate si quisiera ir a NYC, hipoteco mi vida. Todos los sueños y planes que tenía cuando empecé la universidad se van evaporando poco a poco conforme pasan los meses y a la presidente se le ocurre armar alguna nueva estafa. Podría haber ido a conocer NYC pero no, a ella se le antojó que tenemos que vacacionar en Argentina mientras que su hija se va a los mejores hoteles de París.

Los que apoyan el modelo k acusan de que los cacerolazos son porque “no hay dólares” y porque “éstos caretas quieren viajar a Miami”. Y me pregunto, ¿tu presidente acaso no viaja por el mundo? ¿A vos no te gustaría también conocer Miami? Porque seguro que si el gobierno te paga un viaje para ir allá le decís que no… Vamos! Ese discurso de “se quejan porque no hay dólares” me parece de cuarta, porque yo no pido dólares, pido libertad de hacer con mi sueldo lo que se me antoje.

Es una constante paradoja este gobierno, es siempre un “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”. Ellos son libres de hacer lo que quieran, de irse adonde quieran y de ahorrar en la moneda que quieran, ahora el ciudadano común se tiene que comer todas sus leyes y prohibiciones, tiene que seguir laburando como burro para llegar a fin de mes y sentir que la plata no alcanza, tiene que seguir soñando con un modelo de país distinto que por cómo estamos no vamos a conseguir nunca porque la oposición es una mentira disfrazada de gente estúpida que no es capaz de tener lo que hay que tener para plantarse y decirles BASTA.

Cada vez más siento que estamos a la deriva, que no hay ningún político honesto y con los huevos bien puestos como para plantear un cambio. ¿Por qué? Porque todos cuando llegan a algún estrato de poder caen en las mieles de la plata y comulgan con un sistema que antes aborrecían, todo por tener un peso más. Y no los culpo, el político honesto y leal se perdió, murió con Alfonsín, murió con el país que está muriendo lentamente a causa de estos buitres que no lo dejan crecer.

La frase de cabecera de todo buen K es justificarse diciendo que “estamos mejor que hace 30 años” o que “estamos mejor que en el 2001″, o te acusan diciéndote “¿acaso querés que vuelvan los milicos?”. No niego que seguro que estamos mejor que hace 30 años (época que no viví, así que no sé cómo un camporista de 20 puede saberlo) o que estamos mejor que en el 2001 (época que sí viví, sí sufrí, y sí recuerdo), pero no estamos como podríamos estar si realmente se explotaran todos los recursos que éste país puede dar. Tampoco quiero que vuelvan los milicos porque no lo resistiría.

El que quiere educarse tiene que pagar, sino se expone a los paros de los maestros que reclaman un sueldo justo. El que quiere sanarse tiene que pagar, sino se expone a los paros de los médicos y enfermeros que reclaman un sueldo justo. El que quiere justicia se la tiene que comer, sino puede esperar a que su caso quede impune como tantos otros.

¿Es justo todo ésto? ¿Te parece que se puede vivir así? Encima sumale el odio social, porque yo estoy indignada y lo expreso así, desde mí lugar, sin joder a nadie, pero hay gente que realmente se saca y puede cometer atrocidades. Ya la gente se pelea por algo tan simple como decir “no apoyo al gobierno”, y grandes amistades se cortan por no comulgar con el sistema, o familiares dejan de hablarte por ser un “gorila” que no entiende el “modelo”.

Vivimos en un constante River-Boca que nunca va a acabar porque desde los orígenes de nuestro país tuvimos dicotomías. Porque ahora es “k-anti k” pero antes era “federales-unitarios” o “radical-peronista”, no cambiamos más. Fijate que ahora los que no apoyamos somos “anti k” pero no podemos unirnos a nadie que represente este sentimiento porque no hay nadie que se ponga al mando de una oposición coherente y firme.

Hasta los extranjeros que ven el país con sus ojos de fuereños te dicen que Argentina ya no es lo que era, que está más cara, que ya se torna muy difícil vivir en el país. Ellos, que eligieron venir acá porque en sus países no existen sus carreras, vuelven a pensar en mudarse porque en Argentina la vida es cada vez más complicada.

