Volando en 7 días

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Finalmente llegó la tan deseada cuenta regresiva y estoy con la lumbalgia a punto caramelo que hoy me tuvo toda la tarde dura en mi cama. Horror no poder levantarme, no poder abrir la puerta, no poder jugar con mi sobrino, y más de terror es que mi sobrino me haya empujado apenas jugando y me caí al piso de la poca fuerza que tenía.

Así que así estoy, medio resfriada por el cambio de clima que parece que nunca se va a decidir si frío o calor, adolorida de la espalda, pero contenta porque en 7 días me voy. Sí, 7 días. El martes próximo a esta hora voy a estar volando de San Pablo a Londres y aunque estoy emocionada de que llegue el día la verdad es que no me siento nerviosa o alterada.

Bastaaaante tranquila estoy, por eso creo que todos mis nervios y preocupaciones se van derecho a mi actual punto débil: la zona lumbar. Es rarísimo que me duela por un tiempo tan prolongado la espalda, cuando hice todo lo que me dijeron y me porté más que bien con las recomendaciones médicas. Claro que en el trabajo (siempre el trabajo) no se respetó mi reposo y tuve que salir a dar vueltas igual, pero bue… mejor lo dejo ahí.

Ayuda mucho que el día anterior a mi viaje sea mi cumpleaños, hace que esté más pendiente de eso que del viaje en sí. Todavía ni preparé la ropa que voy a llevar, no armé la valija, no puse a lavar la ropa, no me anoté las direcciones, sólo me sé de memoria el lugar donde voy a parar en Londres porque es muy fácil de memorizar. Hice los trámites que tenía que hacer sí o sí (tan colgada no soy) pero ahora lo único que pienso es que el sábado voy a ver a mis abuelos, a mis amigas, y después voyage-voyage!

Espero que conforme pasen los días se me vaya el dolor de espalda y pueda armar todo con ganas e ímpetu, porque no puedo dejar todo a último momento sino que tiene que estar todo listo para el viernes. El viernes, ¿entendés? ¡¿CÓMO VOY A HACER?! Simple, dejando de escribir y poniéndome a descansar y acomodar.

Pensamientos en el paro

Haz más de lo que te hace feliz.

Haz más de lo que te hace feliz.

“La paz aparece en esos lugares a los que no vamos nunca. Sabemos que existen, que están ahí, pero no vamos. Pasan al lado nuestro constantemente pero no los miramos, aunque ellos esperan solitarios a que nos dignemos a entrar.

Estoy en un convento que queda a la vuelta de mi casa, siempre estuvo acá pero pocas veces vine. Hoy es un día especial porque hay paro nacional así que el Microcentro está particularmente tranquilo.

Entré por curiosidad, caminé alrededor y decidí sentarme. Terminé mi café y me entraron las ganas de escribir. En este sitio estoy rodeada de árboles, arbustos, un pequeño oasis de naturaleza en medio de la jungla de cemento. Y encima silencioso. Lo único que perturba la calma es el sonido de la voz de una nena y algunos ruidos de la calle. Esa calle de la que escapé para quedarme acá, en esta pecera de paz.

La nena juega a la pelota con su mamá, entró una pareja fumando, hay una señora mayor dando vueltas y está el guardia de seguridad. No podía faltar una paloma, pero ella se aleja de mí presintiendo que no le daré de comer.

Me dan fobia las palomas.

Cierro los ojos y siento la paz, la mente se me pone en blanco y me obliga a relajarme. Me duele la cintura por la lumbalgia pero acá no la siento. 

Hay 8 árboles a mi alrededor, también hay muchos arbustos. La pareja se mima y la señora se va con su hija. Yo me quedo, escribo, siento y respiro. No quiero que se vayan pero no puedo frenarlos. Me siento bien, estoy sensible. Hace un ratito lagrimeé, estaba pensando en mi familia, en mis abuelos…

Ayer hablé con mi jefa para preguntarle si me podía dar el domingo de Pascuas libre y sutilmente me dijo que no, que se iba a fijar porque quizás ya tenía franco. Al final no, trabajo. Cuando le pregunté me dio un discurso de que tenía que rezarle a Santa X por los malabares que hace con los horarios. Me cayó mal su comentario, porque nunca le pedí días por caprichos sino para ver a mi familia. Quizás ella no sabe o no se da cuenta de lo es tener a tus seres queridos lejos.

Quiero volver a mi casa, aunque sea por un día. No me quiero ir sin haber abrazado a mis abuelos, a mi perro. Mi mamá y mi papá van a venir a despedirme y a llevarme a Ezeiza pero mis abuelos no y los extraño.

Después de que mi abuela tuvo el ACV siento que cada oportunidad que pierdo de ir a casa es un día más sin ellos. Tuvimos nuestras diferencias pero son mis abuelos.

Cuando pasan estas cosas es cuando más deseo tener un trabajo normal, con fines de semana libres y feriados incluidos. Si trabajara en una oficina esto no sería un problema, y podría visitar a mi familia cuantas veces quiera sin tener que pedirle permiso a mi jefe.

