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Y este 2014 fue…

Llega la época en la que hay que poner en la balanza todo lo bueno y lo malo del año, para así poder barajar y dar de nuevo. Este 2014 no pudo haber sido mejor, cumplí muchos sueños, conocí personas hermosas, apareció una oportunidad única y pude disfrutar de mi familia, sintiendo su apoyo como nunca.

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Empecé el año sabiendo que sería diferente, pero no me esperaba lo que pasó. Recibir el año en casa siempre es lindo, rodeada de mi familia y con la felicidad de saber que mi abuela a pesar de todo pudo pasar una fiesta más con nosotros. Fue una celebración especial porque tuvimos un fin de año bastante duro pero afortunadamente todo salió bien, así que la energía empezó a subir de a poco.

A lo largo de los meses fui armando el itinerario para el gran viaje que me esperaba a fines de abril, cuidé cada detalle para que fuera una experiencia única y lo fue, desde que empecé a planear hasta que se concretó. En febrero me tomé unos días de licencia y estar en casa para mí es inspirador, sobre todo cuando la casa está bajo mi custodia ya que justo mis papás esa semana se fueron de vacaciones.

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Marzo y abril se pasaron muy lentos, no veía la hora de subirme al avión y llegar al otro lado del charco. Los papás de una amiga me prestaron su casa en Londres así que tuve la tranquilidad de que había más dinero disponible para invertir en musicales, mis papás estaban más tranquilos de saber que iba a estar en una casa y para mi la experiencia sería totalmente nueva. Por otro lado, arreglamos con Anne que pasaría unos días con ella en Frankfurt así que después de 8 años nos volveríamos a ver.

Llegó mi cumpleaños y con él la adrenalina. Me fui a mi casa a pasar el fin de semana con mi familia y luego volvimos todos para ultimar detalles y partir rumbo al viejo continente. Como había preparado la valija con tiempo no tuve mucho para organizar, sólo los elementos de higiene personal y algunos remedios por si las dudas.

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El 29 de abril me subí al avión y me fui, ese día fue alucinante. Nunca me había subido a aviones tan grandes, nunca había experimentado la sensación de volar tan alto y, por supuesto, nunca había estado más de 2 horas arriba de un avión. Llegué a Londres un día soleado y caluroso, completamente distinto a lo que me esperaba, y me encontré con una casa enorme para mí sola en un barrio precioso que no podía haber estado mejor ubicada. En resumen: fue el mejor recibimiento por parte de la ciudad.

En Europa pasaron cosas locas, como encontrarme con una compañera de universidad que hacía un año que no veía y descubrir que tenemos muchas cosas en común, formas de pensar similares y un amor infinito por el arte que hizo que de compañeras pasemos a ser amigas. Me encontré con que domino mejor el inglés de lo que pensaba y que soy capaz de adaptarme rápidamente a otros acentos, aunque la prueba del hindú vendiendo pollo frito la primera noche fue un poco mucho para alguien que llevaba 15 horas volando y tenía 4 horas menos encima.

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No sufrí tanto el jet lag, sólo tuve mareos cuando por fin me quedé quieta pero después de dormir pude adaptarme perfectamente.

Descubrí que los comerciales de la telly inglesa son un chiste absoluto, que los británicos son en extremo amables, que los hombres se visten muy bien y las mujeres encuentran talle para todo tipo de ropa. Vi más ardillas en un día en Hyde Park que en toda mi vida, no soporto que los roedores quieran robarme la comida, me gusta mucho viajar en el piso superior de los colectivos rojos, el subte de Londres te puede llevar a cualquier lado, perderse en la ciudad es sólo una cuestión de actitud y encontrar la forma de ubicarse nuevamente con un mapa en papel para mí es misión imposible.

