Vamos a volver

¡Qué polémica frase en el contexto político actual de nuestra querida nación! El domingo fueron las PASO y desde ese día pasó de todo (!). Tengo el chiste fácil, sepan disculpar.

Como a nivel macro no puedo cambiar nada y quejarme no me hace más feliz sino todo lo contrario, decidí volver a este primer amor que tenía abandonado por cosas de la vida que en breve pasaré a comentarte. No sólo me incliné a escribir en un cuaderno, sino que le puse más pilas a mi emprendimiento.

*Voy a musicalizar el post con un descubrimiento de hoy: Marika Hackman

En el post anterior escribí bastante enojada respecto de una nueva tarea que me cayó inesperadamente y que no tiene mucha relación con mi trabajo en sí (tampoco con mis estudios ni con mis intereses profesionales). Luego de reflexionar y aplicar un poco de mi propia medicina (o sea, cambiar la actitud frente a la adversidad) estoy llevando este tema bastante bien. No te digo que ahora me encanta porque te estaría mintiendo, pero la rutina se fue aceitando y ahora yo tengo el poder de manejar a los demás de acuerdo a mis propios tiempos, algo que me tiene mucho más tranquila.

Si hay algo que aprendí del musical Spamalot es una frase ya acuñada por sus autores (el grupo cómico británico Monty Python) que resume un poco esta filosofía de vida que me ayuda a tomarme las cosas más tranquila y estar más feliz:

“Always look on the bright side of life”

Tan simple como eso: mirar el lado bueno de la vida. ¿Las cosas no salen como esperabas? Quizás el resultado inesperado sea mejor que ese que querías.

Si me siento bajón salgo a caminar y agradezco todas las cosas que doy por sentado y que me ayudan a estar bien: el sol, el aire que respiro sola (hay gente que necesita ayuda hasta para eso), que puedo caminar (hay gente que no puede), las plantas y sus aromas, mi casa y sus comodidades (tengo la fortuna de vivir sola en un lugar con todos los servicios básicos -y más- cubiertos, mientras que hay gente que no tiene ni agua potable), tengo una familia completa que me quiere y me apoya, aún tengo a mis abuelos vivos, el amor de mi perro, mis amigos y su compañía como familia que elijo, mi trabajo (hay gente que no tiene y lo busca desesperadamente) y que puedo animarme a emprender por placer y no por necesidad (lo que me lleva a dar pasos tranquilos sin la ansiedad que implica hacer algo de forma autónoma).

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Tantas cosas para agradecer y una enfocándose siempre en lo negativo, parece increíble. Lo cierto es que estamos seteados para vivir en estado de alerta, viene en nuestro ADN por nuestros antepasados cuya única manera de sobrevivir se basaba sólo en su instinto de supervivencia. Hoy en día ya no tenemos esos peligros inminentes que tenía el hombre primitivo, pero aún así es inherente a nuestro cuerpo el estado de alerta, la protección constante contra el potencial peligro, y por eso somos más propensos a prestarle atención a lo malo en vez de concentrarnos en lo bueno que nos pasa.

Se puede, no es imposible, y en pos de eso trabajan las técnicas de mindfulness y meditación que hoy en día parecieran estar muy de moda pero que son sumamente necesarias. No se trata solo de ponerse en estado zen, sino de valorar las pequeñas cosas que nos hacen felices, los triunfos cotidianos a los que no prestamos atención pero están ahí y son tan (o más) importantes que los fracasos. Si nos queda bien una milanesa pero se nos cayó el tenedor al suelo, puteamos por el tenedor pero no nos alegramos de que nos salió bien la milanesa. ¿Y qué es más importante? La respuesta siempre es la milanesa, no importa cuál es la pregunta XD

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Algo que pasó en estos meses de ausencia fue que me puse más a full con mi emprendimiento. Como me di cuenta de que sola no puedo, me propuse pedir ayuda. Así fue como me contacté con Joy de Tengo un plan para hacer una Mentoría personalizada y durante 3 encuentros me ayudó a encontrar las bases de por qué y para qué tengo tantas ganas de emprender, me dio un panorama inicial para marcar el terreno y lo más valioso es que me dio confianza para meterle más pilas.

Cuando terminé con Joy me contacté con Nico Marcuzzi para hacer su “Plan intensivo” en el que durante 8 sesiones tuve que la-bu-rar, y lo finalicé con un proyecto cerrado y listo para salir a la cancha a romperla. Nicole me ayudó a definir el tan preciado buyer persona o público objetivo, a reforzar todo lo que ya había trabajado con Joy con una vuelta de tuerca que se vio reflejada en el plan de acción, y a encontrar mi Ikigai para nunca perder el foco de lo que yo vine a hacer a este mundo.

