La foto que sí o sí te vas a sacar en Londres

Novedades desde el otro lado del charco

Quién iba a decir que 26 días después de llegar iba a querer quedarme más tiempo… pero así es, me quedan sólo 7 días de viaje y ya extraño todo lo que no voy a tener por el tiempo que tarde en volver. Y no me refiero a cosas materiales porque (como ya sabrás) soy una turista con un presupuesto acotado, sino al respeto que tienen todos, a la posibilidad de ser libre en un sentido más amplio.

Cuando vivía en Villa me maravillaba la idea de mudarme a una ciudad grande, donde nadie te presta atención, donde sos un número más y donde podés cumplir tus sueños. Buenos Aires es hermosa en muchos sentidos, me liberó porque pude descubrir mi capacidad de ser autosuficiente, de adaptarme al cambio, de cuidar de mí misma. Mis sueños se hicieron más grandes, mis posibilidades también, pero tomé un camino del que no me arrepiento aunque ahora reniego un poco. Decidí trabajar y renunciar a mi más grande sueño, nadie me obligó y acepto que quizás no fue la mejor decisión, aunque de no haber entrado al aeropuerto hoy no estaría escribiendo desde este lugar.

Con el tiempo me fui interiorizando más y más con la cultura británica, mi escritora favorita es Jane Austen, me gusta la historia de la realeza, adoro los musicales. Simplemente este lugar se convirtió en “la ciudad a la que tengo que ir”, y gracias a mis papás que me regalaron los pasajes hoy estoy acá. También gracias a mi amiga Flor y a sus papás porque sin su ayuda ahora no estaría en una hermosa casa cerca de todo. Y no menos importantes gracias a mi otra amiga Flor que me va a dar un techo donde pasar los últimos 3 días de mi estadía en la ciudad.

Si debo ser sincera, antes de venir acá no estaba bien. Mi trabajo se estaba tornando insoportable, mis ganas de salir iban cayendo en picada, mi amor propio bajó a límites insospechados. Hacía un año que no leía con la regularidad con la que yo estaba acostumbrada, hacía unos meses que ya no cantaba, mis momentos de felicidad no eran tantos. Pasaron cosas muy fuertes, como la muerte de mi abuelo y la enfermedad de mi abuela, que me volví una persona más miedosa. Me daba miedo vivir por la posibilidad de morir. Perdí mis sueños, perdí las ganas de hacer lo que me gusta, no tuve el valor de volver a inscribirme a una escuela de teatro musical, no hice las cosas que siempre quise hacer cuando terminase la universidad. Simplemente me dedicaba a soportar mi trabajo tratando de no querer matar a nadie, y al volver a casa pasaba incontables horas frente a la computadora perdiendo el tiempo.

Cuando mis papás me dijeron que me regalaban el viaje por fin tuve un incentivo para ir a trabajar con más ánimos. Los últimos 5 meses fueron eternos, cada día tenía mil horas, hasta que llegó mi cumpleaños y todo pasó muy rápido. Siempre pasan rápido las horas cuando sos feliz, por eso acá estoy 26 días después de haber llegado, sin poder creer que ya falte una semana para volver.

No puedo explicar todo lo que me ayudó este viaje. Aprendí tanto, conocí tanto, disfruté tanto, me crucé con gente que me abrió los ojos en tantos aspectos que siento que soy una persona totalmente distinta de la que llegó el 30 de abril. Recuperé mis ganas de leer, volví a cantar, sonrío todo el tiempo, me siento feliz. Es como si me hubiera enamorado de esta ciudad de la forma más encantadora posible.

Si pensás que estoy exagerando te aseguro que no. Es maravilloso volver a confiar en tus sueños, encontrarlos otra vez, saber que es realmente eso lo que querés y no otra cosa. Para mí es todo más difícil porque acá no puedo trabajar, soy consciente de eso y por eso el esfuerzo debe ser el doble. Pero se puede, yo sé que se puede. Y además, siempre puedo venir a estudiar…

Los sitios a los que fui fueron todo lo que yo esperaba e incluso mejores. Me encantó Bath, creo que a pesar de que es una ciudad chica tiene tantas cosas para hacer que no te vas a aburrir en poco tiempo. París es tan romántica como la pintan, quizás la idealizamos demasiado y sí tiene muchas fallas, pero aún así es una ciudad preciosa que merece la pena ser visitada. Frankfurt fue todo un hallazgo, no me esperaba una ciudad tan linda y con tantos espacios verdes.

