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Entre miserables, fantasmas y lágrimas

El pasado jueves 4 de diciembre fuimos con Vicky a ver Entre miserables y fantasmas, el concierto que Gerónimo Rauch brindó en nuestro país en el Teatro Maipo los días 1, 3, 4, 6 y 7. Compramos las entradas ni bien salieron a la luz porque yo no me quería perder por nada del mundo este concierto, ya que lo venía esperando desde mayo cuando al saludar a Gerónimo en el Her Majesty’s Theatre me dijo “en diciembre espero dar un concierto allá“.

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Sigo a Gerónimo desde su paso por Mambrú y no me da vergüenza admitir que yo fui una de esas niñas gritonas de vincha con purpurina, porque formó parte de mi adolescencia y además toda chica con 12 años los escuchaba. Sabía que había estado en Los Miserables y en Grease (de hecho en este lo vi y tengo el cd), pero cuando salió del grupo le perdí el rastro hasta que cuando volví a saber de él se estaba yendo a España a protagonizar Jesucristo Superstar. Ahí empezó todo.

Seguí su carrera a cada paso que dio, me emocionaba y llenaba de orgullo ver todo lo que iba logrando pero nunca me sorprendió porque él se lo merece. Acá estamos tan acostumbrados a ver a “amigos de” ocupar lugares que no pueden llenar, que ver por fin a alguien que obtiene lo que se merece gracias a sus capacidades artísticas es maravilloso.

Cuando me enteré que iba a ser Phantom lloré y rogué tanto tener la posibilidad de verlo que cuando sucedió no lo podía creer. Desde que supe que iba a viajar a Londres mi primer plan fue ir a ver a Gero como Phantom, y es que independientemente de que el musical sea mi favorito el hecho de que su protagonista sea un artista argentino que admiro fue el combo perfecto. Y lo vi, me emocioné, y cuando lo esperé en la stage door me encontré con un hombre extremadamente humilde que estaba preocupado por el frío y la lluvia que tuve que pasar mientras lo esperaba en vez de sacarse una foto y mandarse a mudar. Ahí confirmé que una persona así se merece todo, absolutamente todo lo que desea.

Así que desde mayo que esperaba este concierto y cuando llegó fuimos con Vicky nerviosas pensando en cómo iba a armar el repertorio, qué iba a cantar además de Les Mis y Phantom, y cómo iba a combinar todo de manera que quede bien. Sabíamos que iba a hacer un buen laburo pero no sabíamos cómo, además yo no quise saber nada en los días previos porque quería sorprenderme y lo bien que hice. No me esperaba lo que pasó, de hecho no me esperaba un concierto así, yo pensé que iba a hacer algo más chiquito y al final resultó que no era la única que admiraba a este grande (y con razón) porque incluso agregó funciones.

Qué te puedo decir… ¡fue maravilloso! Cuando entramos vimos las 4 mini arañas y dije “uhh ojalá que las suban porque sino nos van a tapar”, después miré al techo y me acordé que siempre las suben. Empezó la orquesta con Les Mis y no termino de decirle a Vicky “qué raro que no las hayan subido” cuando empiezan a tocar la obertura de Phantom y se fueron para el techo. Golpe bajo al corazón nº 1, me puse a llorar como idiota, fue muy fuerte. Si empezamos así…

Salió Gerónimo y cantó Hoy es el día de Jekyll & Hyde, con una traducción tan linda y tan gráfica de todo lo que estaba pasando que parecía como si la hubieran escrito para él. Después vino Music of the night y obviamente ya te imaginarás mi reacción. Se cumplió lo que quería: cantó Phantom en inglés. No es que me moleste la traducción pero en inglés tiene otro sentido, y para mi es un viaje de vuelta a todo lo que pasó en Londres así que agradezco que lo haya hecho.

Siguió con un hermoso medley de musicales clásicos de la era de oro combinando a George Gershwin, Cole Porter, Rodgers & Hammerstein, Sherman & Sherman, Stephen Sondheim y con él llegó a West Side Story, donde apareció la bellísima Josefina Scaglione haciendo de las suyas. Juntos estuvieron fantásticos, cantaron Tonight y luego, cómo no, The Phantom of the Opera. Si te digo que lloré, ¿me creés? Se me pasó TODO por la cabeza, el viaje, el día que vimos juntas con Vicky la marquesina del Her Majesty’s, cuando entré al teatro, cuando vi la función, todos los años que tuve que esperar para ese momento… Incluso ahora recuerdo eso y se me vuelve a poner la piel de gallina.

Después cantó El tango de Roxanne con Marcos, el hermano. ¡Qué lindo escucharlos juntos! A Marcos lo conocí hace unos años en Broadway en Buenos Aires y formamos equipo, después fuimos compañeros en Act & Art como becados y la verdad que ha sido un muy buen compañero, creció muchísimo en ese tiempo y ahora que lo volví a escuchar está aún mejor; encima el tema que cantaron está lleno de fuerza y es hermoso, así que se lucieron los dos.

Cuando hizo Defying Gravity te juro que no extrañé a ninguna de las Elphabas que escuché, ni siquiera a Willemijn, ¡Gerónimo lo hizo excelente! Es un tema jodido, pero él lo cantó de una forma que nunca me habría imaginado porque jamás se me había pasado por la cabeza que la cante un hombre. ¡Qué linda forma de sorprender! Nos deleitó con Getsemani de Jesucristo Superstar y ahí te das cuenta realmente de la capacidad vocal de este hombre, porque ¡por Dios (ja!) lo bien que lo hace! Ni siquiera te hace sufrir pensando “no va a llegar” porque abre la boca y es un cañón, muchos se han quedado anonadados y el teatro explotó en aplausos más que en las otras canciones (y eso que en todas estallaba eh!).