Lamento con el alma que este hermoso país en el que me tocó nacer esté siguiéndole los pasos al Titanic, lamento que nosotros seamos los cautivos de la tercera clase que no podían salir y se tuvieron que hundir con el barco. Pero lo que más lamento es que en el momento cumbre en donde el barco ya esté a punto de ir al fondo nuestra capitana se va a borrar como Schettino y no va a hundirse con nosotros.

¡Desempleados al poder!

21 abr

Lejos de hacer una opinión política y empezar con la cantaleta que los argentinos escuchamos todos los días, mi post de hoy está relacionado con una charla que tuve con unas amigas de la universidad en el “reencuentro” del jueves pasado.

Dos estamos trabajando en lugares a los que ya no queremos ir más y una está sin trabajo pero agarrándose los pelos por conseguir uno. La charla pasó por muchos lados, desde qué estamos haciendo ahora, qué pensamos hacer después, cómo nos va a cada una y obvio: el trabajo.

Sabri y yo nos quejamos porque nuestros trabajos ya no dan para más y Caro porque mandó CVs a todos lados y de ninguno la llaman. No es joda, conseguir trabajo acá está cada vez más jodido, las empresas ya no toman empleados sino que tratan de sacárselos de encima, y si a eso le sumamos que siendo jóvenes tenemos poca experiencia ya está.

Si sos joven porque sos joven, si sos grande porque sos grande, la cuestión es que el trabajo que se consigue no es el trabajo que uno busca pero como no deja de ser “algo” uno acepta y, a veces, termina peor que si siguiese desempleado.

Con Sabri somos totalmente conscientes que nuestro peor “error” (si se lo puede llamar así) es haber agarrado un trabajo tan chicas en la carrera y no una pasantía. Ahora nuestro ritmo de vida nos impide resignar dinero, al contrario, siempre vendría bien ganar un poco más, por lo que dejar todo por una pasantía inestable en la que quizás estás haciendo un buen trabajo pero es muy probable que terminado el lapso te echen, no nos conviene.

Lo malo de las pasantías es justamente eso, que no te garantizan una estabilidad al final. Ese es el beneficio de una pasantía para el empleador, poder usar al pasante para hacer todo eso que sus empleados ya no quieren hacer, hacerlo sentir que está aprendiendo y después, cuando ya aprendió bastante, echarlo. No todos hacen lo mismo, cabe aclararlo, pero en su mayoría sí. No los culpo, la situación es tan jodida para nosotros como para las empresas, y es mucho más rentable rotar personal que contratar a uno fijo y mantenerlo.

De haber sido más viva habría agarrado otra pasantía antes que el trabajo que tengo ahora, no me hubieran pagado bien pero al menos habría adquirido más experiencia en mi rubro. En su momento me puso más que contenta haber conseguido trabajo, hoy mirando para atrás no sé qué tan beneficioso fue para mi carrera.

Sí, tengo experiencia, en atención al cliente y no en una consultora. Si sumamos eso a que las consultoras de por sí pagan poco, si me quiero cambiar hoy tendría que resignar casi la mitad de mi actual sueldo para empezar bien desde abajo en otro lugar. Lo haría si viviera con mis padres, como vivo sola ya no puedo.

El último año de carrera me di cuenta de que las RRPP no son lo que yo pensaba que eran, y su aplicación práctica deja mucho que desear en comparación a cómo se las aplica en otro lado. Hablando con mis amigas todas coincidimos en que para encontrar algo relacionado a lo nuestro tenemos que buscar como “marketing” y, explicame vos, ¿qué tienen que ver peras con naranjas?

Si ya desde el vamos las empresas confunden nuestra labor con otras carreras, qué podemos esperar de la forma en que aplican nuestro trabajo. Nosotras no estamos muy conformes con las alas que le dan a la carrera en los primeros años, con profesoras fanáticas de las RRPP que te dicen que son lo mejor del mundo y que te van a pagar fortuna, hubiera sido mejor tener a los profesores que te dicen la verdad de la carrera, cruel pero que te ayuda. El que tiene real vocación se queda, el que no se replantea su futuro y decide. Nosotras tuvimos que esperar hasta cuarto recién para que nos digan la posta y, cuando lo hicieron, al menos yo me quedé pensando “¿habré hecho bien en estudiar ésto?”.

