En las puertas del Palacio de Versalles

Desayunando con un colombiano en París

El día que tenía planeado ir a Versalles se me ocurrió desayunar antes porque algo me decía que en el Palacio me iban a arrancar la cabeza con los precios (no me equivocaba), así que salí del hostel y me fui directo al café que estaba frente a la estación de subte Étienne Dolet.

En las puertas del Palacio de Versalles

En las puertas del Palacio de Versalles

Como no tenía muchos euros encima le pregunté al señor que atendía cuál era el mínimo para pagar con tarjeta, y me dijo 7 pero no le entendí. Se ve que el buen hombre me vio la cara de frustración y me repitió el 7 con los dedos, así que me disculpé por no poder entenderle bien y le pedí un desayuno. Me preguntó qué iba a querer junto con el jugo y otra vez mi cara de “no entiendo”, a lo que un hombre atrás mío me traduce en perfecto español lo que el señor me estaba diciendo. Le agradecí y le pedí lo que quería.

Cuando me fui a sentar el traductor dio vuelta su silla y se puso mirando para mi lado, me preguntó de dónde era y empezamos a hablar. Resulta que él era colombiano y se había mudado a París hace 10 años con su familia, estaba trabajando como supervisor de construcciones de edificios y ya estaba muy adaptado, aunque no dudó en confesarme que extrañaba cosas de su Colombia natal. Le conté que yo venía de Argentina, que ese día iba a visitar el Palacio de Versalles y que tenía que comprar una tintura para mi mamá, le pregunté dónde y me recomendó un par de lugares que al final no tuve tiempo de buscar.

El tipo era muy buena onda, simpático sin ser atrevido sino todo lo contrario, me ayudó a no terminar comiendo una asquerosidad (si es que existe algo feo en la gastronomía francesa), charlamos todo lo que duró el desayuno y después él se tuvo que ir a su trabajo. Me contó cómo eran los empleadores en Francia y las diferencias que encontraba con los colombianos, que extrañaba lo grande de las cosas en Latinoamérica porque en Europa todo era chico “las tazas de café, los bocaditos que te dan antes de las comidas, los vasos, los platos, todo es más chico“.

Hablamos de cómo eran los mozos en París, de la gente que atiende los locales y su humor “o muy bueno o muy malo“, de que había lugares en la ciudad en los que no me convenía ni intentar comprar algo porque me iban a matar con los precios, me recomendó lugares para comprar souvenirs y me habló muy bien de los hombres que te intentan enchufar Torres Eiffel de llaveros hasta por el ombligo, no así de las chicas que piden tu firma y mientras tanto te afanan. De los vendedores me dijo que “en su mayoría son inmigrantes que buscan mediante eso una forma de sustento, no son malos, no te van a intentar robar, sólo quieren vender sus llaveros para poder comer ese día“. Me conmovió, nunca lo hubiera pensado de esa forma.

Fue un respiro haberme topado con él porque llevaba 4 días hablando en inglés e intentando hacerme entender con mi poco francés, así que encontrar a alguien que hable español fue un alivio. A veces uno necesita conectarse con su idioma natal, más aún porque en París yo no tenía conexión a internet, por lo que no podía comunicarme con mi familia por mensaje y mucho menos hablar por teléfono. Fueron 6 días de descanso de familia y amigos preguntando “¿qué te parece todo?”, aunque los extrañé.

En Francia me acordé mucho de mi hermano, creo que aparte del Royal Airforce Museum y de los aeropuertos, ningún otro lugar me hizo acordar tanto a Jorgito como mi estadía en París. Este colombiano, además, era muy parecido físicamente a mi hermano, así que fue otra pista más de que había algo dentro mío que lo extrañaba. Gracias a mi hermano presté atención a cosas que de otra forma ni habría visto, y saqué fotos a armas y aviones tanto que cualquiera que me veía habría pensado que era una fanática.

Desayunar con este hombre me hizo sentir como si hubiese estado desayunando con mi hermano, en ningún momento se mostró impertinente y de hecho ni siquiera nos preguntamos los nombres, calculo que hablar español para él también fue un respiro, así que fuimos una buena compañía el uno para el otro.

Quizás en otro contexto no le habría dado bola, lo hubiera ignorado y me habría ido a otra mesa más lejos, y es que estoy tan acostumbrada a que los hombres sean en general atrevidos y desagradables que trato de esquivarlos si se me acercan, pero este colombiano me ayudó a no ponerme a llorar por no entenderle al señor que atendía el café, me conversó como si fuera una amiga de toda la vida, me trató bien y fue muy amable. En el contexto de un viaje uno se abre más a la gente, es más receptivo y tiene la mente abierta a los demás, por eso me alegro de no haber reaccionado a la manera argentina sino a la manera viajera.

Parece mentira, pero cuando activamos el “modo viajero” todo, absolutamente todo puede pasar.

4 comentarios en “Desayunando con un colombiano en París

  1. viajeradealma dijo:

    Muy interesante tu relato, amì tambièn me emocionò lo de los llaveros, cuando viajo no sòlo me gusta mirar paisajes y comprar ropa sino tambièn conocer còmo vive la gente de cada lugar, uno a veces piensa que los demàs viven mejor y no siempre es asì. Un saludo afectuoso

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  2. MedioPunto Bel Russo dijo:

    Estoy muy de acuerdo con lo del modo viajero, parece que afuera nos relajamos. Creo que se debe al desconocimiento. En Buenos Aires sabés que hay una opción de algo desagradable y pesado y la evitás. Afuera no lo sabés y ante situaciones de desesperación te agarrás a un clavo ardiendo. A mi me pasó en mis primeros años en Madrid, me hice amiga de gente que en Buenos Aires jamás hubieran sido siquiera conocidos. Esas amistades terminaron perdiéndose, por la evidente adpatación y conocimiento del lugar. Pero tal y como decís pasa mucho. Muy linda anécdota. Que lindo es viajar!!!

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    • algobonito dijo:

      Gracias por pasar!! Qué lindo que es viajar, sin dudas! La verdad es que tendríamos que hacerlo más seguido, incluso dentro de nuestro propio país que es hermoso, porque toparse con gente tan distinta es maravilloso. Yo conocí gente muy copada en mis viajes, así que lo recomiendo!😀

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