¿Menos de 50? No hables.

Crecí rodeada de gente más grande que yo, de hecho partamos de la base de que mi hermano me lleva 10 años, así que siempre estuve acostumbrada a adaptarme y comportarme según el ámbito y la gente con la que estaba.

el globo rojo

El globo rojo

Con el tiempo y gracias a mis exóticos gustos fui conociendo cada vez más gente mayor, por lo que tuve que dividir mi vida entre “la chica de 14 años” y “la chica de 14 años con amigas de más de 30”. Obviamente con mis amigas mayores había temas que no podíamos hablar, la diferencia de edades y experiencias era bastante grande, aunque con el tiempo la brecha se acortó porque vivimos cosas similares.

Lo mismo me pasó con mi hermano. Él me lleva 10 años, cuando yo era chica él era un adolescente y no éramos demasiado compatibles. Empezamos a llevarnos mejor a mis 15 años, y a los 17 cuando nos mudamos juntos nos seguíamos peleando pero ya sin mi mamá como mediadora gritando “vos porque sos grande y vos porque sos chica”. Mi hermano, además de mi vecino, hoy es mi amigo y mi cómplice, y en parte gracias a que nuestras edades están más equiparadas.

Pero a veces hay gente que me sigue tratando como a una nena. Gente que piensa que yo no puedo opinar sobre tal o cual tema porque “sos chica, qué sabés” o “vos eso no lo viviste“. Siento que descalifican mis opiniones sólo por la edad que tengo, que convengamos no es poca pero tampoco mucha. A ver, tengo 23 años pero siempre, desde chica, tuve que comportarme como un adulto. Hay cosas de las que no opino porque no las viví, principalmente si tiene que ver con el pasado de nuestro país, pero hay otras que si bien no las viví en su época sí las experimento hoy y es lo mismo, por lo que tengo tanto derecho como alguien de 50 a decir lo que me parece.

Afortunadamente en mi familia nunca me censuraron, siempre se me escuchó, mis papás siempre respetaron mis pensamientos y me ayudaron a corregirlos si estaba errada. Nunca me sesgaron, al contrario, siempre estuvieron orgullosos de que su hija pudiera expresarse libremente y de diversos temas. Cuando era más chica era muy curiosa y leía a rabiar, por lo que me gustaba opinar en la mesa sobre lo que se charlaba, y mis papás lo hacían (y lo siguen haciendo) tanto de política como de religión, así te imaginarás que para opinar había (y hay) bastante.

Será por eso que me jode soberanamente los kinotos cuando una persona de más de 30 osa callarme, o descalifica mi pensamiento, sólo por tener 23 años y no porque mi idea sea una locura total. Gente que dice que soy demasiado soñadora pero que con el tiempo voy a madurar, o que tira la frase letal “ya vas a ver con el tiempo que no es posible”. Tiempo, esa palabra nefasta.

A ver, no soy la gurú de la madurez pero ciertamente creo ser más madura que mucha gente de mi edad. Y creo que si podés seguir soñando aún con los golpes que la vida te da sos una persona digna de admiración, al contrario de aquellos que se amargan y ocultan sus frustraciones descalificando al otro.

Si en la vida te fue mal no pretendas que todos sigan tu camino. Si la otra persona va a cometer errores dejá que los cometa sola, no le pinches la ilusión con tu cuota de realidad que lo único que hace es que el otro te tenga lástima. O peor, que deje de hacer lo que quiere sólo porque un fracasado no quiso que lo intente por miedo a que al otro sí le vaya bien.

Por ejemplo, a mí me gustan las cosas viejas, retro, pasadas de moda, cosas de las que hablan mis papás o mis abuelos pero no mis amigos. ¿Debo callarme y no decirle al mundo que me gustan? No, obvio que no. Entonces…

…ayudame a cumplir mis sueños, no los sesgues;

…apoyame con mis metas, no las juzgues;

…recordá cómo te sentías a mi edad, no me culpes por ser más joven;

…viví de nuevo conmigo, no hagas que quiera alejarte.

Hay muchos “adultos” que se olvidan de que en algún momento de sus vidas también tuvieron 20 años, también soñaron, también proyectaron, también fueron rebeldes, y también se dieron la cabeza contra la pared. Nunca, nunca, nunca deberían olvidar que lo que son hoy es gracias a la persona que fueron hace tantos años, y que las decisiones que tomaron a sus 20 muy probablemente los ha llevado a su lugar actual.

Quizás así dejarían de juzgar por la edad y lo harían por la esencia, o mejor aún: no juzgarían.

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