En mi caso puedo decir que sí, porque la amplitud que me dan las RRPP no me la habría dado marketing, y como lo mío en realidad es el arte puedo estar tranquila de que de algo me va a servir mi título, pero la gente que no sabe qué otra cosa le gusta cómo hace… Complicado.

Pero esto no nos pasa sólo a nosotras, tengo amigos que estudiaron Turismo y es exactamente lo mismo. Parece que es algo general, y nos hace replantearnos cosas. El estado actual del país hace que muchos jóvenes queramos emigrar a buscar en otro lado el valor que el propio país no nos da, es triste pero es así.

Ninguna carrera te da trabajo seguro, ninguna carrera es la ideal y calculo que no todos están realmente convencidos de ser lo que el título les dirá que son, pero estaría bueno poder probar y descubrirlo por nosotros mismos, el problema es que ni probar se puede porque, repito: nadie te contrata.

Y la pregunta del millón en el reencuentro fue: “¿cómo hacen algunos que, siendo unos nabos, consiguen laburos muy copados?”. No, no quiero saber la respuesta fácil.

De haber sido tana…

19 abr
Fratellli d'Italia

Fratellli d’Italia

Por mi apellido ya te habrás dado cuenta de que italiana no soy, no tengo familia de aquella tierra y no hay nada sanguíneo que me una. El amor que tengo por Italia se fue cultivando a lo largo de 14 años de cursada en una escuela en donde sus tradiciones nos fueron inculcadas desde niños, y donde el “ser” italiano no pasa tanto por las raíces sino por el día a día.

Desde los 4 hasta los 17 fui a la escuela Dante Alighieri en Villa Constitución, mi ingresó allí fue por casualidad y creo que nunca se podría haber dado una casualidad mejor. Mis padres buscaban un colegio en donde pudiese hacer nivel inicial, primaria y secundaria, fueron a un colegio que les habían recomendado pero no les gustó y en vez de ir a uno religioso fueron a éste. Por alguna extraña razón les encantó y allá fui, con el pintorcito naranja a comenzar a formarme.

Nos enseñaron italiano desde salita de 4 años y es el día de hoy que aún recuerdo la canción de la Pepina. A medida que fuimos creciendo también fuimos incorporando costumbres italianas, como: la settimana italiana, preparar tiramisù, comer pizza o pasta en los entre turnos, cantar los temas de Laura Pausini, Eros Ramazzotti, Tiziano Ferro, Andrea Bocelli, Toto Cotugno con su “Italiano vero“, aprender geografía italiana, ver películas y dibujitos animados en italiano, ver “Cinema Paradiso” en el comedor, o los videos del mundial 90 y aprender “Un’ estate italiana“, saludar a la mañana en español e italiano, tener como himno al “Va Pensiero” y cantar clásico “Volare, ohoh, cantare, ohoh, nel blu, dipinto di blu, felice di stare lassù“.

Cuando estaba en la escuela me gustaba aprender italiano, sus costumbres, ver cosas en otro idioma, aprender italiano con los videos que nos mostraban. A veces renegaba un poco, pero en el fondo siempre me gustó y agradezco que me hayan enviado a una escuela italiana en vez de a una católica, no porque no sea creyente sino porque de otra forma no tendría hoy este cariño hacia una patria que no es mí patria pero que siento propia.

Todavía recuerdo cuando me eligieron para ser escolta de la bandera italiana, ¡qué emoción! Llevé la banda con orgullo como si fuese italiana, lo mismo que cuando me tocó ser escolta de la bandera santafesina. Tengo una eterna deuda pendiente con la bandera, si bien llevé una sola vez la banda argentina, nunca me dio el promedio para estar ahí donde yo quería estar, pero eso es otra historia…

El día del acto de colación de grado fue tremendo, de por sí ya estaba muy emocionada por todo, después de tantos años compartidos con mis compañeros, del grupo tan lindo que teníamos, de conocer cada ínfimo rincón de la escuela, de todos los momentos hermosos y no tanto que viví ahí, había llegado el momento de partir hacia nuevos horizontes y te puedo asegurar que la emoción era mucha.