Ruego poder cambiar de trabajo cuando vuelva del viaje, encontrar una rutina más saludable y sobre todo un lugar que me permita crecer profesionalmente. 

Me gustaría no depender de la plata, me gustaría tener la libertad de elegir hacer lo que me apasiona sin pensar en si voy a llegar o no a fin de mes. Sería maravilloso poder hacer todo lo que me gusta sin preocuparme por el alquiler o la comida. Pero lamentablemente no es así, y tengo que trabajar para vivir, sacrificando parte de mí hasta que encuentre algo mejor. Porque sé que existe algo mejor, sólo que aún no lo conozco.

El día es perfecto, está nublado y corre viento suave, no hace calor pero tampoco frío, es el tipo de clima que me gusta.

La pareja sigue sentada, en silencio. La única voz que se escucha es la de un hombre hablando por teléfono. Un poco desubicado entre tanto silencio pero está y no se puede ignorar, forma parte del paisaje.

Llegó un nuevo visitante y otra pareja. El nuevo se sentó y la pareja ya se fue. Pasan, transitan pero no anclan. La pareja anterior sigue, pero el chico está desparramado en la banca. Y yo sigo, sentada escribiendo y respirando, llenando mis pulmones de aire puro, sacando fotos con los ojos para que la belleza que me rodea no se escape de mi mente.

El árbol que tengo en frente es raro, tiene espinitas.

Siento como si cayeran gotas chiquitas, pero no me quiero ir. El hombre del teléfono se fue con sus acompañantes, ahora camina otro con remera roja y unas llaves que tintinean rompiendo la calma.

Hay gotas, llovizna. Ahora sí el día es perfecto, pero me tengo que ir. Disfrutaré de la lluvia desde casa, mi rincón en el mundo, mientras este paraíso quedará a la espera de que lo vuelva a elegir.

Necesitaba frenar, encontré el lugar ideal.” 

Días previos

kkk

Estoy en esta escalera viendo si encuentro qué quiero hacer y cómo llevarlo a cabo. Me propuse esta semana reactivar el blog de viajes porque falta nada para que tenga su momento de gloria y no quiero estar con todo a último momento. También en cuanto me sienta mejor de la lumbalgia me voy a poner a limpiar y ordenar el departamento, porque como está ahora es un caos y quisiera irme tranquila de que mi casa no quedará a la deriva el mes que no esté.

Parece raro decir “me voy un mes” porque nunca me fui más de 15 días de vacaciones. Cuando era chica y tenía los 3 meses (bah… 3 meses y medio porque nunca me llevé ninguna materia) llegaba un punto en que me aburría, por eso mis vacaciones igual tenían actividades como ir a natación o al club o juntarme con amigas, además de los 10 días de viaje a la playa o Buenos Aires (cuando mi casa todavía estaba en Santa Fe).

Hoy no sólo me voy mucho más de los 15 días reglamentarios, sino que voy a salir de la frontera de mi país, voy a cruzar el charco y no sólo voy a pasear por lugares desconocidos sino que además voy a tener que hablar un idioma que no es el mío. Todo va a ser diferente, todo va a ser parte del desafío de ampliar mi zona de confort.

Me siento mejor que la última vez que escribí, aunque no menos perdida. De a poco voy encontrando cosas que me gusta hacer, tengo una lista pendiente de libros por leer que aún no puedo terminar porque no tengo cabeza para concentrarme, pero que en cuanto vuelva del viaje retomaré. Muchos me dijeron que me relaje y que aproveche a full el viaje para descubrirme, explorar cómo soy fuera de mi ámbito y qué cosas me afectan y cómo lo hacen.

Creo que todo forma parte de la misma incertidumbre de no saber con qué me voy a encontrar, más aún siendo ésta la primera vez que voy a salir muy lejos del país. Si bien estoy acostumbrada a viajar sola, los días previos siempre son de incertidumbre pura, así que voy a estar bastante a pleno estos días previos, no sólo por el viaje sino porque además es mi cumpleaños en 19 días!

Todo junto, parece que se viene el baile…

Mi cabeza, mis problemas

¿Viste esos momentos en que no sabés qué querés pero sentís que te falta algo? Es horrible, nunca en mi vida me sentí tan perdida. Tengo muy en claro qué cosas no quiero para mi vida, pero me frustra demasiado no saber exactamente qué es lo que quiero, y me desespera porque no sé hacia adónde apuntar mis objetivos.

Me molesta que la gente mayor me diga “ay de qué te preocupas si sos chica todavía”. Me preocupo porque me molesta no saber exactamente lo que quiero, cuando toda mi vida fui muy precisa con mis decisiones. Cuando estaba en la secundaria sabía perfectamente qué quería estudiar y dónde quería hacerlo. En mi vida siempre tuve en claro qué esperaba de mí y siempre fui en busca de mis metas, las cumplí y sentí la enorme satisfacción de haberlo conseguido.