Después de tantos comentarios a favor y en contra de París, pude tener mi propia opinión y es que la ciudad es digna de ser visitada pero de tener que elegir viviría en Londres. También me di cuenta que todo aquel que visita el Reino Unido primero en Francia se va a sentir un poco perdido, sobre todo si hablamos estrictamente de sus capitales.

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París me resultó cara pero no inaccesible, se me hizo muy pintoresca aunque un poco descuidada y me maravilló la cantidad de arte que hay en cada rincón. Hay museos, galerías, y cada calle es un testimonio de algún acontecimiento importante. La gente me dio una grata sorpresa, todos fueron amables aunque vi a un que otro gruñón y en general tuve una estadía tranquila. No me resultó cómodo estar en las Galerías Lafayette, tanta opulencia me hizo sentir pobre como nunca, sumado al inconveniente con el señor de seguridad de Miu Miu que ya te contaré. La París bohemia me fascinó, la París opulenta me avasalló.

Frankfurt fue la gran sorpresa del viaje, no me esperaba la ciudad que encontré. Me imaginaba una ciudad gris, llena de fábricas, con humo, sin parques, y me encontré con un lugar con mucho espacio verde, edificios hermosos, organizada y respetuosa, aunque cuando no estaba con Anne me sentí muy perdida y sola. El hecho de no hablar el idioma me dificultó un poco el sentirme cómoda y si bien disfruté mucho mi estadía, creo que de haber hablado alemán me habría sentido un poco mejor. De todas formas, Frankfurt es una ciudad preciosa que con los días de sol que acompañaron se veía aún mejor, y recorrerla en bici fue definitivamente un bonus track.

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En cuanto a mi recorrido por Cambridge, Oxford y Bath, no hay mucho que agregar más que las tres ciudades son fascinantes, mágicas, hermosas, imponentes, pero Bath se queda en mi corazón con esa ciudad a la que iría a vivir de tener algún día la posibilidad. Me esperaba un lugar lindo pero no tanto, y encontrarme con tantos edificios históricos, con la huella de Jane Austen por todos lados, con gente muy simpática y con arte en cada rincón me hizo enamorar de Bath como de ninguna otra ciudad.

Volví a Argentina llorando, me costó adaptarme a nuestra forma de vivir (y eso que sólo estuve afuera un mes), me había acostumbrado a tantas cosas de Inglaterra que al volver pude apreciar todo el camino que nos falta recorrer como sociedad, pero también a valorar todas esas cosas que del otro lado del charco no hay. Lo que no extraño es perderme sin miedo, acá me da pánico estar en una parte de la ciudad que no conozco y allá me sentía muy segura a pesar de no saber dónde estaba. Llegué a lugares de Londres que ni siquiera sé hoy en día cómo se llaman, pero te lo estoy contando por acá así que nada pasó, no sé qué sería de mí si me perdiera tan zarpadamente acá.

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Retomar la rutina laboral fue lo más duro, no te voy a mentir, pero lo bueno es que el viaje me hizo estar mucho más segura de qué quiero para mi vida, de cuál es mi objetivo a seguir y cómo hacer para cumplirlo. Lo que no me imaginaba es lo que pasó después: UADE abrió la carrera de Artes Escénicas, lo que siempre había soñado/esperado/querido, parte de eso que sé que quiero ser está involucrado con esta nueva carrera que voy a empezar, porque nunca estuve tan segura que estar arriba de un escenario es lo que quiero y necesito para mi vida.

Fue una sorpresa, algo que bajo ningún concepto me esperaba que pasase y pasó. Así que me hice cargo y me anoté en la carrera, ahora estoy como loca esperando marzo para empezar y ver qué onda. Tengo tantos proyectos, tantas cosas que quiero hacer, y me da mucha energía pensar en que por fin se da lo que quería. Esta novedad me hizo replantearme mi futuro, porque hay cosas de mi presente que no puedo seguir tolerando ni aceptando, y soy yo la única capaz de dar vuelta la página y decirle chau a pachorra.

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