No conforme con todo esto, Lali Bonomini de Lalicuadora y Hello Lila volvió de Berlín y puso fechas para su workshop sobre Passion Projects, así que con ganas de aprender más me mandé y fui. Después de 2 sesiones me quedé con muchas herramientas, no sólo para la vida emprendedora sino para la vida misma, se me volvió a activar el chip de la creatividad y de hacer algo que me apasione por el mero hecho de hacerlo y no buscando algo a cambio.

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La idea era crear un proyecto que muestre tu talento, eso que te apasiona y sabes hacer, sólo para entregarlo al mundo y que vean de lo que sos capaz. Así nació La Botica de Ayalén, un espacio donde la idea principal es compartir las cosas que me gustan, la gente que me inspira, los temas que me inquietan y todo aquello que me hace bien.

Soy la típica que siempre está pensando en los demás pero descuida mucho el amor propio, así que mi passion project no es sólo para mostrar todo lo que te conté antes sino para recordarme que el amor propio es importante, que tengo que cuidarme y ponerme como prioridad, no sólo física sino también (y sobre todo) mentalmente. Cuidar la salud mental es necesario para vivir en esta era tan llena de estímulos sin dejarse llevar por la vorágine de likes, opiniones de extraños y cambios algorítmicos que alteran el orden de las cosas como si fuera el mismísimo fin del mundo.

Pero pero pero esto no termina acá. Al estar más enfocada en el emprendimiento, en hacer cosas que me hagan bien, en ser más productiva y demás yerbas, se me hizo imposible seguir conviviendo con mi yo trabajador en la mesa de mi casa. Cada vez que quería comer tenía que correr todo mi material de trabajo y después volverlo a poner, o si me quería tomar un té con tostadas y queso o dulce de leche seguro algo terminaba manchado. En un momento de hartazgo le dije a mi papá “yo así no puedo vivir más, necesito un escritorio“, y empezó la búsqueda.

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¡Qué difícil es encontrar un escritorio que cumpla con las 3 B: bueno, bonito y barato! Todo bien con mis deseos de orden y progreso, pero tampoco estaba dispuesta a invertir una fortuna en un escritorio cuando mi prioridad es sacar adelante mi emprendimiento y todo, como ya lo sabrás, sale dinero.

Pensé que Tigre iba a ser una buena opción pero resultó casi tan caro como Palermo (porque el traslado te arranca la cabeza y viajar en tren en un escritorio medio que no da). Recorrí avenida Belgrano bajo la lluvia buscando y encontré 2 que me gustaron pero que se me iban un poco del presupuesto original (había asignado $5000 para el mueble). Estuve a punto de darme por vencida cuando un día, después de almorzar en la oficina, salimos a pasear con una amiga del trabajo por el barrio y llegamos al Mercado de Pulgas de Dorrego.

Ese día dimos sólo una vuelta, pero el sábado me levanté y tuve un presentimiento. Me fui sola al mercado, recorrí, pregunté precios, encontré 2 que me habían gustado pero nuevamente se me iban un poco del presupuesto (y no aceptaban tarjeta), hasta que ya resignada di una última vuelta y lo vi: un escritorio del tamaño perfecto, patinado en blanco con la superficie lijada y barnizada, un cajón con manija Hamilton, un claro exponente del vintage reciclado a nuevo. Temblé al imaginarme el precio pero pregunté igual y me quedé helada: ¡4200 pesos!

escritorio

Cuando los planetas se alinean y encontras eso que estabas buscando, no hay chance de que lo dejes ir. Dejé una seña, le avisé a mi papá (el que ponía la tarjeta y mi asesor financiero por excelencia) y me fui a pasear por Palermo feliz porque ¡por fin! había conseguido un escritorio que reuniera las 3 B y me solucione la vida emprendedora que estoy empezando.

La foto que muestro es de cómo quedó luego de un breve pero efectivo make-over del mueble. ¿Por qué breve? Porque durante la semana que tardó en llegar ya había pensado qué iba a poner, cómo iba a ubicar las cosas, qué iba a guardar en el cajón y qué taza iba a usar para tomarme el primer té en el escritorio. Un té sin tostadas con queso o dulce de leche porque para esa labor tengo la mesa, ahora despejada y lista para recibir sólo comida y no más papeles, computadoras, libros, etc.

Esto es un poco de lo que pasó este tiempo que estuve ausente. El post es largo así que si llegaste hasta acá te lo agradezco muchísimo ❤ Necesitaba escribir como antes, y aún tengo cosas para contar, como la Winter Christmas y el regreso de Le Monde Esthétique.

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