Pero ahora, en este preciso momento, no sé qué quiero. Terminar la carrera me desorientó, porque era mi máximo objetivo y ya lo cumplí. Siempre quise enfocarme en el arte pero hasta ahora no encuentro el coraje para hacerlo, no sé por qué, ganas no me faltan pero no me siento lista. Sumado a que por mi trabajo y por el viaje próximo no me puedo poner a gastar en clases.

Sé que tengo muchos años por delante, que todavía soy muy joven como para saber qué voy a hacer de acá a 20 años, pero me molesta estar en este limbo. El trabajo ya no me satisface, todo a su alrededor me resulta incómodo, no es lo que yo soñaba hacer cuando terminase la universidad.

A veces pienso que de haber renunciado cuando quise hacerlo podría haber hecho alguna pasantía más relacionada con comunicación y hoy podría aspirar al trabajo que quiero, pero no me puedo quedar con lo que podría haber pasado porque claramente no pasó y no lo voy a poder cambiar. Mi trabajo me dio muchas cosas lindas, entre ellas la oportunidad de conocer a gente que admiro, me hizo más fuerte en cuanto al carácter y me ayuda día a día a ejercitar la paciencia. Pero ahora ya no me da nada, sólo dolores de cabeza y ganas de irme a cualquier lado en vez de estar ahí.

Realmente me gustaría saber qué quiero para mi futuro, no quiero seguir perdiendo el tiempo en un trabajo que no me satisface, con gente que no llena ni me hace sentir bien, en un lugar donde sé que no puedo aspirar a más que al puesto que ya tengo, no me alienta a superarme y no se valora el esfuerzo que uno hace.

Quiero y necesito otro lugar, quisiera saber exactamente cuál para poder ir por eso. Me siento perdida, como si estuviese en un campo sola, rodeada de todo pero a la vez de nada, porque no sé para qué lado correr, no sé qué dirección tomar, no sé si jugarme por algo que quiero, porque no sé qué quiero.

Extraño a mi familia, estoy en contacto constante con ellos pero igual los extraño. Hace más de un mes que no veo a mis abuelos, hace más de un mes que no duermo en mi cama, que no veo a mi perro, quiero ir a mi casa porque sé que voy a estar un mes muy lejos de ellos. Pero por mi trabajo no puedo ir y eso me molesta.

Lo único que sé que quiero es un trabajo de lunes a viernes de 9 a 18 con feriados y fines de semana libres. Quiero estabilidad, poder darle una rutina a mi cuerpo y no seguir jodiéndome el metabolismo. Necesito la rutina que antes tenía, no sé si estudiar otra cosa pero sí cambiar de aire. Me siento ahogada, no me gusta, no estoy bien.

Esta semana que pasó me agarró una contractura fuerte en la zona lumbar que me impedía caminar bien, ¿te pensás que a alguien de mi trabajo le importó? Todos los días que fui a trabajar tuve que recorrer el aeropuerto con un fuerte dolor en la cintura porque no me quedaba de otra, terminé el viernes en la guardia traumatológica con un diagnóstico de distensión muscular. Hoy tengo que ir y nuevamente me tocó recorrida, ¿te parece justo?

Necesito encontrar nuevamente mi rumbo, mi meta, sacar ganas para hacer. Cuando estaba en la universidad estaba feliz porque sabía qué era lo que quería y cuál era mi objetivo. El cansancio no me frenaba, no vivía durmiendo, no estaba encerrada todo el día, vivía más que ahora que no tengo otra cosa que hacer que mi trabajo. Necesito encontrar a esa Ayalén que era de más chica, porque esta que soy ahora no me gusta, me molesta.

Yo no era así, yo siempre supe lo que quería de mi vida, siempre fui muy decidida. Cuando era chica yo les pedía a mis papás que me llevasen a inglés, portugués, natación, danza, actuación, canto, al curso de arte. Mi mamá iba y venía conmigo y nunca me obligaron a nada, todo lo que hacía era porque yo quería hacerlo, y en el colegio tenía muy buenas notas, era una de las mejores de mi clase, escribía, participaba en concursos de literatura, estaba siempre activa y feliz.

Hoy soy una chica de casi 23 años que se siente a la deriva, cuya única expectativa es un viaje próximo que estoy segura que me va a ayudar, pero del que tendré que volver y retomar esta rutina laboral que tanto me disgusta. No me gusta tener toda la vida por delante si no sé con qué la voy a llenar.

No entiendo cómo hay gente que vive sin aspiraciones, que no tienen metas. Pero lo que menos entiendo es qué le pasó a esa chica que fui, que tenía muchos sueños, que tenía muchas ganas de explorar el mundo y cantar y bailar y actuar. Creo que esa chica se apagó el día que dejé de actuar, ese día de diciembre en que decidí renunciar a lo que más amé y amo en el mundo por un trabajo que hoy me hace sufrir.

