La carta que nunca te di

Querida Tía Rosa:

¡Cuántas cosas que pasaron en estos 10 años de ausencia! ¡Cuánta falta nos hacés día a día! A veces me enojo porque es injusto no tenerte, pero agradezco a Dios haberme dado la oportunidad de conocer a una de las mejores personas que tuve el placer y el honor de llamar tía. Eras, sos y serás única, a eso ponele la firma.

Tuve mi fiesta de 15, fue hermosa, tal y como la habíamos planeado tantas veces. Te extrañé mucho esa noche, y aunque estuviste conmigo en fotos yo te necesitaba ahí. Fue tan lindo, te habría encantado bailar al ritmo de la banda y comer hasta reventar, siempre agradeciendo poder tener un plato de comida en la mesa. Mamá y papá estaban radiantes, vinieron amigas de otras ciudades, yo tenía un vestido lila precioso, hice una coreo en la fiesta, Jorgito no llevó novia, vinieron mis padrinos, mi abuela, estuvieron todos. Faltabas vos…

Me recibí de la secundaria con uno de los mejores promedios, ¡no sabés lo que lloré en el acto de graduación! El himno italiano me pudo, y estábamos todos muy emocionados. En octubre de ese mismo año me anoté en la universidad, al final no estudié ninguna de las cosas que te había dicho de chica: no fui médica, ni modelo, ni traductora de inglés. Me fui a Bariloche de viaje de egresados, y ahí recibí una de las mejores noticias: ¡iba a ser tía!

Aunque no lo creas ¡Jorgito se casó! Su esposa es la mujer más buena que pudo haber encontrado, imaginate que nos banca a nosotros dos, a mami, papi y a los abuelos, ¡una santa! Te habría encantado conocerla, ¡lo que habrían charlado ustedes dos! Pero más te habría encantado conocer a Benjamín, el hijo que tuvieron. No sabés lo que es ese nene, pillo e inteligente como la tía jajaja! Lo amo, y desde el primer momento en que lo tuve en mis brazos supe que quería ser para él lo que vos fuiste para mí: mi tía preferida, mi tía loca, la tía que me cuidó y me quiso infinitamente. 

Entré a la universidad, me mudé a Buenos Aires con Jorgito y no, no peleamos tanto como cuando éramos chicos, aunque hemos tenido nuestras agarradas. Mami trató de persuadirme hasta último minuto que me vaya a Rosario, sabés cómo es, pero me salí con la mía y estoy acá. Estudié Relaciones Públicas y el año pasado me gradué. Te habría encantado verme con la estola de UADE, y sé que en el cielo habrás estado muy orgullosa de verme progresar. Siempre te tuve en mi mente, a lo largo de este tiempo me hiciste mucha falta, bah… a todos.

El año pasado falleció el abuelo Andrés, así que la abuela Lula se quedó sola. Me acuerdo que se llevaban muy bien ustedes, se habrían hecho compañía sin dudas. El abuelo estuvo enfermo mucho tiempo, así que fue lo mejor que pudo haber pasado. La que estuvo jodida fue la abuela Yoli, y en consecuencia el abuelo Alfredo. 

No lo vas a creer, a la abuela le dio un ACV y casi no la cuenta. ¡Qué feos días! Nunca, ni en mis sueños más trágicos, me imaginé ver a la abuela como la vi, tan desvalida, tan necesitada de todos. La abuela, con ese carácter tan peculiar, fue víctima de una enfermedad espantosa. Y la vimos mal, estuvo unos días en terapia intensiva y después estuvo un tiempo sin poder comer sola, sin poder cortarse la comida, moviéndose muy poco. Era triste verla así, pero nunca demostré flaqueza porque mamá y el abuelo me necesitaban. Traté de ser tan fuerte como lo habrías sido vos, porque cuando necesitamos de los hermanos de la abuela ellos no estuvieron, así que éramos sólo nosotros y la abuela.

El abuelo estuvo loco, vos mejor que nadie sabés cómo es él con la abuela, posesivo y mezquino. La cuidó tanto, tanto, a veces demasiado. Gracias a eso salió adelante y si la abuela no fuera tan caprichosa e hiciera los ejercicios que tiene que hacer sin dudas hoy ya caminaría mejor, pero bueno… ya tiene sus años y demasiado bien está. Increíble y afortunadamente no le quedó ninguna secuela en el rostro ni en el cuerpo, mueve todo aunque las piernas le cuesta más. 