El día del acto de colación de grado

El uniforme formal

Pasaron el himno argentino y sí, me emocioné, pero cuando pasaron el italiano no te puedo explicar cómo lloré. Lloré triste, emocionada, orgullosa, sabiendo que nunca más iba a escuchar el himno italiano en las mismas circunstancias, de hecho nunca más lo volví a escuchar en ninguna otra. Era inexplicable cómo lloraba, mis papás estaban en la 2da fila y me veían llorar, ellos lloraban al mirarme, la gente me miraba raro, y yo no podía parar de llorar. ¿Viste cuando lloras con congoja? Bueno, así. Horrible. Porque encima nos estaban filmando…

Pero más allá de eso, recuerdo que se me pasaron todos los años en la escuela por la mente, desde el primer día en que me pusieron el uniforme hasta el día en que llevé la banda italiana, reviví todo, absolutamente todo, y fui más consciente que nunca de lo que estaba pasando. Es el día de hoy que si escucho el himno italiano te puedo asegurar que lloro.

Nunca pude entender este sentimiento que me provoca todo lo que tenga que ver con Italia. Repito: no soy italiana, no tengo familia italiana, no tengo nada que me una a esa nación, sólo 14 años de colegio y mucho machaque externo con el idioma. No es racional sentir ésto, pero ya forma parte de mí y no lo puedo evitar. Cuando era más chica y todavía iba al colegio no me pasaba, calculo que debe ser por eso que ahora estoy tan así.

Este año, después de 5 sin hablar italiano, vuelvo al idioma y en otra Dante Alighieri. Vuelvo a aprenderlo, a reforzarlo, a hacerlo mío para hablarlo fluidamente como cuando era más chica. De pronto vuelvo a escuchar canciones italianas y lagrimeo, recordando cosas de mi infancia e incluso de mi adolescencia allá en casa. Suena que fue hace mucho, hasta suena que soy una adulta pero no, soy una joven demasiado melancólica que recuerda con cariño una etapa pasada.

Hoy estaba hablando con una compañera en el curso de italiano y me acordé de “Un’estate italiana”, cuando volví a casa la escuché y ¿qué pasó? Sí, lloré. Y después, como si fuera a propósito, venía el Va “Pensiero” y nuevamente, aunque peor. Volví al llanto con congoja, triste, melancólico.

No sé qué me pasa, o estoy muy sensible o no voy a poder superar ésto nunca. No tengo idea de si a algún otro de mis compañeros les pasará lo mismo o soy sólo yo la enamorada de Italia, no sé si a la gente descendiente de italianos les pasará, si sentirán la “sangre tana” correr por sus venas. Lo único que sé es que allá lejos tengo otra patria que no es la mía, una a la que amo y respeto igual que a mi país, con un cariño que se formó forzosamente y con los años, pero que está intacto y tiende a crecer cada vez un poco más.

Mi familia

9 abr

Si algo debo agradecer en esta vida es la familia que tengo. Aún cuento con mis 4 abuelos, que aunque achacados ahí están, no los veo seguido por cuestión de distancia pero sé que están y eso me hace bien. Mis padres siguen juntos después de 33 años, aguantándose a pesar de todo, y aguantándonos por sobre todo. Mi hermano se casó y tuvo un hijo, y yo sigo igual que siempre ocupando el mismo lugar en la familia.

Papá y mamá

Papá y mamá

Tengo sólo un tío de sangre por parte de padre, mi tía lamentablemente falleció hace unos años por un accidente automovilístico que me afectó demasiado a pesar de no haber tenido relación con ella. Quizás por eso me afectó más, porque nunca tuve la posibilidad de formar un vínculo. Por parte de madre no tengo tíos directos porque mamá es hija única, pero sí tuve una tía que fue casi como una segunda madre y perderla fue el golpe más grande de mi vida.

Mis primos son muchos, sólo 3 son directos y tenemos una relación estacional. ¿Cómo vendría a ser ésto? Pues bien, cuando nos vemos hablamos, sabemos cómo está cada uno, pero no somos como hermanos. Sólo uno de ellos se mantiene en contacto permanente con mi papá, pero con nosotros (Jorgito y yo) la relación es un poco más lejana, no mala, sino distante.