Porque en diciembre de 2010 fue la última vez que me subí a un escenario, que actué, bailé y canté, que sentí esos hermosos aplausos, que vi a mis papás llorar emocionados, que escuché de mi mamá decir que nunca deje de hacer eso. Y yo dejé, por un poco de plata y experiencia laboral, experiencia que hoy me está comiendo por dentro.

Quizás no puedo retomar eso porque me duele haber dejado mi gran amor por esto. Extraño mucho, mucho, MUCHO estudiar teatro musical, pero tengo una traba que no me deja animarme a volver. Y necesito volver, porque nada fue más lindo en mi vida que ver gente de pie aplaudiéndome.

Aprendé de tu jefe

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Esta semana laboral empezó el martes y con mis amigas ya tuvimos nuestros respectivos conflictos. Cuando sos empleado siempre hay algo del jefe que te va a caer mal, y pensas para tus adentros que cuando vos seas jefe las cosas van a cambiar y no vas a ser así. Pero de pronto llegas a un puesto con gente a cargo y pasa lo contrario, sos el fiel reflejo de esa persona a la que odiaste secretamente durante toda tu vida laboral. Algo así como un haz lo que yo digo…

Por eso me puse a pensar que algunos jefes son como esos maestros que cuando tienen un curso a cargo se olvidan de que ellos alguna vez fueron jóvenes y tuvieron maestros detestables, se prometieron ser más copados con sus alumnos y ahí están, generando las más desopilantes teorías conspirativas en su contra.

Dicen que “el que sabe sabe y el que no es jefe” pero no creo que deba ser así. Pasa, es cierto, pero podemos evitarlo. Somos una generación de nuevos profesionales que buscamos algo más que retos y malas caras, que no nos gusta trabajar en un ambiente tenso y mucho menos algunas faltas de respeto como me ha tocado vivir. Trabajamos pero no siempre de cosas que nos apasionan, porque no se puede o porque no nos animamos a arriesgarnos, pero si hay que trabajar para llegar a fin de mes y pagar las cuentas al menos que sea de la forma más humanamente posible.

Así que… ¿por qué no aprendemos de nuestros jefes? ¿Por qué no tomamos esas cosas que hoy nos disgustan y las tenemos muy presentes al momento de ser nosotros los que tengamos la batuta? ¿Por qué quejarnos de lo que hace o hizo el otro si después no nos vamos a proponer cambiarlo? Esa es la clave, según mi punto de vista, para que nosotros seamos una generación de personas felices, trabajando de lo que nos gusta y dando nuestro máximo potencial. O trabajando de lo que nos toca pero de la forma más feliz posible.

Porque decime si no es lindo dar lo mejor de vos sabiendo que sos reconocido, que tu trabajo vale, que aunque te equivoques igual tenés a alguien que te enseña y no te reta. A mí me encanta poner lo mejor de mí cuando sé que para el otro es importante, el reconocimiento siempre me hace sentir bien, y me gusta que cuando me equivoco me digan qué hice mal y me enseñen, no que me traten como imbécil y me digan mis errores de la manera más irónica y patotera posible. Eso me revienta y me mal dispone, porque no me dan ganas de trabajar cuando si haces algo te retan y si no lo haces también lo hacen.

Los jefes deberían delegar algunas responsabilidades en sus empleados, para hacerlos sentir que forman parte de algo más allá del cumplimiento de sus tareas. Y no me refiero a que deleguen cosas realmente importantes, ni tampoco que deleguen todas esas cosas que ellos detestan hacer, sino que busquen el potencial de cada empleado y los hagan trabajar haciendo que desarrollen alguna habilidad que ya tienen.

El jefe no debe dejar de ser la autoridad a la que recurrir, pero no debe dar miedo sino inspirar confianza. Tiene que guiar al rebaño, ser el ejemplo, el modelo a seguir. El jefe es esa persona que logró lo que vos también querés en un futuro, por eso también sería justo que exista la rotación. A vos como empleado te debería dar orgullo decir “trabajo con X persona”, deberías sentir que aprendes algo de quien está a cargo de vos. El jefe debe inspirar, animar y potenciar al empleado, para que al momento de salir de la empresa seas un mejor profesional.

Mi primera jefa, Silvina, era la jefa perfecta. Estoy muy agradecida por haber conocido a alguien como ella, porque representaba todo lo que a mí me gustaría encontrar en un jefe en otro trabajo. Hoy en día no estoy muy inspirada, pero no es la idea hablar mal de nadie. Sólo resaltar que los buenos jefes existen, sí señor, pero no son la mayoría.

Hay muchos jefes que se enojan con vos porque haces algo que ellos ni siquiera respetan. ¿Qué puede pretender de sus empleados un jefe que no cumple ni él mismo el horario de ingreso? Repito: el jefe debería ser el ejemplo, el que llega antes y se va después, el que busca en sus empleados lo mismo que él es.

Existe la modalidad de trabajo por objetivos (como Google) y también existe la modalidad del teletrabajo, en donde un programa cuenta las horas de trabajo que empleas en cumplir un objetivo y te pagan en consecuencia. Yo trabajé así y está muy bueno, porque vos podés armar tu día/semana según los objetivos que tengas para cumplir en tu trabajo. No importa a qué hora trabajes siempre y cuando el día de la fecha límite el trabajo esté listo.

