Pensamientos en el paro

Haz más de lo que te hace feliz.

Haz más de lo que te hace feliz.

“La paz aparece en esos lugares a los que no vamos nunca. Sabemos que existen, que están ahí, pero no vamos. Pasan al lado nuestro constantemente pero no los miramos, aunque ellos esperan solitarios a que nos dignemos a entrar.

Estoy en un convento que queda a la vuelta de mi casa, siempre estuvo acá pero pocas veces vine. Hoy es un día especial porque hay paro nacional así que el Microcentro está particularmente tranquilo.

Entré por curiosidad, caminé alrededor y decidí sentarme. Terminé mi café y me entraron las ganas de escribir. En este sitio estoy rodeada de árboles, arbustos, un pequeño oasis de naturaleza en medio de la jungla de cemento. Y encima silencioso. Lo único que perturba la calma es el sonido de la voz de una nena y algunos ruidos de la calle. Esa calle de la que escapé para quedarme acá, en esta pecera de paz.

La nena juega a la pelota con su mamá, entró una pareja fumando, hay una señora mayor dando vueltas y está el guardia de seguridad. No podía faltar una paloma, pero ella se aleja de mí presintiendo que no le daré de comer.

Me dan fobia las palomas.

Cierro los ojos y siento la paz, la mente se me pone en blanco y me obliga a relajarme. Me duele la cintura por la lumbalgia pero acá no la siento. 

Hay 8 árboles a mi alrededor, también hay muchos arbustos. La pareja se mima y la señora se va con su hija. Yo me quedo, escribo, siento y respiro. No quiero que se vayan pero no puedo frenarlos. Me siento bien, estoy sensible. Hace un ratito lagrimeé, estaba pensando en mi familia, en mis abuelos…

Ayer hablé con mi jefa para preguntarle si me podía dar el domingo de Pascuas libre y sutilmente me dijo que no, que se iba a fijar porque quizás ya tenía franco. Al final no, trabajo. Cuando le pregunté me dio un discurso de que tenía que rezarle a Santa X por los malabares que hace con los horarios. Me cayó mal su comentario, porque nunca le pedí días por caprichos sino para ver a mi familia. Quizás ella no sabe o no se da cuenta de lo es tener a tus seres queridos lejos.

Quiero volver a mi casa, aunque sea por un día. No me quiero ir sin haber abrazado a mis abuelos, a mi perro. Mi mamá y mi papá van a venir a despedirme y a llevarme a Ezeiza pero mis abuelos no y los extraño.

Después de que mi abuela tuvo el ACV siento que cada oportunidad que pierdo de ir a casa es un día más sin ellos. Tuvimos nuestras diferencias pero son mis abuelos.

Cuando pasan estas cosas es cuando más deseo tener un trabajo normal, con fines de semana libres y feriados incluidos. Si trabajara en una oficina esto no sería un problema, y podría visitar a mi familia cuantas veces quiera sin tener que pedirle permiso a mi jefe.

Ruego poder cambiar de trabajo cuando vuelva del viaje, encontrar una rutina más saludable y sobre todo un lugar que me permita crecer profesionalmente. 

Me gustaría no depender de la plata, me gustaría tener la libertad de elegir hacer lo que me apasiona sin pensar en si voy a llegar o no a fin de mes. Sería maravilloso poder hacer todo lo que me gusta sin preocuparme por el alquiler o la comida. Pero lamentablemente no es así, y tengo que trabajar para vivir, sacrificando parte de mí hasta que encuentre algo mejor. Porque sé que existe algo mejor, sólo que aún no lo conozco.

El día es perfecto, está nublado y corre viento suave, no hace calor pero tampoco frío, es el tipo de clima que me gusta.

La pareja sigue sentada, en silencio. La única voz que se escucha es la de un hombre hablando por teléfono. Un poco desubicado entre tanto silencio pero está y no se puede ignorar, forma parte del paisaje.

Llegó un nuevo visitante y otra pareja. El nuevo se sentó y la pareja ya se fue. Pasan, transitan pero no anclan. La pareja anterior sigue, pero el chico está desparramado en la banca. Y yo sigo, sentada escribiendo y respirando, llenando mis pulmones de aire puro, sacando fotos con los ojos para que la belleza que me rodea no se escape de mi mente.

El árbol que tengo en frente es raro, tiene espinitas.

Siento como si cayeran gotas chiquitas, pero no me quiero ir. El hombre del teléfono se fue con sus acompañantes, ahora camina otro con remera roja y unas llaves que tintinean rompiendo la calma.

Hay gotas, llovizna. Ahora sí el día es perfecto, pero me tengo que ir. Disfrutaré de la lluvia desde casa, mi rincón en el mundo, mientras este paraíso quedará a la espera de que lo vuelva a elegir.

Necesitaba frenar, encontré el lugar ideal.” 

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