Qué decir si no hay nada

Hay un ejercicio de escritura que te pide que escribas todo lo que se te pasa por la mente, sin filtro, en una comunión directa e intensa entre lapicera, mano y cuaderno. Cada tanto lo hago, y es increíble cómo poco a poco los pensamientos se aflojan y la mano “va sola” mientras escribe todo lo que me pasa, todo lo que siento y ocupa lugar, para bien o para mal, dentro mío.

La verdad es que no soy muy buena escribiendo cuando no sé qué decir, así que acá estoy probando el ejercicio de escritura pero en el blog para ver qué sale. En el post anterior conté un poco qué me estuvo pasando estos últimos días, mi revolución mental en donde busco (y sigo buscando) qué hacer con mi vida, con mi trabajo, con la danza. Escribí más en profundidad en la intimidad de mi cuaderno, ese que me acompaña a todos lados como fiel testigo de mi vida.

Ahora, en la soledad de la noche mientras no puedo dormir, quiero escribir algo y no puedo. Tendría que haber dedicado mi noche a hacer un tp de la facu pero a la creatividad le mandamos un besote; podría haber hecho algún otro trabajo pendiente pero no; podría incluso haber leído un libro que vengo acarreando para todos lados como obligándome a leerlo, pero tampoco.

¿Cómo decir algo si no tengo nada para decir? Sigo tratando de acomodar mis ideas, me falta un poco de tiempo para poder sentarme a planificar, o quizás me falta la disciplina para organizar mejor el tiempo y ponerme de una buena vez a programar un poco este futuro incierto que me agobia. Y sí, suena tremendo, pero me agobia no saber qué hacer, para qué lado correr, tener pistas pero no poder ordenarlas.

Eso me pasa: sé qué cosas me gustaría hacer, pero no sé cómo ordenarlas para que sean entre todas una sola y me permitan caminar hacia ese objetivo. Sé que quiero seguir escribiendo sobre musicales, quiero cantar, quiero viajar, quiero leer, quiero tener un emprendimiento de asesoría en redacción de contenidos, quiero recomendarle a la gente qué musicales puede ver acá y en el exterior, quiero que me paguen por ver musicales, quiero que me paguen por estar en musicales, quiero hacer conciertos en cafés, quiero viajar a bordo de cruceros y que me paguen por cantar.

Y sé qué no quiero: no quiero seguir respondiendo preguntas tontas, no quiero seguir haciendo lo mismo, no quiero estancarme, no quiero marchitarme en el mismo lugar, no quiero que pasen otros 7 años así, no quiero que se me pase la vida esperando algo. No quiero volverme una amargada que se arrepiente de no haber arriesgado nada por miedo, no quiero seguir quejándome, no quiero madrugar más, no quiero tener que salir de mi casa obligada a las 5 am, no quiero que dormir sea lo mejor de mi día.

Tengo sueño, ya no puedo pensar muy bien. Mis ojos están dormidos, yo estoy dormida, y todo esto que digo puede no ser tan catastrófico con un café y 8 horas de sueño. No tengo más nada que decir, por mi mente no hay otro pensamiento que no sea dormir, llegar a casa rápido y dormir.

 

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