The-Story-of-Keep-Calm-and-Carry-On

Keep calm o volvete Junior

En estos días no publiqué nada porque no había dejado posts preparados y los ánimos no estaban muy óptimos para escribir, pero necesito contarte lo que pasó esta semana para que a vos no te pase y, sobre todo, para poder depurar un poco la bronca que aún me queda.

Todos sabemos al agregar a alguien a Facebook que esa persona verá tus estados, tus fotos, tu vida digital publicada ahí y después comentará, para sí mismo o para otros, lo que le parece de vos. Ahora, qué feo cuando esa persona le cuenta tus cosas a una persona a la que claramente no le corresponde saber nada, absolutamente nada de vos, más allá de lo laboral.

Si yo no tengo a determinada persona en una red social es porque: 1) no me interesa estar en contacto con esa persona en mi vida privada, 2) no quiero que esa persona se entere de mí, de mi familia o de mis amigos, 3) quiero hablar libremente de lo que me parece sin tener que justificarme ante nadie más allá de las personas habilitadas a leer mis pensamientos online.

Entonces te podrás imaginar la bronca que me agarró cuando cierta criatura del Señor hace un comentario respecto de uno de mis estados de Facebook, sin nunca mencionarme pero sí tratando de aclarar a qué hacía referencia. Realmente, ¿es necesario? ¿Sigo en el colegio secundario y nunca me enteré?

Trato de no publicar lo que pienso sobre determinadas cosas en Facebook por este riesgo de que siempre alguien comenta cosas que no le corresponden a gente que no debería, pero hay veces que necesito descargarme un poco más allá de llamar a mi mamá o a mi papá y decirles “odio este trabajo”, porque su respuesta siempre es la misma y porque mi cuenta de Facebook es privada, nadie más allá de mis contactos debería enterarse de lo que pasa ahí adentro.

Mi cuenta está plagada de imágenes, videos y artículos de las cosas que me gustan. Yo la considero una biblioteca virtual con aquello que más disfruto y que sé que alguno de mis contactos también lo hará, por eso trato de compartir cosas interesantes o graciosas y dejar mis pensamientos para twitter, donde soy un poco más anónima. No me vivo quejando porque me molesta un poco la gente que usa Facebook como si fuera una sesión de terapia, pero cada tanto opino y confío en que esa opinión quedará en la privacidad de la gente que yo elegí tener de contacto.

Pero parece que no, así que ojo con lo que publicas en tu red social porque nunca sabes cuándo va a presentarse un buchón a comentar tus cosas con la gente de la que te estás quejando. Polémico, pero cierto.

Yo trato de nunca responder cuando me retan porque me hago cargo de mis errores, y además porque ante ciertas personas me puedo largar a llorar (y no quiero que me vean tan vulnerable) o contestarles muy mal, provocando una reacción peor. Me quedo callada, agacho la cabeza, me hago cargo y listo. Pero esta semana me hicieron llegar al límite.

De un error que cometí, que involucraba a dos personas y que fue arreglado entre nosotras, alguien a quien no le compete lo desparramó por todo el staff y ahora ese maldito mail es la comidilla de todos. Que si se gestionó, que si no se gestionó, no fue tan grave y ya pasó. Y esta persona estuvo tres días hablando de lo mismo y frente a distintos interlocutores, pero conmigo nunca. 15 años tenemos eh, volvimos al pelotudeo.

Parece que el objetivo es hacerme quedar mal frente a todos: “Ayalén la mala compañera, Ayalén la que no labura, Ayalén la que involucra a gente para lavarse las manos, Ayalén la que no gestiona un mail”. Por suerte la otra persona involucrada es mi amiga, me conoce y sabe que todo fue un mal entendido, pero de no ser así hubiera quedado como la maléfica yo y sin siquiera haber tenido la posibilidad de aclarar las cosas, porque primero desparraman el problema ante todos y después preguntan qué pasó. Todo vuelve, eso seguro.

Así que esta semana la pasé así, con bronca por la gente que se mete en lo que no le corresponde, por los chusmas, por los malos entendidos, por no haber tenido más tiempo para hacerme cargo yo de ese bendito mail, porque la gente con ganas de joder no se va a extinguir y porque tengo que tener siempre una paciencia de oro para que las ocurrencias de otros no me afecten.

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