Mis abuelos por parte materna viven al lado de mi casa, lo que para muchos puede ser un golazo pero en realidad no es lo más indicado. ¿Por qué? Porque los ancianos son complicados, y mis abuelos tienen un carácter… polémico. La relación de mis abuelos con mi mamá no es mala pero tampoco es la mejor, ellos son muy orgullosos y mi mamá tampoco se queda atrás, se han peleado y con mi hermano servimos como árbitros porque, al fin y al cabo, son lo único que se tienen. Mi abuela tiene dos hermanos que los visitan seguido, mi abuelo tiene más hermanos pero de sus nombres ni recuerdo. La única hermana de mi abuelo que siempre estuvo con nosotros fue mi tía Rosa, la que te conté que fue como una madre, pero con su partida mi abuelo se refugió en los parientes de mi abuela porque los suyos, bien gracias.

Mi relación con mis abuelos es rara, no es de cuentos pero tampoco es mala. Mis abuelos paternos viven muy lejos, en Chaco, por lo que los veo muy de vez en cuando y ahora que trabajo en Buenos Aires me cuesta más poder viajar. Ellos saben de mí a través de mi papá, los quiero mucho y me duele no tener una relación más cercana, pero las cosas se dieron así y ni ellos ni yo tenemos la culpa. Por otro lado, mis abuelos maternos viven al lado de mi casa y eso ha sido complicado porque yo nunca fui muy pegada y ellos tampoco, repito: tienen un carácter especial que a veces, para no enojarme, prefiero evitar.

A pesar de todo, con ellos tengo una buena relación, bastante estrecha, ellos saben de mí a través de mí y de mi mamá, y yo sé de ellos a través de mi mamá porque es muy raro que ellos me llamen, generalmente llaman a la casa de mi hermano. Mi abuela siempre tuvo una predilección especial por Jorgito, creo que es porque al no haber tenido un hijo varón mi hermano suplantó esa falta y lo adoptó como si fuera suyo cuando en realidad es de mi mamá. Ese amor que mi abuela siente por mi hermano ha sido motivo de conflicto con mi mamá y conmigo, ambas celosas aunque por motivos diferentes.

A mi mamá le molesta que mi abuela trate a mi hermano como un hijo, y a mí me molesta que no me trate de la misma manera que a él. Jorgito no se da cuenta, o sí pero se hace el tonto, pero yo sentí esa diferencia toda la vida, aprendí a convivir con eso, y si bien con mi abuelo la cosa es al revés, yo siempre quise que mi abuela me quiera como quiere a mi hermano. No dudo de su amor por mí, pero sé que no es el mismo.

Cuando era más chica lloraba, he llegado a recriminarle muchas veces la notable diferencia que hacía entre ambos, pero como la discusión siempre terminaba mal aprendí a convivir con eso, a tomarlo con gracia, y ahora ya no es como antes porque, para desgracia mía, al nacer Benjamín tuve una nueva competencia y cómo luchar contra un bebé cuando yo también estoy como embrujada por su encanto.

Mi papá es quien la pasa peor en todo esto, porque no sólo tiene sus problemas familiares sino también tiene que lidiar con los de mi mamá, y todo por el simple hecho de que viven al lado. Mi mamá se enoja, mi papá se enoja porque mi mamá se enoja, yo me enojo porque ellos se enojan, y Jorgito pone paños fríos porque él no se da cuenta de la magnitud de esos enojos. No es que él esté ajeno a todo, al contrario, sabe muy bien lo que pasa, pero prefiere no meterse.

Así y todo nuestra vida no es un caos, a pesar de todos los conflictos naturales de toda familia siempre estamos juntos. En las adversidades sé que tengo a mis papás y a mis abuelos, y en las alegrías estamos todos al pie del cañón para comer y festejar. Porque en mi familia si se festeja hay comida, de eso no hay dudas.

No creo que exista en este mundo una familia sin conflictos, la familia perfecta de la publicidad de jabón no existe, y creo que sería bastante aburrido estar en una constante armonía porque sino ¿de qué hablas?

Me acuerdo cuando Jorgito tenía que pasar por el proceso de presentar a sus novias, mi mamá siempre fue macanuda, yo un poco jodida, pero el problema era la abuela. ¡Qué quilombo si la abuela no aprobaba a la señorita! Ha hecho sus comentarios sobre otras, pero afortunadamente cuando le tocó el turno a Lidia quedó encantada. No sé si es que, en el fondo, ella sabía que Lidia era la indicada y que pese a sus objeciones Jorgito estaba convencido en llegar hasta las últimas consecuencias con ella o qué, pero mi abuela se enamoró de mi cuñada y la trató desde un principio como una nieta más.

