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Payasos yo no los quiero pero…

Cuando cumplí 10 años hice un pijama party y entre mi papá y mi hermano no tuvieron mejor idea que alquilar “It, el payaso asesino” como la película de terror de la noche. Me quedó un trauma bastante polémico, no podía ir a mi cuarto sola porque al lado de la puerta de mi casa hay un cuadro de un payaso que le habían regalado a mi hermano cuando era chiquito, no me podía ir a bañar sola porque me daba miedo, y no me podía lavar la cara tranquila porque la escena en la que sale sangre del grifo me quedó grabada a fuego. ¡Y ni te digo el tema de las alcantarillas!

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Los únicos payasos que siempre me cayeron bien son los callejeros, porque los de circo que están todos pintados me dan tristeza, siento que no son felices y que sus sonrisas son falsas. En cambio, los payasos callejeros están muy poco pintados y los siento más genuinos, será porque el público está mucho más cerca que en los circos comunes y, además, de nuestro entretenimiento depende su comida.

Con mis papás somos de esos que se cuelgan en la ronda viendo a los payasos o magos callejeros, nosotros nos quedamos todo el show y nos ponemos a aplaudir como si fuésemos criaturas. En cuanto a la contribución el más generoso siempre fue mi papá, de hecho me acuerdo una vez que le dio $20 al payaso y el chico casi se puso a llorar de la emoción. A mí me gusta poder ayudar pagando como si fuera una entrada, después de todo es un espectáculo que me entretiene.

De todas formas entre un payaso y alguien que hace stand up, probablemente me decante por este último, al menos en Buenos Aires. Cerca de mi casa no hay muchos espectáculos callejeros que no tengan nada que ver con el tango, así que para verlos tendría que irme a un parque o anda a saber adónde se esconden en época de clases. Nosotros siempre los vimos en las vacaciones en la playa, porque al menos en Las Grutas están cada dos esquinas haciendo de las suyas para entretener al público a falta de otra cosa.

Cuando en su momento salió la noticia de que había payasos diabólicos en las calles de Northapton (Inglaterra) que se paraban en las esquinas para asustar a la gente, me agarró terror de sólo pensar que a algún loco se le podría ocurrir copiar esa jodita acá. Por suerte aún nadie apareció, así que me quedo con la imagen de los payasos buena onda que me encontré este año en las vacaciones.

Por eso creo que la profesión de mi futuro marido no será ésta, no podría soportarlo, no vaya a ser que termine diciendo “los globos flotan, George…” y se aparezca así, repentinamente, entre las sábanas tendidas en el patio.

2 comentarios en “Payasos yo no los quiero pero…

    • algobonito dijo:

      Ay yo ni podría leer el libro, creo que moriría al segundo capitulo. Una amiga la volvió a ver hace unos meses y dijo que se rió de lo mala que es, pero por alguna razón yo no puedo volver a verla.
      Gracias por pasar Sil!

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