Así que, volviendo al inicio, pienso que deberíamos armar una lista con todas las cosas que hoy, como empleados, no nos gustan de nuestros jefes. Deberíamos tenerla a mano cada vez que tengamos gente a cargo, y revisarla cada tanto si sentimos que estamos siendo un poco como esa persona nefasta que nos complicó la vida anteriormente. No digo perder autoridad, sino ser más flexible sin que te tomen el pelo.

Y sino, ¿por qué no ser tu propio jefe?

Otoño otra vez…

Amo el otoño, adoro lo que representa porque me encanta el frío. Hace poco en el trabajo hablando con una compañera llegamos a la teoría de que la gente se siente más identificada con una estación que con otra dependiendo de cuándo nació. No sé si es así, pero yo nací en otoño y amo el otoño. Cuando yo nací hacía frío y nevaba (nací en Río Gallegos, eso lo explica todo), así que pienso que de ahí viene mi fascinación por el frío, la lluvia, las hojas marrones desparramadas por el patio, en fin…

Quiero una casita así

Quiero una casita así

Pero por muchas razones este otoño va a ser distinto a todos los anteriores, y eso me pone un poco triste. Cuando vaya a casa mi abuela no va a estar cocinando estofados ricos y tampoco me va a poder tejer un sweater, la única que cocinará y tejerá para mí seguirá siendo mi mamá, y aunque lo hace riquísimo y hermoso, voy a extrañar a mi abuela.

Las abuelas hacen las cosas especiales, principalmente en otoño, porque las dos amamos el frío y compartimos las tardes hablando de lo lindo que está el tiempo. Mis abuelos son de las pocas personas con las que me puedo poner sinceramente feliz por ver un día frío y soleado, o frío y lluvioso, mientras tomamos café con leche con masitas.

Confío en que mi abuela va a seguir evolucionando favorablemente y me podrá volver a consentir, pero si no puede yo voy a estar para ella, al igual que para mi abuelo, porque los quiero y porque sé lo difícil que es también para ellos sentirse limitados. Mis abuelos siempre fueron muy independientes, pero la vida es un ciclo y así como ellos fueron importantes para nosotros hoy nosotros lo somos para ellos.

Creo que nunca fui tan cercana a mis abuelos como ahora, quizás sea por el tremendo miedo que tengo a perderlos o porque por fin entendí que por más que quiera yo no los puedo moldear, que las mañas que arrastran vienen desde siempre y que ellos son como son independientemente de cómo haya cambiado el mundo. A diferencia de muchos otros abuelos, los míos siempre me apoyaron en mis ganas de ser artista, me siguen alentando a seguir, siguen dándome amor a pesar de las tantas peleas que hemos tenido.

Si hubo favoritismos cuando era más chica ahora ya no me importa, si pudieron haber hecho cosas de otra forma ya pasó. Ellos fueron y son mis abuelos a su manera, a la única manera que saben, y recién ahora puedo entenderlo. Y extraño las cosas que me daban antes, porque no hay como la comida de mi abuela o los asados de mi abuelo, porque por más que mis papás hagan muchas más variedades de comida las papas fritas de mi abuela eran lo más. Y son más ricas ahora que las recuerdo porque sé que quizás nunca más las pueda volver a probar.

Así que te repito lo que digo desde que pasó lo de mi abuela: llamen a sus abuelos, visítenlos, abrácenlos, disfrútenlos, aprovéchenlos. Ellos quizás no sean los abuelos idílicos que muestran en las películas pero son los que tienen y deben quererlos y entenerlos porque son suyos y porque ellos los aman a pesar de todo. Yo tuve muchas diferencias con mis abuelos, con unos por estar muy cerca y con otros por estar muy lejos, mi abuelo paterno se fue sin yo haberlo podido disfrutar como me hubiera gustado, y no quiero que me pase eso con los que me quedan.

Cuando era más chica casi no los llamaba, porque sabía que ellos sabían que yo estaba bien a través de mi mamá. Cuando era más chica los visitaba un ratito y después me iba, porque pensaba que ellos no disfrutaban tanto de estar conmigo. Hoy los llamo todas las semanas, porque sé lo feliz que los hace escuchar mi voz. Ahora cada vez que voy me quedo a pasar la tarde, porque sé que aunque no digan mucho mi presencia los ilumina y los llena de vida.

Este otoño quizás no sea como otros otoños, pero será un otoño lleno de amor.

¡Felices 10 años Apolo!

Apolo

Apolo

Un día como hoy hace 10 años nacía un ovejero alemán llamado Apolo en un pueblito cercano a Rosario. Nadie en mi familia imaginaba que ese cachorrito sería quien nos rescataría de la tristeza de la pérdida. Ninguno imaginaba que un mes después Jaime nos abandonaría…

Más o menos por esa fecha a Jaime le diagnosticaron un tumor en la panza del tamaño de una pelotita de metegol. El veterinario dijo que había que operarlo porque no sabía si era benigno o no y por las dudas era mejor evitar riesgos, aunque dada su edad corría mucho peligro su vida en la operación.