Me pregunto qué pasará cuando me toque el turno de pasar por ese filtro y tenga que presentarles un novio. Debo confesar que al momento de analizar un candidato muchas veces pienso en qué pensaría mi abuela, porque de mis papás ya tengo los prototipos que ellos no aprobarían ni locos: demasiado tatuados, con rastas, bohemios, rockeros, fumados, de pelo largo, motoqueros, extremadamente hippies, etc., etc., etc.. Pero bueno, si vamos al caso tampoco son los chicos que yo elegiría, así que la lista que me dejan es bastante acotada. Por suerte tengo bien en claro que la que elige soy yo, y de última la que va a convivir con ese loco es la que elige así que…

Pero volviendo a la familia, todos tenemos anécdotas que contar. Voy a hablar de mis abuelos maternos porque, mal que me pese, a mis abuelos paternos los veo muy poco y el trato que tenemos siempre es bueno e idílico porque no está empañado por la cotidianidad.

Mis abuelos no son de esos que regalan plata o que te dan todo eso que tus padres no, ellos siempre fueron protectores y defensores conmigo y con mi hermano, pero su forma de darnos todos los gustos se traduce en cocinarnos nuestras comidas favoritas y llenarnos hasta que el estómago no da más. Ellos tienen la obsesión de que si no comes con pan no estás comiendo bien, de que un plato no es suficiente y de que mientras más pesada y consistente sea la comida, mejor. Recién ahora que la vida les está pasando factura aprendieron a comer sin sal y sin tanto aceite, aunque he de decir que tampoco es que comen demasiado sano que digamos.

Todo ese amor por la comida fuerte lo heredó mi mamá, pero al revés. Mi mamá es de esas personas fanáticas de la dietas, de la vida sana y de las verduras. Como tiene problemas endocrinólogos y tendencia a engordar, se cuida demasiado, hace ejercicio, sale a caminar, lleva una vida por demás cuidada y trata de obligarnos a Jorgito y a mí a seguir su ejemplo. Mi mamá y mi papá en eso son tal para cual, aunque mi papá necesita que un análisis le salga mal para darse cuenta de que debe comer mejor, y cuando eso pasa es por demás de estricto.

Papá y mamá son disciplinados, caminan todos los días, comen sano, y se desesperan porque Jorgito y yo somos bastante lo opuesto a eso. Yo detesto las verduras, me dan asco, no las como si no están cocinadas, mi hermano sí pero no es su comida favorita y él detesta los tomates. Lo bueno es que él tiene la ayuda de mi cuñada que le cocina y lo ayuda con la dieta para estar en forma porque los últimos análisis no salieron muy bien, pero yo que tengo que cocinarme estoy en el abismo.

Mamá es tan obsesionada con que nos veamos bien que lo primero que ve cuando nos viene a visitar es cómo estamos de contorno. La segunda pregunta después de “¿cómo estás?” es “¿cuántos kilos bajaste ya?” y ahí comienza nuestra pelea. A mí me molesta que me controlen, que me saturen con el tema dieta, tuve que convivir con mis caderas toda la vida como para encima sumarle la tortura del pajarito diciéndome qué debo y qué no debo comer. Siempre nos peleamos por lo mismo, porque ella espera que yo haya bajado de peso y yo voy lento en el proceso.

La entiendo, porque yo siento lo mismo, no estoy bien. Pero con que yo lo sepa creo que es suficiente, no necesito de nadie que me lo repita cada 5 minutos, entonces ahí es cuando chocamos porque ella se empeña en hacerme saber su punto de vista TODO el tiempo. No lo hace con mala intención, al contrario, pero debería entender (después de tantas discusiones) que no es un proceso sencillo, menos para mí porque la rutina es anormal y me cuesta mantener un equilibrio entre un día y el otro sin horarios fijos. A mí también me gustaría estar en mi peso ideal pero bueno, no puedo torturarme tampoco porque viviría frustrada y tampoco es la idea. En esta sociedad es un problema no ser flaca, pero si encima de eso le sumas presión y disgustos vas a vivir desgraciada. Yo no quiero eso, por eso trato de no hacerme demasiado problema.

