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De patito a cisne

Hoy siento la necesidad de hablarte desde lo más profundo de mi corazón, no sólo reflexionando sobre las cosas que me pasan en la vida o aquellas que me gustan sino sobre mí, cómo me veo y cómo me he ido aceptando a lo largo de estos casi 24 años de vida.

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No es fácil ser alguien distinto en un mundo en el que si sos joven tenés que tomar, fumar, salir y, encima, ser flaca y linda para poder decir “yo viví”. Para alguien como yo que juntaba cada peso para ir a ver musicales, que se cambiaba y maquillaba para terminar optando por quedarse en casa a ver una película, estos parámetros del “ser joven” nunca fueron justos. Nunca me sentí identificada, y si bien tuve mis aventuras adolescentes como todos, no puedo vanagloriarme de haber sido una rota cada fin de semana.

Pero más allá de eso, el tema del aspecto físico siempre fue un gran problema para mí. Nunca fui alta, ni flaca, ni blanca, ni caribonita. No tengo los ojos claros, soy caderona, uso lentes y cuando era más chica también usaba brackets. Siempre fui el patito feo de mis distintos grupos de amigas, o al menos así me sentía, y cuando todas tenían novio yo ni siquiera sentía la necesidad de molestarme por gustarle a alguien porque toda la vida estuve más ocupada en satisfacer mis gustos personales, más aún sabiendo que no era el prototipo de chica que gustaba a simple vista.

Tuve muchos problemas con aceptarme, nunca fui problemática en el sentido de tener problemas alimenticios porque me gusta mucho comer y disfrutar de la comida, pero en ese placer al comer fui encontrando consuelo por las cosas que no salían como yo quería, y mientras más me quejaba por las formas de mi cuerpo menos hacía para cuidarlo.

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Nunca fui una persona muy atlética, ir al gimnasio me aburre y no tengo la disciplina para salir sola a hacer ejercicio, con lo cual siempre tengo que tener a alguien al lado o hacer danza para sentir cierto incentivo para mover el esqueleto. Lo hago, pero no es mi debilidad como sí lo es quedarme sentada leyendo o escribiendo o viendo una serie. Y así fui sumando kilos, tristezas, golpes internos a ese envase que no me refleja tal cual soy pero que tampoco me ocupo de cambiar.

Habiendo aceptado que nunca iba a ser la chica alta, flaca, femenina y carilinda que atrae de una, me enfoqué en ser esta especie de nerd de los musicales que ama leer, ver series, aprender, viajar. Es feo sentir que sos alguien casi completo y que esa brecha la marca lo exterior, porque la imagen parece que define todo pero no es así, y a mí me estuvo llegando todo este tiempo una imagen desvirtuada de mi misma.

Aprendí con el tiempo a aceptarme, sabiendo que si yo no hago algo mi cuerpo no va a cambiar, que si bien hay cosas como la altura o el color de mi piel que no puedo modificar, el contorno sí y depende sólo de mí. El año pasado pude ver que existen lugares donde hay algo más que la imagen, que las chicas de todos los tamaños consiguen talles para vestirse bien sin necesidad de recorrer media ciudad ni gastar fortunas.

Así que también entendí que quizás es esta sociedad que me rodea la que moldea la forma negativa que tengo de verme, que a lo mejor no es todo mi culpa sino de lo que por todos lados me venden. Porque no hay lugar donde las chicas “lindas” pesen más de 55 kilos, porque en la tele o sos Adele o sos una modelo 90-60-90, porque en la calle el chico promedio a una chica como yo no la mira si al lado tiene a una chica perfecta. No hasta que llega a conocerme, y si se toma la molestia de hacerlo.

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¿Por qué escribo esto? Porque a medida que voy creciendo me doy cuenta de que está bueno cada tanto rever qué pienso de mí, qué le pasa a mi mente cuando me miro al espejo, porque esto también es parte del proceso de quererme y aceptarme tal cual soy, conociendo mis fortalezas y mis debilidades. Y porque pasan los años y hay preguntas que surgen como por ejemplo “¿me casaré algún día?” o cosas así.

