Llega un punto en que parece la cosecha de mujeres porque el viaje "nunca se acaba"

Choque de culturas

¡Volvimos al español! No todo está perdido, no me pasé al lado oscuro de la fuerza, volví a la normalidad aunque volveré al inglés en breve. En el post de hoy me gustaría contarte cómo fue mi llegada al primer mundo, previo paso por el horrible aeropuerto de San Pablo donde casi me quedo abajo por su señalización nefasta.

Parte de mi deseo ya se estaba por cumplir

Parte de mi deseo ya se estaba por cumplir

El día anterior a mi partida fue mi cumpleaños, así que no tuve mucho tiempo para prepararme psicológicamente para el viaje. Ese finde lo pasé con mi familia, el lunes fue mi cumple y el martes me fui. Salía a las 17.50 en el JJ 8019 para San Pablo (o GRU como le decimos en el trabajo) así que llegamos temprano con mamá, papá y mi sobrino.

Don't cry for me Argentina...

Don’t cry for me Argentina…

Recorrimos un poco, el niño se enamoró de una maqueta así que no lo pudimos despegar hasta que se me ocurrió decirle que ya me iba y que no me iba a ver por un tiempo. “¿Cuánto tiempo tía?”, y ahí me desarmó. Pasé a la parte estéril previo llanto de madre y a mí se me vinieron todos los miedos encima. ¿Y si no me gusta? ¿Y si me quiero volver? ¿Y si no entiendo cuando me hablan en inglés? ¿Y si en migraciones me denegan el ingreso? ¿Y si…?

En el Duty Free Shop me compré una mariconera siguiendo los consejos de Sir Chandler y un regalito para mi host en Bath. De ahí fui directo a la puerta en donde ¡¡ya estaban embarcando!! No me dieron chance de pensar nada, me metí en la cola y subí. Cuando me senté lo primero que me enteré fue que había muerto Norma Pons. Me puse a escribir en mi diario, traté de volcar todas mis dudas en el papel y sacarlas de mi mente, ¡no te das una idea del remolino de cosas que me pasaban por la cabeza!

El bichito que me llevaría a GRU

El bichito que me llevaría a GRU

That's the point of no return

That’s the point of no return

Si bien llovía y yo estaba cortando clavos con los dientes, el vuelo fue muy lindo y ni se movió. Llegué a GRU, me tiraron el desodorante, pasé el free shop local y esperé donde decía zona de embarque. Esperé y esperé hasta que en pantalla mi vuelo no figuraba y me empecé a asustar. Le pedí a una amiga que se fijara online si encontraba alguna info, me pasó la puerta 11A y oh sorpresa, esa puerta no figuraba en la zona donde yo estaba.

Empecé a buscar algún teléfono de atención al cliente y no encontré nada, no había nadie del aeropuerto y yo empecé a putear en ucraniano hasta que por fin me crucé con dos empleados de Lan que con su mejor cara de traste me dijeron que tenía que ir a la otra terminal, que está ubicada antes de entrar al free shop. Hacia allá fui y respiré al ver la puerta con mi vuelo anunciado.

El JJ 8084 estaba estimado en horario y a las 23 empezamos a embarcar. Esperamos sentados en el avión hasta que a los 20 minutos anunciaron que por problemas técnicos tendríamos una demora sin estima. Palidecí. Creo que nunca recé tanto para que salga todo bien. ¡Qué locura decir “problemas técnicos”! Al final salimos a la 1 y el vuelo fue un placer. Saqué fotos del avión para mi hermano, vi dos películas, comí como muerta de hambre (porque en las horas de espera no comí nada) y después me dormí un buen rato. Cuando me desperté abrí la ventana y me encandilé, se ve que las azafatas a la noche cierran las ventillas porque yo no recuerdo haberla cerrado.

Llega un punto en que parece la cosecha de mujeres porque el viaje "nunca se acaba"

Llega un punto en que parece la cosecha de mujeres porque el viaje “nunca se acaba”

Aterrizamos en Londres y ahí empezó mi miedo (otra vez). Mientras hacía la fila de migraciones veía cómo a algunas personas las mandaban a un rincón mientras los agentes confirmaban los lugares de estadía, y pensé que me iban a mandar también a mí porque si llamaban a la casa donde me iba a quedar no encontrarían a nadie, tendrían que llamar a Argentina y si no encontraban a mi amiga o a sus papás se me iba a armar un alto quilombo.

Por suerte me iluminé y anoté en un papel los teléfonos de mi amiga y de sus padres, por si me los llegaban a preguntar. Traté de calmarme y me daba ánimos pensando “no venís a hacer nada ilegal, no estás transportando droga, no tenés antecedentes legales, hablás el idioma, tenés todo en regla, no te puede pasar nada”. Cuando me tocó pasar creo que parecía que me había tomado una garompa, aunque después de casi 15 minutos de interrogatorio a cualquiera le tiembla el pulso.