Ella no lo entiende, así como en su momento mi abuela no lo entendía y mi mamá se quejaba. Hay un estigma familiar que te persigue toda la vida, y eso de lo que nos quejamos de nuestros padres es lo que terminaremos haciendo con nuestros hijos. Mi mamá se quejaba de que mi abuela la jodía con el peso, y yo me quejo de que ella hace lo mismo conmigo. Creo que mi mamá y mi abuela no tienen la mejor de las relaciones porque en el fondo están hechas de la misma madera, son iguales y les cuesta reconocerlo, aunque mi mamá es más abierta y flexible también tiene sus mañas, y mi papá se queja de que mi abuelo es muy permisivo con mi abuela pero él, en el fondo, es igual con mi mamá.

Se apañan, se pelean, y al final del día siempre están juntos. Mi papá es el escape que tengo cuando sé que mi mamá no me va a tomar en serio, es ese apoyo incondicional que confía en mis capacidades mucho más que yo misma, y aunque tiene una personalidad fuerte y un carácter igual, yo soy un fiel reflejo suyo y nos llevamos bien. Mi mamá es maricona, llora por todo, ahora que está grande más todavía, y mi papá es menos sensible aunque no por eso no siente las cosas, pero lo entiendo porque alguien tiene que ser el fuerte.

Para mamá soy como un psicólogo, toda la vida fue así, hablamos mucho y de todo un poco, compartimos gustos y cuando no me jode con el tema dieta la pasamos muy bien. Somos compinches y disfrutamos muchos la una de la otra, yo sé que a ella le costó mucho más que a mí la separación cuando tuve que empezar la universidad, no había día sin que me mande un mensaje o me llame por teléfono, nos extrañamos y cuando estamos juntas peleamos, pero no podemos estar mucho tiempo enojadas porque necesitamos la una de la otra. A veces mamá es un poco pesada y en el afán de querer saber de mí se pone un poco densa, si un día no la llamo se siente abandonada. Con mi hermano no es así, me acuerdo que él podía llamar una vez por semana que estaba todo bien, ahora si yo no me comunico seguido piensa que fui secuestrada por ovnis.

Mi hermano tiene un carácter especial, es nervioso como mi abuelo pero le gusta hablar como a mi papá, no se mete en los problemas familiares si no es para poner paño frío y un toque de humor al asunto, nunca asume un bando, siempre es neutral. Yo, por el contrario, siempre me pongo del lado que considero más justo, no me callo nada, trato de poner paño frío pero sé cuándo hay que defender una parte, también soy nerviosa pero trato de mantenerme en eje porque sino descontrolo, y al igual que mi papá puedo ser extremadamente racional.

Jorgito y yo somos la perfecta combinación del carácter de mamá y papá. Él es más como mi mamá, que prefiere callarse y mirar, habla sólo cuando es necesario pero esas palabras son las justas. Yo soy mas como mi papá, pienso lo que digo y digo lo que siento, opino siempre que considero que sea lo justo y a veces hablo de más. Mi hermano no es tan maricón como mi mamá y yo no soy tan ceremoniosa como mi papá, somos como su versión mejorada.

Mi hermano y yo compartimos pasiones forjadas desde chiquitos, él con los aviones y yo con el arte. Por alguna extraña razón mi hermano siempre adoró los aviones, es de esas personas que un domingo a la madrugada es capaz de ir a Ezeiza con lluvia sólo porque aterriza o despega un avión nuevo. En mi caso desde chica me llevaron al teatro, a los 3 años ya amaba a Julio Bocca y a los 8 empezó mi fanatismo por los musicales. Ambos amamos con locura lo que nos gusta, él puede dar cátedra de aviones así como yo de musicales, si nos dan cuerda en lo nuestro es muy difícil frenarnos y ambos hacemos sacrificios para poder darnos los gustos que queremos.

Nos entendemos por eso. Cuando éramos más chicos nos vivíamos peleando, pero al final nos extrañábamos. Nunca vivimos juntos sino hasta mis 17 años que debí mudarme con él, no fue fácil al principio pero nos adaptamos. Cuando era chico él fue al Liceo Aeronáutico Militar y vivía de lunes a viernes en Funes, como nos llevamos 10 años no recuerdo que hayamos jugado mucho de chicos, de hecho cuando él volvía a casa lo único que hacía era dormir y salir con sus amigos, a mí ni bola. El poco rato que estábamos juntos era para pelear, y cuando llegaba la hora en la que él se tenía que ir yo siempre terminaba llorando. Ambos fuimos hijos únicos en su momento y aprendimos a ser hermanos de grandes.

