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El flagelo de la modernidad

Confieso que he pecado: soy una celu-adicta. Me di cuenta la semana pasada cuando cada vez que quería estar tranquila para leer un rato en vez de agarrar el libro en cuestión terminaba agarrando el celular. ¡EL CELULAR!

Ahí comienza una serie de sucesos que, tal y como es imaginable, es casi imposible de parar. Primero agarro el celu para ponerlo en silencio pero OH! tengo conversaciones de WhatsApp, las leo, contesto y después me fijo Facebook a ver si tengo alguna notificación. Como es muy probable que tenga, las leo, las contesto, y de paso me fijo el inicio para ver qué hay de nuevo. Me cuelgo, reacciono que quería leer y cuando me dispongo a dejar el celu me llega un mail. Lo leo o lo elimino, pero también entro a Twitter a ver qué noticia hay en la actualidad nacional e internacional, ahí una foto me lleva a Instagram, me cuelgo otra vez viendo fotos y veo una que me lleva a un blog que termino leyendo. Y de ese blog salto a otros, porque nunca es suficiente. Ah, y me olvidaba de la aplicación de The Guardian que me hace ir de un artículo a otro y de ahí, quizás, a alguna investigación o reporte más amplio sobre lo que contaba la noticia.

Sí, es una rueda imposible de parar. El celular, con sus infinitas aplicaciones, me tiene cautiva y por más que quiera siempre hay algo que me invita a seguir. Además me faltó mencionar la música, que la llevo hasta cuando me voy a bañar para cantar en la ducha, y YouTube que me acompaña cuando almuerzo mientras miro stand up.

Lo bueno de haberme dado cuenta de esto es que ahora a la noche trato de alejar el celular una media hora antes de irme a dormir, cosa de no tener estimulados los ojos y acostumbrarlos a la penumbra. No sé si será de alguna utilidad, pero aún así me quedo escuchando la radio y no puedo agarrar ese libro que me mira humillado desde febrero, sin entender cómo es que siendo él tan interesante yo me entretengo con otra cosa.

Mi bebé

Mi bebé

Es realmente un flagelo de la modernidad esto de ser tan esclavos del celular, porque no es algo que me pase sólo a mí. Noto que casi todos mis amigos están pendientes constantemente de sus smartphones, y hay gente que está incluso peor que yo, como los selfie adictos y los que sacan fotos en todo momento para mostrar lo felices que son en vez de limitarse a disfrutar ese instante de felicidad. Esto es algo que no entiendo, cómo es que hay gente que piensa más en cómo va a quedar la foto que van a subir al Instagram en vez de en lo lindo que está el cielo ese día.

Por suerte todavía tengo la capacidad de regular esta adicción y soy lo suficientemente prudente para alejar el celular de mi mano cuando estoy con gente, de hecho me molesta cuando le estoy hablando a alguien y esa persona está con la cabeza gacha mirando el celular. Generalmente esta necesidad de ver las redes me agarra cuando estoy sola y/o aburrida, porque cuando hay alguien con quien puedo interactuar me olvido del celular y puede quedar colgado todo el rato sin darme cuenta, más aún porque siempre lo tengo en vibrador así que si alguien me llama o me manda un mensaje no lo voy a sentir.

Quisiera encontrar alguna “cura” para esto. Necesito poder sentarme a leer y concentrarme sólo en eso, sin estar pendiente del aparatito nefasto que aunque me sirve para muchas cosas, no me estaría ayudando con el propósito de leer todos mis libros pendientes. Y leer es algo que amo, por eso no entiendo cómo es que me puede más la tecnología que un libro.

Lo loco de todo esto es que por más abandonada que tenga la lectura, mi biblioteca sigue en constante expansión. Ver cómo los estantes se van llenando de libros me llena de orgullo, así que yo al no tener gato creo que en un incendio salvaría mis libros favoritos. Y a Frankie, claramente😉

7 comentarios en “El flagelo de la modernidad

  1. Sil dijo:

    Yo no tengo celular smart pero cuando estoy en mi casa está la notebook prendida todo el tiempo. Tiene que cortarse la luz o internet para que me ponga a leer, y me da bronca, porque me encanta leer pero internet me atrae mucho más.

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  2. Neri dijo:

    Me pasa exactamente lo mismo… lucho con esa cadena interminable de distracción con las aplicaciones. Aunque, casi siempre, lo tengo en silencio,eso no es impedimento para nada. Cuando me doy cuenta de lo que estoy haciendo pongo el celular lejos y listo.
    Es triste ir por la calle y ver gente tan metida dentro de la pantalla; es como si el celular fuese una extensión de su cuerpo.
    El secreto está en moderar el uso, como todo jaja

    Un beso!

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  3. Paloma dijo:

    Es un mal de nuestra generaciónnn!!! Me gustaría que al juntarme con mis amigas, los pusiéramos en una cajita, como supuestamente hacen algunos restaurantes. Es muy molesto hablarle a alguien y que tenga la cabeza baja, con los ojos fijos en la pantallita!

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