La chica que me atendió no habrá sido mucho más grande que yo, no era simpática pero tampoco fue mala onda, me preguntó de todo y su rostro era inescrutable. Creo que en un punto me tomó para la joda, pero bueno, es su trabajo. Me preguntó por qué me iba a quedar tanto tiempo, cuál era el objetivo de mi viaje, de qué me había recibido, de dónde sacaron la plata mis padres para pagarme el pasaje, cómo iba a solventar mi estadía, por qué me quedaba en una casa, si tenía amigos en el UK, cuál sería mi itinerario, de qué trabajaba mi mamá, de qué trabajaba mi papá, de qué trabajaba yo, cómo hice para que me den tantos días libres, cuándo me tenía que reintegrar, y alguna otra cosa que ya no recuerdo.

Me preguntó dos veces algunas cosas y yo respondí todo tranquila, en el mejor inglés del que era capaz después de tantas horas de vuelo, sonriente y afirmando al final de la entrevista que no tenía intenciones de quedarme a vivir. Finalmente con una sonrisa selló mi pasaporte y dijo la tan esperada frase “welcome to the UK“. Respiré y casi me pongo a saltar pero me contuve, ¡no vaya a ser que se arrepienta!

Lo primero que vi fue un stand con folletos de The Lion King y no pude evitar una lagrimita. “¡Ya estoy en Londres!” fue lo primero que pensé. Hay otros stands con folletos de palacios, museos y promociones del Heathrow Express, tren que me tuve que tomar obligada porque el subte estaba de paro (sí, allá también). Fui a sacar el ticket y de ahí directo a esperar el tren cuyo aspecto es precioso, nunca había visto en mi vida un tren tan lindo y cuidado, con espacio para las valijas, con asientos cómodos, limpio… Dejé mi valija en el compartimiento correspondiente, no sin mirarla durante todo el trayecto por miedo a que me la saquen, y llegamos a Paddington.

La máquina para comprar el pasaje del Heathrow Express. Aceptan swipe cards (tarjetas de banda)

La máquina para comprar el pasaje del Heathrow Express. Aceptan swipe cards (tarjetas de banda)

¡Qué linda estación! Y eso que me faltaban otras por conocer, pero me encantó. Obviamente me perdí tratando de buscar la salida (sí sí, estaba idiota), recorrí la parte de comidas, entré al Hilton, vi la estatua de Paddington Bear y salí para (¡por fin!) encontrar la salida a la calle.

Paddington Bear

Paddington Bear

De ahí tenía que caminar unas cuadras hasta llegar al departamento, y en el camino me encontré con el primer choque de civilización. Resulta que hay que apretar un botón para poder cruzar la calle, yo no conocía esto y esperé y esperé pero el semáforo nunca cortaba, hasta que alguien se paró a esperar y apretó ese botón. Unos segundos y ya estaba cruzando, ¡mágico!

Llegué al departamento y ¡wow! No te puedo explicar lo lindo que es, bastante grande para mí sola, pero me encariñé rápido y pronto lo sentí mi hogar sin serlo. Puse todo en funcionamiento según la guía que me habían dado los papás de Flor, acomodé mis cosas y me conecté para avisarle a mi familia que ya había llegado y que estaba bien, viva y feliz.

Me costó reaccionar, asimilar que ya estaba en Londres, que había llegado, que en ese preciso instante en el que me relajaba ya estaba comenzando la magia. Recuerdo que mi hermano me dijo “ya te querés quedar a vivir, no?” y mi respuesta fue “no sé, no hace ni 24 horas que estoy acá”. Hoy, cuando ya pasaron más de dos semanas mi respuesta sería “sí, me quiero quedar a vivir, aunque sea por un tiempo”.

Lo más increíble de esto fue que me contacté con una amiga de la universidad que casualmente estaba en la ciudad y nos pusimos de acuerdo para vernos. ¡Después de un año nos íbamos a ver en Londres! ¿Entendés que eso era el colmo de la locura? Cuando tenés que reencontrarte con alguien la vida te lo pondrá nuevamente en tu camino, y a pesar de que en los años universitarios no estábamos en el mismo grupo de amigas siempre nos llevamos muy bien. El tiempo diría que esa buena compañera hoy comparte anécdotas conmigo y ya es una buena amiga.

Con Vicky en el Palacio de Buckingham

Con Vicky en el Palacio de Buckingham

A todo esto me faltó un detalle que no se me pasó por alto: ¡había sol! La ciudad estaba feliz de verme y yo estaba feliz de conocerla, ella lo reflejó en el tiempo y yo con una sonrisa enorme. Aprendí tantas cosas, principalmente y como te conté en un post anterior, aprendí que se puede vivir de forma civilizada, que se puede estar tranquilo y seguro a pesar de vivir en una gran ciudad, que la gente no siempre está ahí para gritarte o putearte, sino que también te pueden recibir con una sonrisa y amabilidad. Un choque de culturas que, al menos a mí, me vino muy bien.

3 comentarios en “Choque de culturas

  1. Jeremiasr dijo:

    Ahora ¡¿Tantas preguntas te hacen para permitirte entrar al país?! Y en caso de no saber ingles ¿como las respondes?.

    Hermoso viaje. Genial experiencia. Espero poder conocer algún día.

    Saludos Aya.

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    • algobonito dijo:

      Jajaja sí, es tremendo! Desconozco cómo será si no sabés inglés, me interesaría saber qué onda. De todas formas creo que para ir a entrar directo allá algo mínimamente deberías saber. La verdad que sí, es hermoso, hermoso hermoso, volvería sin dudas!

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