Pensamos que era lo mejor para él, cualquier cosa antes que verlo sufrir y deteriorarse lentamente, así que se operó. Salió, pero a la noche murió. Todavía recuerdo cuando me lo dijeron, cuando lo quise hacer respirar, todavía recuerdo a la familia rodeándome para tratar de contener un dolor que no tenía fin. Mi mundo, mi amigo, mi compañero de toda la vida se había ido.

Al otro día una de mis amigas del colegio me llevó un poema de un perro a su dueño que decía “no dejes mi cucha vacía”, así que pedí a mis papás que por favor consiguieran otro perro. La verdad es que yo no podía llegar a casa sin que nadie me festejase, sin los ladridos, sin su carita de felicidad al verme. No podía ver el patio y la cucha vacíos, me producía más dolor.

Así que empezó la búsqueda. Papá se recorrió cuanto criadero de ovejeros le pasó el veterinario pero en todos había cachorras y nosotros queríamos un macho. Al final papá decidió ir al último criadero que le habían pasado y, de no conseguir el macho, iba a buscar a una hembra de 4 meses que ya había visto.

Y lo encontró. Ahí estaba Apolo, primera camada de hijos de padres campeones y abuelos campeones. Lo compró, hizo todos los papeles (porque es un perro de pedigrí y tiene papeles de nacimiento, un tatuaje en la oreja con un código, registro en una asociación de ovejeros alemanes y demás cachivaches) y lo trajo a casa.

Mientras pasaba todo esto yo estaba en mi clase de inglés, así que te imaginás la fiesta que hice cuando volví. Entre tanta tristeza pude ver en los ojos de ese cachorrito que parecía una bola de pelos negra tanto amor, tantas ganas de formar parte de la familia, tan agradecido. No sé cómo explicarlo, pero lo vi y lo empecé a querer.

Durmió adentro esa primera noche y la segunda comenzó la adaptación a lo que sería su nuevo hogar: la cucha de Jaime. Como hacía frío le armamos una cucha provisoria en el quincho pero él se escapaba y se quedaba dormido en la puerta de la casa. Intentamos varias veces que se quede en el quincho pero como no había forma le tuvimos que armar una cucha en la puerta del comedor. Y ahí quedó.

Desde ese momento Apolo es un perro con dos cuchas, con mil mañas, con comida más rica y elaborada que la nuestra, con una rutina de ejercicios que se cumple todos los días. Él fue entrenado para ser un perro obediente y para defender el hogar, según su entrenador es un perro muy inteligente pero al único que le hace caso absoluto es a mi papá. Si yo le doy una orden capaz que la cumple, pero cuando él tiene ganas.

Ahora ya está entrando a su vejez. Sus caderas ya están empezando a hacer de las suyas y como a todos los perros de la raza hay que cuidarlo para que no sufra. Yo lo único que pido es que no la pase mal, prefiero que muera dignamente y no verlo deteriorado. Por lo pronto está cuidado, medicado, más mimado de cualquier bebé. Mis papás lo cuidan mucho, yo lo extraño un montón pero a la distancia estoy.

Apolo fue mi salvación, mi nuevo fiel compañero, y aunque la relación no haya sido la misma que tenía con Jaime pude darle mi amor y recibir el suyo de forma incondicional. Vino a nuestras vidas con nombre de guerrero, espero que luche hasta el final como uno para que su vida llegue a su fin de la mejor manera posible.

Lo amo con el alma, es una inyección de alegría cada vez que voy. Recuerdo cuando recién me mudé que no me daba bola, cuando volví mi mamá pensó que me había perdido el olfato pero el veterinario dijo que estaba enojado conmigo porque seguramente se sintió abandonado. Así que a llenarlo de mimos otra vez y que sepa que su dueña no lo dejó, su dueña se fue a buscar un futuro. Pero mi futuro siempre va a tener a mis dos amores perrunos: Apolo y Jaime.

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¡Más Elphaba que nunca!

Idina Menzel como Elphaba

Idina Menzel como Elphaba

¿La conocés? ¿No? Bueno, te cuento. Elphaba es la protagonista del musical Wicked, es la bruja mala de Oz cuyo único pecado fue nacer diferente (es verde). La rechazan todos, hasta su propio padre, pero cuando llega al colegio se hace lentamente de amigos y hasta de un novio, a quien pierde por las locuras de otros.

Hay un momento en el musical en que Elphaba se hincha las pelotas y manda a todos a freír churros, básicamente se cansa de todo y es un poco lo que me está pasando a mi en estos momentos. Me cansan las actitudes de cierta gente, me agota hacer como que no pasa nada, me molesta que sean así.

