En el Pont des Artes donde los enamorados dejan sus candados

Amores pasajeros, o no.

El amor es Roma al revés. Pero además es un sentimiento muy amplio, porque uno puede amar en distintos grados de intensidad y a diferentes personas o cosas, sin necesariamente querer casarse o entablar un lazo más profundo que el amor per se.

Cuando estaba en Inglaterra mi amiga Anu me pasó este artículo que habla sobre el amor casual, pero no entendido sólo como sexo sino como ese sentimiento que te agarra con gente o cosas que surgen de la nada y que te producen mariposas en el estómago y un estado de euforia similar al amor romántico pero sin las ganas de comprometerte.

Yo amo con locura a mi sobrino y no por eso lo quiero de novio, ¿me explico? Soy de esas personas que lee libros románticos y ve películas románticas y ama las historias de amor que por lo general en la vida real no suceden, pero aún así no vivo soñando con ir a la verdulería y encontrarme a Romeo, tengo mi realidad. Y me enamoro de todo.

Lo amo porque es lo más valioso que tengo.

Lo amo porque es lo más valioso que tengo.

Mis amigas saben que yo soy la típica que se enamora de un artista de tal forma que en 30 minutos me sé vida y obra del sujeto en cuestión, lo idolatro un tiempo y después se me pasa. Podría decir que estoy enamorada tanto de hombres como de mujeres artistas, pero es un amor que empieza y termina basado en la admiración, no me quiero casar con ellos y ni quisiera  desearía llevar mi amor al plano personal porque ahí pierde el encanto.

El mozo del Café des Deux Moulins, un amoroso total.

El mozo del Café des Deux Moulins, un amoroso total.

Me pasa con novelas, con personajes, con historias, con lugares. De Londres y de Bath me enamoré perdidamente, son dos lugares a los que volvería sin pensarlo dos veces y que al recordarlos me hacen sonreír. Estoy y estaré eternamente enamorada de The Phantom of the Opera, ahora mismo siento una especie de euforia increíble por Jersey Boys, amo a sus protagonistas, amo las coreografías, amo las canciones, amo el teatro en el que están. Porque amé el momento que pasé con ellos, porque fui feliz.

Cada vez que digo “me enamoré” mis amigas me miran con cara “uh otra vez vos” pero no entienden, quizás porque no les pasa, que no se trata de amor romántico en busca de compromiso emocional, sino de un amor egoísta en donde no pretendo ser correspondida porque no me interesa nada más allá que el amor en sí. Estoy enamorada de mi casa y sin embargo no pretendo proponerle casamiento. Estoy enamorada de mi perro y nada más lejos que una relación perro-humano.

Lo amo por haberme salvado del abismo cuando Jaime murió.

Lo amo por haberme salvado del abismo cuando Jaime murió.

El amor es tan grande, tan amplio, tan abarcativo, que uno puede tranquilamente enamorarse de cosas, personas, lugares y situaciones sin pretender que pase algo más. Por eso cuando me dicen “es momento de que tengas un novio” pienso que no lo necesito, porque yo ya estoy enamorada pero de las cosas que me gustan y que me hacen feliz.

Amo mis momentos de soledad con una taza de café y un buen libro. Amo caminar bajo la lluvia. Amo pasear en un lugar donde hay olor a tierra mojada y cantan pajaritos alrededor. Amo escuchar musicales. Amo cantar por sobre todas las cosas. Amo darle besos a mi sobrino hasta dejarle los cachetes colorados. Amo ver a Argentina en la final. Amo a Mascherano desde que nadie le daba bola. Amo hablar con mis amigas. Amo las charlas futuristas con mis papás. Amo escuchar las historias de mis abuelos. Amo cuando mi hermano nos explica sus teorías.

Lo amé por ser pura paz y estar tan compenetrado en su personaje.

Lo amé por ser pura paz y estar tan compenetrado en su personaje.

Amo a Julio Bocca, a Ramin Karimloo, a Hugh Panaro, a Edd Post, a Gerónimo Rauch, a John Lloyd Young, a Oliver Tompsett, a Santino Fontana, a Gene Kelly, a Fred Astaire, a Humphrey Bogart, a Marlon Brando, y sin embargo no me quiero casar con ninguno de ellos porque sus vidas privadas no me interesan (sumado a que algunos están 20 metros bajo tierra). Amo a Sutton Foster porque es todo, amo a Emily Blunt, a Sarah Brightman, a Sierra Boggess, a Carla Peterson, a Audra McDonald, a ZAZ, a Jane Austen, a Charlotte Brönte, a Audrey Hepburn, y sin embargo no me gustan las mujeres ni cambiaría a Mr. Darcy por ninguna de ellas.

Cuando digo que amo a tal no siempre significa que sea un amor romántico. Imagino que a vos también te pasa con lo que sea que te gusta. Amar no es sólo querer depositar parte de sí en la otra persona (si es que es una persona eso que amas) sino a veces, simplemente, amar por el hecho de sentir la sensación de querer mucho algo.

El rey del susto, lo amé porque fue divino después.

El rey del susto, lo amé porque fue divino después.

A todos los que te nombré arriba, que los amo, me encantaría que la vida les sonría siempre y que logren todos sus objetivos. A todos los de ahí arriba los quisiera abrazar fuerte y decirles “gracias por hacerme la persona que soy” porque muchas de las cosas que aprendí fue gracias a algo que ellos hicieron, dijeron, propusieron o incentivaron. Su arte me ilumina y eso no se paga con plata, se paga con amor incondicional. Por eso a veces me siento goma cuando paso horas viendo videos o leyendo pasajes de sus libros, pero no puedo evitarlo.

Lo amo porque ama Gran Bretaña y era puro show.

Lo amo porque ama Gran Bretaña y era puro show.

No pretendo siquiera que alguno de los de arriba se enamore de mí, nada más lejos. Casi todos (los hombres) me doblan en edad y además, tenerlos conmigo 24/7 haría que se pierda la magia. Es como cuando comés mucho chocolate, tanto que te empachás y no das más ni para comer una galletita. No sirve, no me gusta, no es la idea del tipo de amor que siento por ellos.

Yo soy de esas personas que se enamoran de gente en el bondi o en el subte, o incluso por la calle. Me enamoro de situaciones tan cotidianas como una señora llevando de la manito a su nieto, un perro meneando la cola mientras espera a su dueño, el aroma a flores que emanan las esquinas con florerías, el olor a café que sale de los barcitos, pasar a un hombre mientras voy caminando y sentir su rico perfume. Esas cosas son las cosas de las que todos deberíamos enamorarnos todos los días.

Amé todo lo que sabía el guía y cómo tiró a un japonés al agua XD

Amé todo lo que sabía el guía y cómo tiró a un japonés al agua😄

Prestar más atención al aquí y ahora, y lograr sentir amor por lo que nos rodea. Dejarse impactar por lo cotidiano. Allá en Europa no salí nunca con el celular encima, por ende mi música eran las voces de las personas charlando en distintos idiomas y de diferentes temáticas. Nunca estuve tan presente como allá, ni siquiera cuando viajé sola por Patagonia porque ahí me la pasaba caminando pero con los auriculares.

Caminar por las ciudades sintiendo y escuchando la cotidianidad de la gente es algo impagable. Las ciudades también tienen magia, también te despejan, también te reconfortan. Y pasear sin celular, sin hora, sin música, sin interrupción entre vos y el entorno, es algo que le recomiendo a todo el mundo que haga. Sólo así vas a llegar a este estado en donde cualquiera que te vea va a pensar que estás drogado pero no, simplemente amas la vida. Tú vida.

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