También fui a Oxford y a Cambridge pero esas ciudades se merecen un post aparte, porque todo ayudó a que me guste más la segunda pero creo que la primera se merece otra chance. Son dos ciudades tan lindas y tan interesantes que aunque sean bastante similares cada una tiene su encanto, por lo que creo que es muy injusto que al turista lo hagan elegir entre una u otra. Si podés anda a las dos y después fijate a cuál volver😉

Por otro lado recomiendo hacer Couchsurfing, es una experiencia inolvidable que si das con la persona adecuada vas a aprender un montón. Yo estuve en Bath en la casa de una finlandesa que ama mi país y fue muy emocionante poder sentirme en casa a pesar de estar tan lejos. Anu ya forma parte de mis amigos, porque me ayudó tanto a verme a mí misma con claridad, a tomar coraje y a aprender sobre otras culturas, que me quedo corta con un simple gracias.

Pero volviendo al viaje en sí, creo que ir al teatro es muy sanador. Si algo me fascina en esta vida son los musicales, y ya necesitaba una buena dosis de ellos. ¡Es tan lindo ver los musicales que vengo escuchando hace años! Volver a encontrarme con Phantom después de un tiempo y que el protagonista sea argentino fue mágico, es todo como si fuera un sueño y no me quiero despertar. Cuando camino y veo las marquesinas pienso que no me quiero ir de acá, que cuando vuelva (porque voy a volver) voy a ver más y más musicales, que esto es realmente lo que quiero para mí.

Quizás cuando vaya a New York piense lo mismo, no lo sé. Pero de acá me encanta que tengo toda Europa cerca, que en un fin de semana puedo ir a cualquier país en menos de 3 horas de vuelo, y es tan lindo viajar… Se me complica un poco cuando cambia el idioma, aunque sólo me sentí perdida en Alemania porque no entiendo un pomo de alemán, pero en Francia dentro de todo me pude manejar bien.

No me fui y ya quiero volver. ¿Cómo te explico todo lo que esta ciudad tiene para ofrecer sin pensar en todo lo que me va a quedar pendiente? Y sin mencionar el placer que es ir a una tienda y encontrar mi talle de pantalón sin largarme a llorar, o que la persona que te atiende sea simpática y realista. Durante años, casi 5 si mal no recuerdo, no usé jeans por el simple hecho de que encontrar el talle correcto era toda una odisea por la que no quería pasar, con la vendedora mostrándome un 38 con cara de “¡¿cómo que no te entra el talle más grande?!” y haciéndome sentir la persona más deforme del planeta. Sumado a que si encontraba el talle correcto éste me salía una fortuna y para usar jeans tenía que primero vender un riñón para poder comprarlos.

Pero acá hay talles para todos, las vendedoras son amables, la ropa no es cara, así que ir de compras es realmente un placer. Y si vas a mirar igual te atienden bien, te ayudan aunque les aclares que no vas a comprar, no te joden para que lo hagas, te hacen sentir cómoda aunque estés vestida como una indigente. ¡Es genial! Y creéme, para una persona que siempre tuvo complejos con su cuerpo no hay nada más lindo que poder encontrar tus talles a un precio accesible.

Así que en general estoy muy bien, feliz de poder vivir esto a mis 23 años, de poder compartirlo con mi familia y mis amigos a pesar de la distancia, de volver a ser la persona que era antes del desastre del año pasado. Viajar es sanador, te ayuda a abrir los ojos, a volver a tener ideales, a confiar en la gente y en que sí existe un mundo mejor. Acá aprendí que se puede volver a casa tarde sin tener miedo, que podes estar tranquila en la calle sin el pánico de lo que te puedan hacer, que la gente puede ser amable y gentil incluso cuando no hay espacio, que las reglas se respetan sin chistar… en fin, que existe una forma más civilizada de convivencia.

Por lo que me resta disfrutar de los próximos 7 días y planear cómo hacer para volver pronto. Porque sabelo, voy a volver.

2 comentarios en “Novedades desde el otro lado del charco

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