Se fue

Hoy tenía programado otro post pero tengo tal nudo en la garganta que necesito escribir para sacarme esta angustia de encima. Necesito llorar, desahogarme, poner en palabras lo que siento. Ayer mi perro se fue para siempre, y aunque fue lo mejor el dolor es muy grande.

apolin

Apolo no se quiso ir solo pero pidió ayuda para poder pasar a otra vida, fue un perro fuerte hasta el final, dio todo por nosotros pero el cuerpo ya no pudo más. La decisión más difícil fue tomada ayer al mediodía, cuando la situación ya no daba para más y se lo veía sufrir demasiado.

Desde un primer momento yo les pedí a mis papás que en cuanto lo vieran sufrir mucho lo ayudaran a dejarnos. No es fácil, no es lindo, no es divertido, pero para qué dejarlo vivir siendo egoísta si la calidad de vida ya no es la misma, si no puede ni siquiera ir a hacer sus necesidades porque le cuesta mucho moverse, si no come, no levanta la cabeza, y te mira con cara de “por favor ayudame“.

Ser egoísta y pensar sólo en cómo nosotros nos vamos a sentir con su partida, es lo peor que podemos hacer. Ellos vienen a este mundo a dar tanto amor, que dejarlos vivir sufriendo por el simple hecho de tenerlos es una crueldad.

Los perros no saben de razas, religiones, físicos ni enfermedades, ellos sólo se dejan guiar por el amor hacia su amo, y entregan todo para hacerlo feliz. Apolo fue una luz cuando más lo necesitamos, durante toda su vida fue un motor encargado de mandarse macanas para hacernos reír, gritar, correr, saltar, preocuparnos y divertirnos. Nuestra vida estaba pasando por un momento muy triste cuando él llegó, y con dos morisquetas se ganó el cariño de todos.

¡Fue un perro tan esplendoroso! Apolo era gallardo, peludo y suave, tan suave que parecía de algodón. Su carita era muy expresiva, y su capacidad para querer redecorar el patio no tenía límites. Se llevó bien con los teros mas no así con los gatos, a quienes los perseguía con un odio visceral. Nunca supimos de dónde sacó esa negación hacia los felinos, pero cada vez que aparecía uno sobre nuestro tejado él le ladraba y le saltaba como si fuera LA amenaza.

Apolo fue nuestro bebé, era el preferido de mi papá y estaban muy unidos siempre. Él hacía todo lo que mi papá le decía, era al que más respetaba aunque nunca se sobrepasó con nadie. Sentía devoción por mi papá, y a Benjamín lo cuidó desde que lo conoció, como si supiera que era el miembro más chiquito de la familia.

Él era mi cosita hermosa, mi bebé, mi amigo, mi amorcito peludo. Lo voy a extrañar horrores, va a ser raro llamar a casa y no volver a preguntar por él. Lo único que me queda es la certeza de que fue un perro feliz, y nosotros fuimos muy felices por tenerlo a él. Le dimos todo, no sólo cuidados sino también mucho amor, y él a cambio nos llenó de toda su vitalidad y fidelidad, hasta el último suspiro de su vida.

Donde quiera que esté sé que está junto a Jaime y mi tía Rosa, juntos los tres nos cuidan y se ríen de cómo mis papás siguen jodiendo con Toto, el chiquitín de la casa. Los tres nos van a proteger, como tres estrellas preciosas, y aunque acá los extrañemos sé que allá nos esperan.

¡Hasta siempre Apolo!

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