AMIGOS

Hoy, mientras venía desde casa en el taxi, me puse a pensar en mis amigas, en cuánto las extraño, y lo feliz que estoy de haber hecho nuevos amigos acá.

Ya pasaron 4 años desde que me mudé, con todo lo que eso implica: dudas, nervios, incertidumbre, ilusiones, miedos, etc. Al principio fue una adaptación rara, de ser la niña mimada del hogar a ser una persona independiente que debe despertarse sola todas las mañanas para ir sola a la universidad y volver a cocinarme para almorzar sola en casa. Y fue duro.

No porque haya tenido que recorrer este camino de adaptación sola, sino porque el cambio fue muy grande. Siempre me despertaron mis papás con el desayuno hecho, papi me llevaba a la escuela o en verano me preparaba la bici, volvía y me esperaba con el almuerzo hecho, de ahí me despertaban de la siesta para ir a mis actividades de la tarde y después nuevamente la cena hecha. Nunca dependí de mí misma, siempre tuve todo listo esperándome, entonces acostumbrarse a tener que sobrevivir sin esos pequeños lujos es jodido.

Aunque podría haberlo sido más de no haber encontrado tan buenos amigos acá. Cuando me escuchan hablar de mis amigos parece que tengo un montón y desparramados por todos lados, la verdad es que no, no tengo un montón, aunque sí desparramados por todos lados. Mis amigas de la vida en Villa, mis amigos de la vida en Capital, mis amigos de la facultad, mis amigas del laburo.

Parece mucha gente, pero de cada lugar son pocos. Porque una cosa es tener muy buenos compañeros, pero otra cosa son los amigos. Aprendes a cultivar la amistad a la distancia, a extrañar pero cada vez menos.

Cuando recién me mudé pasé algunos días llorando porque extrañaba, principalmente a mis amigas. Todas armando sus vidas en Santa Fe y juntas, yo armando mi vida en otro lugar pero acompañada por otras que no eran ellas.  Ahora superé esa etapa dramática, pero las sigo extrañando.

Aunque no siempre pueda verlas cuando voy, yo se que ellas siempre van a estar para mí. Porque un amigo no necesariamente te entiende en todo, si no lo hace sabe escucharte, aconsejarte, decirte si lo que estás haciendo está bien o vas por el lado oscuro de la fuerza. El caso más parecido a ésto es mi amiga la Colo, ella ha hecho cosas altamente locas en su vida que quizás yo no entiendo, pero estoy con ella y la escucho. Lo mismo ella cuando yo tengo mis mambos. Somos amigas desde los 5 años, la conozco más a ella que a mi propio hermano, cómo no intentar entenderla o al menos apoyarla?

Y así con todas mis amigas. En Villa las historias se cruzan constantemente, es un lugar chico como para no conocer a las personas de tu edad, y así fue como tres ex alumnas del jardín donde trabaja mi mamá terminaron siendo mis mejores amigas. O cómo la vecina de a la vuelta que después hizo ballet conmigo terminó siendo mi hermana de la vida. Lo que en el mundo son 6 grados se separación, en Villa son 3 (o menos).

Las extraño. Antes era demasiado, después pasó a ser mucho, y ahora ya me estoy acostumbrando. No es que no las extrañe como antes, pero una aprende a vivir con la distancia. Mis amigas de acá me ayudan a no extrañar tanto a las de allá, aunque hay pequeñas cosas que sólo las de allá entienden y yo me río en silencio pensando “uuuuy mirá si lo hubiera visto fulanita”.

Como podrán ver, me refiero más a amigas que amigos. Nunca fui muy dada con los hombres (no como algunas chicas que tienen más amigos hombres que mujeres), nunca viví el tema de los celos con las mujeres como para tener algún problema (aunque reconozco que somos unas histéricas, pero en nuestra histeria nos entendemos), y no es que tenga algún problema psicológico que no me permita entablar relaciones amistosas con los hombres, simplemente no se dan tan seguido. A qué voy, tengo amigos pero no tantos como amigas. A mis amigos los quiero como pequeños hermanitos, y digo pequeños porque me sale más el instinto maternal que el de par. Termino siendo un poco goma pero se me hace que solos no pueden. Hasta con conocidos que aprecio soy así.

En fin, mis amigos son la familia que elegí. Son esas personas que a pesar de tooodas mis excentricidades siguen estando al lado mío. Son esos que me dicen que soy especial porque no soy normal, pero de alguna forma mi anormalidad les hace bien. Son los que cuando me caigo me levantan, y luego se aseguran de sostenerme. Son todo, son parte de mí.

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