¡¿Qué me pasa?!

Estamos en otoño, una de mis estaciones favoritas del año. El otoño es el momento en el que más añoro volver al hogar familiar porque, como dije en un post anterior, en mi casa de Santa Fe tenemos árboles y las hojas caen tiñendo todo el pasto de color marrón. Pisarlas y deleitarme con el ruidito del “crunch” es un bonus track.

El otoño, sumado a una lista de reproducción de canciones tranquilas que me hacen sentir en un videoclip, me pone un poco melancólica y reflexiva. Ayer me puse a pensar en cómo deseaba salir del trabajo para volver a casa, ponerme el pijama y disfrutar de mis pequeños placeres como una taza de café con leche y una película. Estuve toda la mañana rogando que pasaran las horas para sentirme en armonía, en parte porque estaba cansada de 3 días seguidos y en parte porque en Aeroparque hace frío, mucho frío.

Al llegar a casa almorcé, miré un ratito la tele y después me puse a hacer eso que tanto quería: peli + café con leche. Llegar y sacarme la caparazón de “persona profesional” por el tan amado pijama es sentir que vuelvo a ser yo, que mi esencia adquiere todo su poder en mi cuerpo. Y mi esencia es bastante atípica si tenemos en cuenta que sólo tengo 22 años.

Acá es cuando me pregunto qué me pasa, porque cualquier persona “normal” de mi edad ruega que llegue el finde para salir de joda, romper la noche, emborracharse, conseguir novio nuevo, comprar ropa y zapatos, salir a los lugares de moda y volver a la mañana del día siguiente. Yo no. Nunca fui así, son testigos de ésto mis amigas de secundaria y de la universidad, ellas saben que sacarme de la comodidad del hogar era casi como misión imposible, pero es que yo me divierto de otra forma.

No es que sea una anciana precoz, te confieso que también me gusta (cada tanto) salir a bailar o a tomar algo a un bar con amigos, que comprar ropa y zapatos puede comprometer mi sueldo y por eso me cuido (mucho) para no terminar en bancarrota, me interesa conocer los lugares de moda aunque siempre llegue tarde, y el temita del novio… bueno, mi interés se basa por encontrar un chico culto y divertido, no un boludito canchero que sólo se preocupa por la joda y que si le digo que me gustan los musicales o leer novelas no me mire con cara de “WTF?”.

Mi diversión mayor es salir a pasear por la tarde, tomar un café con amigas mientras charlamos de la vida (porque yo sigo apostando al café de por medio siempre que puedo), ver musicales/series/películas/obras de teatro/ballets/muestras de arte, leer libros y blogs, empaparme lo más que pueda de cultura artística, leer revistas de moda (aunque después no compre nada de lo que muestran) y leer la revista Hola con detalles sobre la realeza. Me encantan las casas reales, no puedo evitarlo.

También me gusta (MUCHO) salir a andar en bicicleta, así que como no tengo una propia acá en Capital aprovecho las de la ciudad para salir a pasear. Cada tanto uso los rollers y, aunque me de un poco de miedo todavía, disfruto de la libertad de sentir el viento en la cara como si volara.

Afortunadamente gran parte de mis amigas de acá disfrutan de lo mismo que yo, nos sentimos muy identificadas y compartimos aficiones, hace poco con algunas creamos un club de lectura que se pondrá en funcionamiento una vez que la mayoría termine el cuatrimestre. Esas cosas me hacen feliz, me divierten, y aunque haya terminado hace poco un curso de bartender eso no quiere decir que tomar algo me ponga más “alegre”. Si cuento chistes tontos estando totalmente sobria a las 7 am te imaginarás que no necesito de alcohol para parecer un payaso.

Es curioso pensar en qué me pasa, cuál será el gen que me convirtió en esta persona que soy. Mis amigas de la universidad me decían Graduados y me jodían diciéndome que yo venía del pasado, que debería tener alrededor de 40/50 años y no 22. Una de mis amigas del trabajo me dice pequeño genio enlatado. Yo me río, no me da vergüenza admitir que no soy una chica común y corriente.

Aunque no te creas que todo es felicidad y risas en mi vida, como toda persona también tengo problemas y también me pongo de mal humor, sólo que soy una fiel seguidora de la creencia de que los demás no tienen la culpa de mis mambos y no tienen porqué aguantar mis caras largas, por lo que prefiero ponerle a la vida la mejor cara que tengo y cuando esté sola ya veré qué hago conmigo. Demasiados problemas tenemos todos como para andar amargando a los demás con los míos.

Y como toda chica joven, inmersa en un mundo en el que ser flaca y alta es un must have, también tengo mis complejos. Soy caderona por herencia y, la verdad, debería hacer más ejercicio del que hago para poder mantener un poco el eje de mi cuerpo. Tengo formato de pera, así que comprar pantalones para mí es una tortura y un llanto asegurado porque las marcas no respetan la ley de talles y el 42 es el 32 entonces así no hay autoestima que aguante. La única marca que siempre me salva y me hace sentir bien es VER, que encima tiene el plus de ser una marca accesible y con cosas preciosas.

Ha sido este un post bastante femenino, así que mil disculpas a mis lectores masculinos. Aunque no sé eh, creo que es una buena forma de conocer la mente femenina y tratar de entenderla.

4 comentarios en “¡¿Qué me pasa?!

  1. Sil dijo:

    Me siento re identificada con vos, creo que ya te lo dije.
    Me pasa, por ejemplo, cuando mis compañeros de trabajo me preguntan qué hice el fin de semana, y yo contesto que fui al teatro, se quedano_O WTF? como no sabiendo cómo reaccionar. Y lo peor que me pasó una vez, en una fiesta charlando con un chico me pregunta mis hobbies, y yo le dije que hacía danza clásica, me miró y se empezó a reir. Le pregunté qué era lo que le causaba tanta gracia. “Es que me acordé de algo gracioso”. TE JURO que me respondió eso. ¿Dónde estarán los hombres como los que buscamos nosotras?
    Saludos!🙂

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    • algobonito dijo:

      Según mis investigaciones (?) los hombres como los que buscamos nosotras están en el hemisferio superior del planeta o en en otros lugares del inferior, un poco lejos de donde estamos nosotras o muy bien camuflados. Dicen que lo que cuesta en llegar al final se disfruta más, no sé qué hay de real en eso la verdad, jaja!
      El imbécil que se te rió en la cara va a terminar con lo que se merece, así que tranqui. Yo creo que nuestros gustos no son tan raros, sólo que no son apreciados en el tiempo y espacio en el que vivimos.
      Muchos factores me indican que debo viajar un poco más para encontrar al afamado príncipe pitufo, jajaja!
      Saludos!

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