El que está rebelde es el abuelo, piensa que todavía es un pibe y no se da cuenta que tiene casi 87 años. Y a mamá la tienen loca, así que de las personas que te extrañamos y necesitamos creo que es ella a la que más le hacés falta. Vos eras una de las pocas personas que le sabía el ritmo a mamá y la manejaba como quería. Ahora que yo no estoy allá vos serías su compañera ideal.

Apolo está gigante, ya está de vuelta el pobre. Vive acostado, come como un rey, ladra cada tanto como para demostrar que está vivo, pero sigue tan mañoso y maricón como siempre. Un perro con suerte. ¿Te acordás lo chiquitito que era cuando llegó? Bueno, ese tamaño es ahora el de su cabeza. Y así como Jaime era pegado con mami, éste es pegado con papi. No está papá y se pone sensible.

Mamá se jubiló el año pasado. ¡Tanto quiso jubilarse que por fin se le dio! Aunque no sabés cómo se puso, como que al principio no caía pero poco a poco, junto con el tema de la abuela, se le juntó todo y estaba insoportable. Vivía llorando, culpando a todos de sus problemas, mataba a una mosca y le lloraba al lado. Por suerte fue al psicólogo (después de que todos le insistimos) y se calmó, no sé si sigue yendo pero ojalá que no lo deje porque le hacía bien. Me imagino que vos le habrías dicho “pero Gachi dejate de joder, no les des bola” para calmarla, o la habrías hecho enojar usando mal alguna de sus ollas de teflón, o haciendo carne en cuaresma, o dándole mates a Apolo, o rompiendo alguna planta…

Don Álvarez, como le decías a papá, anda igual que siempre. Rompe bolas pero un poco más tranquilo, ya no jode tanto con la limpieza y ya no nos reta tanto, es como si los años lo hubieran cansado a él también. Hoy en día se encarga de limpiar la casa, sacar a pasear a Apolo, hacer los mandados y también, por qué no, pelearse cada tanto con los abuelos. Está con los bochófilos, así que te imaginarás que también anda con todos los chismes. Estuvo metido hace unos años en la política pero por suerte lo dejó, no le gustó el ambiente y viste que papi es difícil de corroer, al final se fue.

En lo que a mí respecta estoy bien, tranquila, pero te extraño. Te extraño mucho. Desde que empecé a trabajar (trabajo en el aeropuerto) me voy de viaje al menos una vez al año sola. Ya me fui a Iguazú, a Tandil, a Bariloche y El Bolsón, y este año me fui a Europa. Sí, al final conocí Europa antes que Nueva York, pero ¡qué lindo viaje! Conocí tantos lugares, tantas personas, saqué tantas fotos. Te habría encantado verlas y que te cuente todo lo que viví. Te habrías emocionado tanto como mamá de verme tan feliz en el otro lado del mundo. 

También estudié teatro musical por dos años, pero como empecé a trabajar tuve que dejarlo. Los momentos más felices de mi estadía en Buenos Aires sin dudas incluyen algo de la carrera de teatro musical. Me habrías visto tan feliz arriba de los escenarios, ¡hasta me dieron una beca por cantar! Al final joder al vecino valió la pena, jajaja!

A veces me pregunto qué habría pasado si no te hubieras ido. Creo que de haberte quedado en casa habríamos encontrado la vuelta para que hoy sigas acá, no entiendo por qué te tuviste que ir y no volver nunca más. Me da bronca no haberte podido despedir, y si hay una sola cosa que no les puedo perdonar a mis papás es no haberme dejado despedirte. “Sos muy chica para verla así” o “más vale quedate con el recuerdo de la tía viva” me impidieron decirte adiós. No sé ni dónde estás ahora, nunca te pude visitar, no sé si tendría el coraje de verte en una urna. A veces creo que es mejor así, aunque lo mejor sin dudas sería que estés acá, viva, alegre, con tus historias y tus rezos.

¡Tenemos un Papa argentino! Bergoglio llegó a ser Papa y hoy se llama Francisco. Creo que habrías llorado al enterarte, y te habrías puesto tan contenta por él. Máxima llegó a ser reina de Holanda y este año llegamos a la final del Mundial pero nos ganó Alemania. William se casó, tiene un hijo y está esperando otro, y Harry sigue soltero. Pero quedate tranquila, ya se me fueron los sueños de realeza, amo mucho mi libertad. 