Siempre fuimos como el agua y el aceite, a mi hermano le costó “encontrar el camino” y dejó varias carreras hasta llegar a la suya, mientras que mis notas siempre fueron muy buenas y nunca me llevé ninguna materia. Yo siempre supe lo qué quería, de chica hice de todo: danza, natación, inglés, portugués, coro, actuación, aquagym, gimnasia, canto. Me conocían en toda la ciudad no sólo por ser “hija de” sino porque estaba prácticamente en todos lados, mi mamá tenía que hacer malabares para llevarme a mis actividades, y yo en vez de bajar la energía siempre tuve pilas para todo. La condición para hacer las cosas que me gustaban era no descuidar la escuela, así que sin ayuda de nadie mantuve mis calificaciones en orden y sólo una vez le pedí a mi mamá que fuera a hablar con la profesora de matemáticas porque no me estaba yendo bien.

Para mis papás siempre fui la antítesis de mi hermano, responsable y educada, mientras que él después de los 18 tuvo unos años de ser un tiro al aire. Siempre quise ser mejor que él, que todos estuvieran orgullosos de mí, principalmente para ganar un poco del cariño que mi abuela le tenía en demasía. Fue tonto pensar que por tener mejores notas mi abuela me iba a querer más, si hubiera sabido que sólo era cuestión de tiempo que ella se iba a dar cuenta de quién realmente soy… Pero uno aprende las cosas con los años, y hoy puedo decir que las diferencias que notaba cuando era más chica ya no las noto, el cariño se reparte por igual.

Afortunadamente mis papás nunca hicieron diferencia entre nosotros, yo tampoco nunca lo permití. El hecho de tener 10 años de ventaja respecto de Jorgito me ayudó a hacerme valer en mis cosas, ellos siempre fueron conscientes de la diferencia que hacía mi abuela por lo que trataron de evitarla a toda costa de su parte, y aunque siempre me ponían de ejemplo ante Jorgito nunca le dieron menos que a mí o viceversa. Los sacrificios que hicieron por ambos fueron en igual medida para cada uno, los dos tuvimos las mismas oportunidades, a ninguno se nos negó nada.

La única diferencia que hacen entre él y yo es que, siendo él hombre y yo mujer los regalos no son los mismos y la forma de hablarnos, a veces, tampoco. Jorgito es un poco más inconsciente y yo soy demasiado racional, él ya tiene todo lo que podría haber soñado, una familia propia por la que luchar, ahora lo único que le falta es el título. Yo tengo el título pero nada más, mi familia siguen siendo mis padres y con 21 años el futuro es todo mío, nada me ata, no lucho por nadie más que por mí.

Somos una familia como cualquier otra, con nuestras peleas, con nuestros recuerdos, somos excéntricos en varios aspectos, tenemos nuestros secretos. Hay algo que siempre fue tabú y que, dada la época que vivió nuestro país, tenemos prohibido contar a desconocidos. El miedo de épocas pasadas marcó nuestras vidas, y si bien ya todo está normalizado es mejor prevenir que lamentar. A veces me pregunto qué hubiera sido de mí si hubiera nacido en otro tipo de familia, ¿habría sido diferente? Nunca lo sabré, sólo sé que amo la familia que tengo, que aunque a veces me hacen enojar los quiero por sobre todas las cosas y no los cambiaría ni por todo el oro del mundo.

Agradezco que mis padres me den la libertad de elegir, de ser quien yo quiera ser, que me apoyen a pesar de sus propias convicciones y que siempre tengan los consejos correctos para cada ocasión. Agradezco que no me hayan dejado caer cuando pensé que no podía más, que me hayan ayudado a seguir adelante con mi carrera, y que hoy me ayuden con lo que es el principio del resto de mi vida.

Los padres siempre se imaginan a sus hijos de determinada manera, no sé cómo ellos me habrán imaginado cuando estaba en la panza, probablemente nunca pensaron tener una hija tan exótica como les salí, así que espero que con todas las diferencias estén orgullosos del resultado. No todos los días uno se cruza con una fanática de musicales…

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.310 seguidores