mi barrio

De vacaciones en casa

Todo concluye al fin… y a mí se me terminó la joda. Después de 18 días en casa volver a la rutina cuesta, sobre todo porque encontrarme con la heladera vacía luego de los cortes de luz me presentó un panorama más que desolador. ¡Al abrirla inmediatamente me quise volver!

Desde que empecé a trabajar en Aeroparque, nunca volví a pasar casi un mes en mi casa, siempre iba una semana y ya me tenía que volver, así que estos días fueron como una vuelta a la vida de familia que, la verdad, ¡me encantó!

Cuando uno vive lejos de los suyos pasa por lo que yo llamo “la dicotomía de las dos casas“. ¿A qué me refiero? A que tanto a la casa familiar como al departamento personal les decimos “casa”, y el interlocutor tiene que andar adivinando a cuál de los dos hogares hacemos referencia. Sumado a que, al menos en mi caso, me siento cómoda en ambos lugares, por lo que tanto allá como acá me siento en mi hogar.

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Volví y me encontré con las mismas rutinas familiares que dejé en enero del 2009. Lavar los platos o barrer, poner la mesa, secar los platos… lo único que agregamos es que ahora el perro es más chiquito y su lugar es el patio de adelante, así que cada vez que hay que sacar el auto es todo un operativo para agarrarlo y que no se escape.

También me junté con amigas que hacía mucho que no veía, charlamos un montón, tomamos tereré, té, mates, y me divertí metiéndome en el río contra toda advertencia por la crecida. Es que cada tanto me agarra la faceta aventurera y es mejor dejarla ser.

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No me quedé todos los días en VC, un día nos fuimos con mi familia a Firmat a conocer a Flor de Firenze Casa de Té, y en el camino de regreso paramos un ratito en Bombal. Fue un lindo paseo en el que recorrimos dos lugares que no conocíamos, jugamos como chicos con mi hermano, nos divertimos viendo el tren y comentando sobre los tres prófugos que justo por esa fecha andaban de paseo por Santa Fe.

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Si te digo que comí como una campeona, ¿me creés? ¡Espero que sí! Porque con lo que me gusta comer, me aproveché de las dotes culinarias de madre, abuela, cuñada y padre para darme una panzada de aquellas. Comí casi todas mis comidas caseras favoritas, así que a partir de hoy empieza lo que en mi familia llamamos “una dieta violenta“.

Pero lo mejor de mis vacaciones fueron los momentos compartidos con Benja. Parte de mi decisión respecto a la fecha de mis vacaciones fue por él, que cada día se hace más grande y en cualquier momento va a dejar de creer en Papá Noel y los Reyes Magos, así que no me quería perder verlo abrir los regalos y esperarlos lleno de ilusión. Además este año me volví una tía bricolaje y le fabriqué un barrilete para Navidad, por lo que quería ver cuál era su reacción.

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¡Si hubiera podido grabar su carita de felicidad! Para él todo fue magia, desde las cartitas hasta la apertura de los regalos, y vivió todo tan lleno de ilusión y alegría que me conmovió verlo tan feliz. Su inocencia me llenó el alma, porque él me preguntaba todo sobre Papá Noel y los Reyes Magos, dónde estacionaban los renos, cómo hacían los reyes para entrar a la casa si estaba todo cerrado, y por unos 5 días los nombres de Melchor, Gaspar y Baltazar fueron una constante en nuestra casa.

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Me alegró encontrar bien a mis abuelos, otro motivo por el que quería pasar las fiestas en casa. Ellos ya son grandes, nunca se sabe lo que puede pasar, y no quería quedarme con la sensación de no haber compartido una Navidad con ellos. Me encantó compartir las tardes tomando tereré y hablando, que ellos me cuenten sus historias y me pregunten por las mías, compartir nuestras impresiones sobre Benja, hacer chistes y reflexionar escuchando música clásica en el patio.

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Hay cosas que nunca cambian, por suerte, y comprobarlo me puso feliz. Volver a casa es volver a ser la chiquita, la mimada, la que mira la novela y se banca los programas políticos como una campeona. Estar en casa es compartir charlas con mis papás sobre cualquier tema que te puedas imaginar, reírnos con las payasadas de nuestro perro, compartir mates y comidas, ver películas de acción con mi hermano, jugar con mi sobrino, encontrarme con amigas, disfrutar a pleno de mi cama a la siesta y a la noche, meterme a la pileta si hace mucho calor, salir a andar en bici a la tarde y tener la mesita de luz repleta de libros.

¿Cómo no me va a gustar volver a casa si estar allá implica todo eso? Amo volver a casa, no me mudaría definitivamente otra vez pero sí me gusta visitar, compartir, disfrutar de esos momentos que hacen de nosotros una familia. Con lo ruidoso que fue este enero, entiendo si mis papás se sienten solos en marzo. Debe ser raro tener la casa vacía, será por eso que se compraron un loro…

pancho

Así que este año si bien va a ser un poco agitado, haberlo comenzado rodeada de mi gente me dio las pilas necesarias para empezar con todo. Espero que vos también hayas tenido un buen comienzo y que todo vaya para mejor😉

2 comentarios en “De vacaciones en casa

  1. Paloma dijo:

    Me pasa lo mismo cuando voy a visitar a mi familia… después de estar unos días con ellos en mi casa, ir a pasear a la laguna, descansar y comer rico, el volver para Buenos Aires es muy duro! Cuando estás allá, te sentís mejor, respirás otro aire. A mí me pasa que vuelvo y a los cinco minutos ya empiezo a sufrir el tráfico, el calor, el smog, jaja. Saludos!

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