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Billy Elliot (o Billy Idol)

Antes de ponerme a redactar sobre el musical te tengo que confesar algo: no me gustó. Será que esa tarde tenía planeado ver otra cosa y por el costo no pude, o que no viví la época, o quizás que todo el mundo lo infló tanto que no me pareció la gran cosa, pero no fue ni por lejos un musical que me haya llamado la atención.

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Billy Elliot es un musical (basado en una película) que cuenta la historia de Billy, un niño que es obligado a practicar box pero que poco a poco va descubriendo el ballet en un contexto social en el que practicar esta disciplina no está muy bien visto. Cuenta con el apoyo de su profesora de baile pero no con el de su familia, así que tiene que pasar varios obstáculos hasta conseguir su objetivo: ir a una audición para el Royal Ballet.

Durante muchos años escuché maravillas de este musical, por parte de personas amantes del género y por algunos que van cada muerte de Obispo al teatro. Con tan variada (y positiva) opinión al respecto, es lógico que de mi parte haya esperado más, por lo que me fui bastante desilusionada porque no cumplió con mis expectativas.

Los niños son impresionantes, bailan muy bien y te dan unas ganas de retroceder el tiempo para ir a cuanta academia de baile haya a tu alcance. Es increíble que chicos tan chicos dominen tan bien el arte de la danza, eso me dejó impresionada. A pesar de que generalmente me molestan los nenes en escena, más que nada porque los hacen gritar y hacer barullo, acá no me molestó y los disfruté.

El contexto histórico de la historia es mediados de los ’80, con una huelga de mineros y protestas por el gobierno de Margaret Tatcher. ¿Entendí? Sí. ¿Me afectó? Para nada. Quizás para alguien que vivió esa época o la juega de local y entiende más eso sea muy emocionante, pero la verdad que a mí me conmovió ver cómo hicieron las escenas de protesta y no más.

La escena que sí me dejó helada fue Electricity, no hay manera de que esa escena no te llegue al alma, más aún si dentro tuyo late una pasión tan grande como la de Billy por el ballet. Una simple pregunta (¿qué siente cuando baila?) es el puntapié perfecto para una respuesta que emociona hasta las lágrimas. Un niño y su mejor forma de describir por qué bailar lo hace tan feliz.

Sinceramente fue la parte más linda, más emocionante, y vale la pena ver el musical sólo por esa escena. El resto… meh. Quizás mi mamá la habría entendido de otra forma, quizás fui yo que ese día quería ir a ver Les Mis y no pude porque estaba muy cara así que tuve que conformarme con Billy Elliot. No sé, pero no fue lo que esperaba, me desilusionó, y si hoy tuviera que elegir no iría a verla. Por el contrario, iría a ver The Lion King que me quedé con muchas ganas. Otra razón más para volver…

De todos modos aclaro que esta es una apreciación personal, por lo que pueden haber influido muchos factores y quizás si dentro de unos años por alguna cosa loca de la vida la vuelvo a ver puede que cambie de opinión. Nada es seguro, sólo que hoy 2014 Billy Elliot no fue lo mejor que vi.

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