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El niño con el pijama a rayas

Hay libros que aparecen en la vida para dejar huella, no sólo por la historia sino por el lugar donde los leés. Estos libros son maravillosos, porque pase lo que pase nunca los vas a olvidar. Y así me pasó con El niño con el pijama a rayas cuando lo leí… en Alemania.

Siempre me llamó la atención este libro, recuerdo haberlo agarrado una vez en El Ateneo porque pensé que se trataba de una novela infantil, ¡qué ilusa! Al final no lo compré, y cuando salió la película me dijeron que era triste así que no la vi. Pero se ve que estaba destinada a leerlo y en Frankfurt me encontró, era el único libro que Anne tenía en español así que al verlo me lancé a la aventura de leerlo y me atrapó, me conmovió, me dejó helada y lloré, lloré como hacía tiempo que una historia no me hacía llorar.

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Porque encima de que el relato es triste, estaba leyéndolo en el país donde pasó todo y la conexión fue muy fuerte. Empecé el libro la noche del viernes y lo terminé el domingo a la tarde en el tren de regreso de Saint Goar, así que te imaginarás que me lo devoré, y es que si bien no es largo yo estaba paseando y no tenía mucho tiempo para dedicarle a la lectura.

Recuerdo las lágrimas cayéndome por las mejillas mientras lo terminaba en el tren, recuerdo esa sensación de impotencia e incredulidad que me abrazó y me dejó inmóvil por un rato. Algo adentro mío no podía asimilar que quizás una historia así pudo haber sucedido en verdad, miraba alrededor y me daba cuenta de que estaba ahí, en esa tierra donde hubo tanto sufrimiento, tanta matanza, donde un loco se levantó e hizo desastre, y no pude más que llorar de tristeza y de agradecimiento, por no haber nacido en esa época, por no haber vivido eso, por no haber estado ahí.

Quizás fue un pensamiento egoísta, pero yo no soy precisamente el ideal de raza aria que Hitler pretendía así que en esas circunstancias probablemente habría muerto. También me imaginé a mí frente a ese alambrado, teniendo del otro lado no a un niño sino a todas las cosas que no conozco, que juzgo sin saber, que me atemorizan, que me desafían. Sentí al libro como una gran metáfora de la vida, y me pegó en todos los aspectos que uno se puede imaginar.

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Pero todo esto viene a colación porque el martes vi la película y me quedó la misma sensación que sentí cuando leí el libro; me quedé helada, triste, pensativa. Como no tenía clase de Integración no tuve mejor idea que elegir esta película para pasar la tarde antes de la gloriosa siesta, y me fui a dormir con una sensación extraña.

La película es bastante fiel a la historia original, y le puso imágenes a todo eso que me había imaginado un año atrás. Verla fue verme en ese tren, y casi te podría decir que sentí los mismos aromas que había sentido en el transcurso de mi lectura. Por eso digo que hay libros que aparecen para dejar huella, porque es increíble que aún recuerde y sienta las mismas cosas que aquella vez.

¿Cómo describir la sensación de impotencia al ver los ojitos inocentes de Bruno creyendo que iba a buscar al papá de Schmuel? ¿Cómo reprimir esas ganas de gritarles que no vayan para allá, que salgan para el otro lado? ¿Cómo no llorar amargamente cuando Elsa se da cuenta de todo? ¿Cómo no querer pegarle a Ralph por no darse cuenta de que lo que hacía era una locura? ¿Cómo no identificarse con Gretel por embelesarse con el lindo del Teniente Kotler? ¿Cómo no querer agarrar a trompadas al Teniente Kotler? ¿Cómo no sentir el impulso de abrazar a Pavel cuando lo maltratan?

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Puede que no haya vivido en esa época, no haya nacido en esa tierra y ni siquiera sea judía, pero es imposible no identificarse con esta historia. Más allá del trasfondo político-social, en la familia de Bruno pasan cosas como en cualquier otra familia, y en mi caso como mi papá también es militar pude identificar ciertas reglas que sólo la gente con padres militares puede entender.

Así que fue un combo completo que me marcó y me sigue conmoviendo. Recomiendo sin lugar a dudas este libro, creo que junto con El diario de Ana Frank es una historia que todo joven debería leer, porque aunque la de Bruno sea ficticia está redactada desde su óptica y todo parece real, te cambia la perspectiva con la que ves tu mundo y te ayuda no sólo a entender varias cosas sino a agradecer que no estás ahí, que vos no sos el protagonista de esa historia, y que a pesar de todo lo malo que pueda llegar a pasarte nada, absolutamente nada se compara con el sufrimiento de estos chicos que sin comerla ni beberla tuvieron que ser testigos de uno de los episodios más crueles de la historia del mundo.

2 comentarios en “El niño con el pijama a rayas

  1. Paloma dijo:

    Ayy, sí, te entiendo… yo vi la película también, y te deja conmovida un buen rato, que no podés terminar de entender tanta maldad!
    Por más que una sabe que es ficción, es terrible cuando te ponés a pensar la cantidad de historias mucho más crudas que pasaron (y pasan todavía)…😦

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