Convengamos que mi laburo ya no me emociona tanto como al principio, hace un año que siento que llegué a mi techo y encima ahora por andá a saber qué extraño motivo no me están dando una de las responsabilidades que más disfruto hacer. ¿Mano negra? No sé y ya ni quiero saber. El tema es que me fastidia.

Me fastidia la gente que no te devuelve el saludo, podría adherir “con buena onda” pero eso sería como pedirles demasiado. Me agota poner la mente en blanco cada vez que algunas personas hacen ciertas pelotudeces que en gente grande no sólo quedan ridículas sino que joden al otro.

Otra cosa que me enferma es el chusmerío de fondo, que todos tengan una opinión de todos pero que la digan por la espalda, que gente que vos apreciás te termine cagando. Bueno, en fin, lo que pasa en todos los trabajos pero que en éste ya me agotó.

Esta semana fue el colmo, empezó bien pero terminó con mi paciencia. Ya ni los nuevos tienen un poco de respeto por el otro, no hay confianza y ya te tiran comentarios que no corresponden. A veces me pregunto cómo una persona de determinada edad no busca otra cosa, siendo que yo siento que me ahogo cada vez que voy, pero después miro alrededor y entiendo todo.

Parece un colegio secundario y hace 5 años que terminé con esa experiencia, ya la viví, no necesito una nueva. Ya viví que se burlen de mis gustos, ya viví que se rían de mis comentarios retro, ya viví tener que soportar al grupito de “las populares”, ya viví el chusmerío tipo lleva y trae. Pero al menos en mi colegio había respeto, porque nos conocíamos de siempre y todo era con buena onda. Nos quejábamos pero ya está, era la etapa y ya pasó.

Ahora me parece bastante inmaduro no respetar al otro y hacer comentarios al estilo “esa pelotudez que escuchas” o “uy vos siempre mirando esas pavadas”.  Y como yo siempre trato de masticar mis comentarios para no mandar a nadie a la mierda como debería, porque crear conflicto me supone un gasto de energía que creo que ni siquiera merecen, me callo. Me quedo con cara de “jijiji” y no digo nada.

Prefiero masticar la bronca sola antes que generar más polémica, pero a veces no aguanto más (como ayer) y mi cara de traste es demasiado evidente. Ya ni me importa, ser copada y tratar de tener un buen clima no sirve porque al otro le importa tres pitos y la que siempre la termina pasando mal soy yo (y un par más).

Así que de ahora en más cada vez que algo me moleste voy a tratar de no callarme y decirlo, ya que nadie tiene pelos en la lengua para gritarme (como una que por una pavada me empezó a gritar por el teléfono, me cortó y después me empezó a gritar en la cara) o para decirme las cosas que hago mal (y de mala manera, obvio). Como todos pueden ponerme mil tareas al mismo tiempo mientras otros se rascan las manos, ya no.

Me cansé de ser la piola que se las banca todas, que se queda trabajando sola en el stand a la mañana mientras el resto del staff se va a desayunar, estar a mil mientras hay otros pelotudeando con el celular, ser simpática incluso con gente que no se toma ni siquiera la molestia de serlo conmigo. Lo siento, pero ya me harté.

Cada tanto los boludos también se hacen respetar…

Ir al teatro sin sufrir en el intento

Ésta semana que pasó tuve a mamá de visita en casa y su llegada siempre implica paseos, madrugar, buena comida y salidas culturales. A mamá, como a mí, le encanta ir al teatro y siempre que puede lo hace. Yo voy menos de lo que me gustaría pero voy, así que juntas aprovechamos y nos pegamos una vuelta a ver algo que nos llama la atención.

Teatro El Libertador

Teatro Del Libertador

Fuimos a ver “Priscilla, la reina del desierto” y “Amadeus”, dos puestas sumamente diferentes pero ambas con una calidad artística impresionante. Priscilla te hace reflexionar, reír a carcajadas, bailar y llorar, en cambio Amadeus te muestra una parte de la vida de un grande como Mozart pero es más solemne, aunque también te hace reír con las irreverencias del protagonista y su mujer.

Pero lo que me trae hoy acá no es hacer una crítica de ambas obras, sino comentarte un flagelo que los petisos vivimos cada vez que vamos al teatro/cine: el que se sienta adelante.

Ir a platea para mí es una tortura, siempre pero SIEMPRE me toca alguien alto o una mujer con batido, o una pareja feliz que no hace más que besuquearse y sino el típico que no sabés para qué pagó una entrada si va a estar pelotudeando toda la función con el celular.

Me desesperan, me ponen de mal humor y sacan lo peor de mí. Tengo que estar toda la función reprimiendo mis ganas de mandarlos a la mierda, cada tanto no puedo evitarlo y les pido por favor que se callen, y sino tengo que estar las dos horas cabeceando de un lado al otro como si fuera un péndulo porque el de adelante hace lo mismo y como es alto no me deja ver.