Aprender a aceptarse y a convivir con las partes de mi cuerpo que por más que las adelgace no van a cambiar demasiado (como mis caderas) es esencial para quererme más, para sentirme más linda, para afrontar la vida con otra actitud, para que lo que piensen los demás sobre mí me importe tres cacahuates y para ser un poco más feliz.

Las mujeres vivimos bombardeadas todo el tiempo de imágenes que reflejan el ideal de mujer que tiene la sociedad en la que estamos, y lamentablemente en esta sociedad si tenés unos kilos de más ya sos “la gorda“, porque no encontrás talles, porque todo te queda chico, porque la ropa que se usa a vos te queda mal.

Por eso si vos sos como yo, que considerás que físicamente tenés más defectos que virtudes, empezá a mirarte con otros ojos, fijate que hay belleza en todos, que nadie es perfecto por más que el envase te haga pensar que sí, que todos envejecemos y que lo que hoy es lindo mañana tal vez ya no lo sea más, y que vos sos único e irrepetible y eso es lo que te hace maravilloso. Más allá de lo que digan los medios, de cómo te sientas entre tus amigas, de lo que tu cabeza piense, siempre acordate que vos sos perfecto con tus defectos y virtudes, porque esas singularidades son las que te definen y destacan del resto.

A mí me costó entenderlo, me cuesta cada vez que voy a comprarme ropa, y me seguirá costando por bastante tiempo porque esto es un proceso, pero darme cuenta de la realidad hizo que empiece a manejar mi vida de otra forma, a ocuparme por vivir más sano para verme mejor y sentirme mejor.

3 comentarios en “De patito a cisne

  1. Sil dijo:

    Tu post me hizo pensar tres cosas:

    -Durante mucho tiempo mi mamá me decía “a los hombres siempre les vas a llamar la atención por la vista, por más intelectuales que sean, así que preocupate por estar linda además de leer y estudiar”. A mí me molestaba mucho porque nunca fui desarreglada o descuidada, pero tampoco era (ni soy ni seré) “sexy”; ni me sale ni quiero aprender, y es horrible que tu propia madre te diga que tenés que ser/usar ropa/comportarte “sexy”. Ahora se van todos al carajo, me arreglo como a mí me gusta, que a alguien le gustaré así como soy.

    -Creo que te gané en eso de ser una joven vieja. Durante el secundario mis salidas fueron cuatro fiestas de 15, dos o tres fiestas que organizaba el instituto de inglés para el día de la primavera (así conocí lo que era un boliche) y una fiesta en otro colegio que juntaba plata para el viaje de egresados. Como verás me sobran los dedos de las manos. Y durante los tres primeros años de universidad no salí a ningún lado, y me refiero a que no salí ni a tomar un helado ni a la casa de un compañero a comer pizzas, nada. Creo que un par de veces fui al teatro pero nada más. Un día le contaba a la psicóloga que me arrepentía de no haber salido más cuando era chica, y me dice “pero vos te sentías mal por no salir? querías hacerlo pero algo te lo impedía? No, entonces no tenés de qué arrepentirte”.

    -Releyendo tus últimos párrafos se me ocurrió algo que puede sonar a libro berreta de autoayuda, y es que cuando uno se siente bien con uno mismo y se acepta, eso se refleja de alguna manera y todos los “defectos” pasan a un segundo plano. Me vino a la mente una “famosa” bloggera y twittera, que es muy fea, y siempre tiene novio, millones de amigos, le sacan fotos como si fuera modelo, consigue buenos trabajos… y siempre pienso “esta mina se tiene que querer mucho para mostrarse tanto y darse tanta importancia, porque yo con esa cara estaría escondida en un rincón”.

    En fin, cuesta aceptarse, y te felicito porque lo estás logrando.

    Besos!

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