Si te preguntás qué fue de mi amor por el arte, no te preocupes, nunca cesó. Sigo amando con el alma los musicales, sigo fan de Julio Bocca y lo conocí en el aeropuerto. ¡Me largué a llorar en frente suyo! Él es amoroso, al final valió la pena esperar años para conocerlo. Sigo estudiando canto, tengo que retomar baile y actuación pero sigue en pie la idea de subirme a un escenario. Y sigue firme la promesa de las dos entradas para vos y para Jaime.

Hay cosas que se llevan en la sangre, que forman parte de la esencia de uno, y el teatro siempre estuvo adentro mío. Espero que me ayudes a conseguir ese sueño que sigue tan latente como cuando era chica y me disfrazaba, y cantaba y bailaba con vos y Jaime de testigos. Quizás algún día pueda estudiar en el exterior, no lo sé, pero por lo pronto la idea es ir retomando de a poco todas las disciplinas.

Ay tía, como dice Marco Antonio “si no te hubieras ido sería tan feliz”. Como verás pasó de todo, claro que en 10 años es lógico que hayan cambiado muchas cosas. El tema es que uno no las recapitula hasta escribir algo así, uno no mira hacia atrás tan seguido y a veces pensamos que no pasó nada cuando pasó de todo. Quién iba a decir que Jorgito se iba a casar, o que yo viajaría sola a Europa, o que la abuela tendría un ACV… Nadie pudo haberlo predicho, pero pasó, pasó de la misma forma en la que un día como hoy hace 10 años nos dejaste para siempre.

No hay familia en el mundo tan agradecida como nosotros por haberte tenido, nadie que te haya conocido puede decir que le resultaste indiferente. Vos cambiabas e iluminabas la vida de las personas que tenías a tu alrededor, siempre fuiste la generosidad hecha mujer. Admiré tu capacidad de dar sin necesidad de recibir, admiré tu fortaleza para que yo nunca, nunca me diera cuenta de tu enfermedad, admiré todo lo que nos enseñaste, esa filosofía de vida que tenías y que te hizo grande.

Todos los que te conocieron te quieren, te extrañan. Y yo te conocí desde que era un bebé, con vos crecí, hablé, caminé, jugué, reí y lloré. Con vos fui una nena feliz, y agradezco a la vida haber tenido la posibilidad de tener una tía como vos que fuiste casi como una madre para mí. Mamá no necesita tener hermanos cuando tuvo una tía tan perfecta, tanto que Dios la quiso pronto a su lado. Y yo no necesito otros tíos porque te tuve a vos, que sos mi ejemplo a seguir para ser para mi sobrino tan importante como lo fuiste vos para mí.

Pasaron 10 años, pero para mí nunca te fuiste de verdad. Cuando me dijeron que te habías ido no caí enseguida, con el tiempo fui procesando la información y te lloré tarde. Por mucho tiempo pensé que seguías en Quilmes y que en algún momento te íbamos a ir a buscar. Por muchos meses esperé en secreto un llamado tuyo, un llamado que nunca llegó. Si tuviera el poder mágico de revivirte sin dudas lo haría, porque no hubo ni habrá nadie que pueda reemplazarte. 

Eras tan chiquita… A veces veo por la calle a mujeres que se parecen a vos y me dan ganas de abrazarlas, para ver si se siente lo mismo que sentía cuando te abrazaba a vos. Sería tan feliz si pudiera tenerte conmigo una vez más que no me importaría que ronques chistoso, ni que me obligues a rezar, hasta extraño pelearte. Para vos siempre fui tu preferida, para vos yo era todo, y a veces necesito ese amor inmenso otra vez. 

Ay tía, me pregunto si algún día podré soltarte… Fuiste tan importante para todos que no, no sé si quiero. Tía, gracias. Gracias por haber nacido, por haber vivido conmigo, por haberme criado, por habernos iluminado con tu presencia, por haber sido perfecta incluso con tus defectos. Como dice Eros: “gracias por existir”.

Te adoro. Te extraño. Te necesito.

Un abrazo volador hasta el cielo,

Tu pequeña langosta.

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