Hizo un pedacito de Un poco de bondad de Chicago como Mary Sunshine y pensé que en esa beta cómica iba a tirar algún tema de Mambrú pero se abstuvo, de todas formas nos hizo reír un poco después de tanta emoción. Cantó Falling Slowly de Once con Laura Conforte y después Luz de Casi Normales con ella, Matías Mayer y Manuela del Campo. Esas dos canciones son tan hermosas, tan reales, tan mágicas, que me encanta escucharlas cantadas por quien sea, aunque esta vez la apuesta fue más fuerte.

Llegaron los Voxpop haciendo una versión de Bohemian Rhapsody tan linda y cómica que me encantó, además de que es un tema que ya sea cantado por Queen como por el elenco de We will rock you siempre me gusta. Para ese momento ya venía medio cacheteada por las circunstancias, y si bien pude frenar las lágrimas no sabía lo que se me venía encima.

Empezó Sillas y mesas vacías de Les Mis y ahí nudo en la garganta, tema fuerte si los hay. Acá la perdí a Vicky, a quien la puede Los Miserables. Empezamos bien, tranqui, hasta que se vino el cierre con One day more y ya no nos pudimos frenar, las dos abrazadas llorando a mares porque no sé a ella, pero a mí se me me vinieron tantas cosas a la mente que no podía parar de pensar, escuchar, llorar, agradecer por todo lo vivido este año, por haber encontrado una amiga como ella que comparte tantas cosas conmigo, por estar juntas ahí viendo al groso de Gerónimo cantar, porque todo empezó gracias que yo quería el dvd de Phantom y ella se las arregló para convencer a todo el curso de regalármelo. Nuestra amistad tiene una constante y esa constante varía, justamente, entre miserables y fantasmas, así que este concierto fue algo así como un regalo también para nosotras, ambas locas por esos dos maravillosos musicales.

Pensamos que todo había terminado pero no, se venía la (casi) última patada ninja al corazón con Bring him home de Les Mis en inglés y en español, nosotras seguíamos llorando y ahí, cuando Gerónimo agradeció el recibimiento de la gente después de 7 años de ausencia, creo que a nadie le quedó la más mínima duda de la humildad de este grande, que no se cansó de agradecer durante todo el show, que se ponía rojo con los gritos de la platea (particularmente de una tal Agustina, jajaja!), y que no se podía creer tener a todo el teatro Maipo lleno y con el público aplaudiendo de pie. ¿Cómo no te vas a poder creer eso si sos un genio? Y bueno, un genio humilde es como una mujer precavida: vale por dos😉

Cayó el telón y todo indicaba que sí había sido la última, pero todo el teatro pidió una más y volvió a salir. Dijo que no tenía nada preparado y ahí dejé la garganta pidiendo “¡canta Phantom!” como si estuviera en la cancha de Boca. Se me dio, volvió a cantar Music of the night y no te puedo explicar la emoción que sentí, creo que fue incluso mejor y más emocionante que cuando la cantó al principio, porque era la última vez que iba a escuchar este tema en vivo cantado por uno de mis fantasmas favoritos, en mi país, en esas circunstancias, y se me vino todo encima.

Terminó y con Vicky estábamos aturdidas, hacía mucho tiempo que un concierto no me dejaba así. Salimos comentando lo bueno que había sido pero como que no reaccionábamos, ¿viste cuando te quedas medio tonto después de ver fuegos artificiales? Bueno, más o menos así. Fue increíble, algo que no me esperaba y que fue perfecto. El repertorio estuvo tan lindo, tan minuciosamente seleccionado, que todo musicalero que tuvo la suerte de verlo seguramente está muy agradecido por haber escuchado esas canciones hermosas cantadas por una voz como la de Gerónimo.

Eso fue todo, seguramente me olvidé de algún tema o me confundí del orden de las canciones pero es que la emoción fue muy fuerte. No quise hacer este resumen el 4 porque el último concierto fue anoche y no le quería joder la sorpresa a nadie, pero hoy que ya pasó espero que te haya gustado esta pequeña crónica de una chica sensible, que pasan los años y sigue fielmente a sus artistas favoritos. Soy una groupie nata (¡pero en el buen sentido de la palabra che!).

4 comentarios en “Entre miserables, fantasmas y lágrimas

  1. Alicia's Own dijo:

    Qué emoción transmite tu relato! Yo lo conocí por vos que siempre me pedías que fuera al teatro a verlo y nunca fui!!😀 Y eso que me gustan los musicales! Pero entiendo tus reacciones porque a veces la música y las personas talentosas como este chico llegan tanto al corazón que es imposible describir nada con palabras aunque vos, en este post, lo hiciste muy bien!

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  2. Nati dijo:

    Que genia…leía tu comentario y sentí exactamente lo mismo…Sobre todo saber que yo también lo seguía desde Mambru, porque él era mi favorito. Yo fui el 3 y me da envidia saber que el 4 salio otra vez y canto otro tema, nosotros lo pedimos pero no hubo caso!! jajaja Como sea, un momento único, de esos que vale la pena presenciar para guardar para siempre en el corazón.

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