Realmente es polémico, no se puede disfrutar así. En Priscilla estuve bien porque los asientos de adelante estaban vacíos y me dejaban un margen hasta el próximo alto, pero en Amadeus estuve cabeceando toda la función. Encima el de adelante era un culinquieto que se acomodaba cada 5 minutos. ¡INSOPORTABLE!

Por eso, como a mí me gusta darle un servicio a la comunidad, te voy a contar cuáles son mis ubicaciones favoritas para no sufrir y disfrutar de la más predilecta hasta la menos:

  • Platea alta primera fila al centro: podés ver el escenario completo y no te vas a perder de nada. Se aprecia el espectáculo en su totalidad sin tener que sacrificar tu cuello ni pelearte con el de adelante.
  • Super pullman primera fila al centro: mismo que la ubicación anterior pero más arriba.
  • Pullman primera fila al centro: a prueba de vértigo, es la ubicación más barata de las tres pero puede que sientas que si te caes de ahí no la contas.
  • Platea filas de la 2 a la 15 en pasillo: ¿por qué pasillo? Porque me da la posibilidad de girar mi cabeza para el costado donde no hay gente y ubicarme en una misma posición sin querer ajusticiar al de adelante.
  • Platea fila 1 al centro: no entiendo cómo hay gente que adora ir al primera fila, es la ubicación más cara y donde peor la pasas porque el cuello te queda atrofiadísimo y además no les ves los pies. Ir al ballet a primera fila de platea es un despropósito, y a un musical/obra de teatro también porque si algo pasa en el piso ni te enterás.

Espero que te sirvan estos consejos y logres no pasarla mal, aunque también te invito a que aproveches los descuentos y promociones y vayas al teatro. Si las ubicaciones que tuvimos con mamá no fueron las mejores fue porque aprovechamos descuentos, pero qué se puede hacer si las entradas ahora son carísimas y es mejor ir adonde se puede en vez de adonde se quiere con tal de poder ir.

Planear un viaje sin enloquecer

Falta poco más de dos meses para emprender mi primer gran viaje al extranjero y mientras más pienso en el itinerario más loca me vuelvo. ¿Por qué? ¡Porque quiero ver todo y siento que no me va a alcanzar el tiempo!

commercial-airplane-taking-off-and-high-resolution_227318Si estoy manteniendo todo en silencio es por expreso pedido de mis padres, así que ya te enterarás de mi destino a su debido tiempo. Poca gente lo sabe exactamente, he dado pistas pero nada que diga “me voy a…”, porque en realidad también está bueno un poco de misterio.

Lo cierto es que me voy a un lugar al que quiero ir desde hace mucho tiempo, voy a reencontrarme con personas muy queridas, principalmente con una que es casi como una hermana. Voy a pasar un mes lejos de casa en un lugar donde no hablan mi idioma pero espero hacerme entender. Me da mucha curiosidad probar mis conocimientos lingüísticos y ver si tanto estudio sirvió para algo…

Armar el itinerario es una locura, porque yo pienso que un día es suficiente para determinado lugar pero cuando investigo un poco me doy cuenta de que no, y al sumar otro día le resto tiempo a otro lugar así que me está costando horrores terminarlo. Sé los sitios que quiero visitar, sé qué cosas no me tengo que perder, pero no sé en qué tiempo voy a hacer todo.

Me dirás que un mes es un montón y más que suficiente, pero cuando te gusta tanto un lugar y su historia te aseguro que un mes no es nada. Cuando me pongo a planificar pienso “mejor dejo esto para una próxima visita” y así ya vengo tachando varias cosas de la lista, con una pena tremenda pero con la firme convicción de que algún día voy a volver por la revancha.

Ni te cuento si hablamos de precios. Nunca, pero NUNCA, planees un viaje haciendo cambio de moneda en tu mente porque te vas a querer tirar del balcón. Obviamente todo es más caro en otro lado, más aún si hablamos de cruzar el charco (pista nº 1), y si a eso le sumamos las constantes fluctuaciones económicas de nuestro amado país… ¡Auxilio!

Por eso decidí que haga lo haga voy a priorizar la experiencia al despilfarro, gastaré lo debido en todo lo que sea conocimiento, tours, pasajes de tren/subte/colectivo, museos. Tendré que gastar en comida porque es el combustible que me mueve, pero el supermercado será mi gran aliado junto con el viejo y querido tupper. Por último quedarán las cosas para aprovechar: ropa y algún que otro recuerdo.

Los regalos quedarán para una próxima oportunidad porque si tengo que traerle algo a todos me fundo. Mi hermano va a ser más que feliz con las fotos de aviones, el resto de mi familia algo tendrá pero veré en el momento qué. Fotos y más fotos seguramente, porque si ya de por sí soy una loca de las fotos allá creo que me voy a acalambrar los dedos.

Así que esta semana voy a seguir delineando los últimos detalles de mi magical mystery tour (pista nº 2) porque la semana que viene llega mi mamá y tengo que mostrarle dónde voy a estar cada día. Ya tengo hecho un calendario artesanal, me compré otro de oficina para entregar a mis hospedadores, falta llenarlo y voilà!