No pasa en la vida, pasa en las películas

Esto en la vida real no pasa

Esto en la vida real no pasa

¡BASTA! Estoy cansada de que TNT nos mienta diciendo “pasa en las películas, pasa en la vida, pasa en TNT”. En la vida esto NO-PA-SA, y si sucede es a uno en 1 millón. Al resto de los mortales nos pasan las cosas bizarras pero ninguna nos lleva a un bar en un pueblo perdido en Irlanda a encontrar casualmente al amor de nuestra vida.

Anoche vi Leap Year y me quedé indignada. Me encantó, es un claro ejemplo de “película Araceli” porque me reí, lagrimeé, me emocioné, me “sorprendí” (todos sabemos cómo terminan estas historias, pero no de qué forma llegan a ese final), y disfruté mucho el rato que duró. El problema comenzó cuando terminó y me puse a reflexionar.

Sí, reflexioné, porque como ya te comenté, me indignó que esas cosas tan fantásticas pasen sólo en las películas. Hasta ahora nunca una conocida me contó un ejemplo de la vida real que sea remotamente similar al de estas historias, y creo que la única con la que TODAS nos sentimos identificadas es con Simplemente no te quiere, por qué será…

En la vida real si te atropella un coche el conductor es un imbécil que gracias si se baja del auto a ver cómo estás; si te chocas sin querer con alguien en la calle ni siquiera levantas la mirada para ver a quién te chocaste (y olvidate del “disculpame” si el que te chocó es el otro); en la parada de colectivo nunca hay un chico lindo y si está, seguramente esté poseído por sus auriculares; lo mismo en el colectivo, nunca se sienta al lado tuyo el “facherito” del bondi sino la mujer con un bebé o el viejo baboso. ¡ Y qué decirte de cuando vas a un bar! El de al lado es un huevón con más ganas de tomar la mayor cantidad de cerveza que charlar con vos, y si te habla su chamuyo es tan deprimente que se te van a vos las ganas de hablar.

Los que atienden la barra pueeede que en general sean el prototipo de galán de película (al menos en lo físico), pero la gran mayoría nunca termina descubriendo que vos sos el amor de su vida porque ni siquiera se dan la oportunidad de saberlo. ¿Y por qué? Porque te hablan haciéndose los langas con el firme propósito de que les compres más tragos. Aceptalo, sos un número y una propina al final de la noche. El bartender de las películas no existe.

DARCY NO EXISTE. Y sí, mi afirmación es tan cruel como aquella de Nietzsche en la que se atrevió a decir “Dios ha muerto”. Pero es la verdad, queridas amantes de las historias románticas. Darcy es el prototipo de hombre ideal, con el grado justo de inteligencia, agudeza, y una timidez que lo traba al momento de demostrar sus mejores atributos como su bondad y generosidad, así como un admirable sentido del humor que le permite comprender a Elizabeth sin poder sumarse porque no se considera a sí mismo capaz de estar a su altura. Y encima, Darcy es rico, lo que significaría que no tendrías que planchar, lavar y cocinar nunca más en tu vida si no quisieras.

¿Pero qué probabilidades hay de viajar a Inglaterra y toparte con un hombre así? Las mismas que hay de que el príncipe Carl Phillip de Suecia deje a la modelo hot que tiene por novia para casarse conmigo (o sea, ninguna, ¿hacía falta aclarar?). Así que si soñás como yo con viajar a las tierras de Jane Austen, calzarte un vestido estilo siglo XVIII y correr por los páramos, asistiendo a servicios religiosos (de una religión que no es la tuya, claro) para fichar a los feligreses, preparar exquisiteces para el 5 o’clock tea o alguna otra cosa similar que pueda hacerte entrar en la sociedad ideal de aquella época, todo con tal de demostrarle al mundo (o a vos misma) de que quizás armando el marco perfecto Darcy pueda resurgir de las cenizas para declararte su amor, te digo que NO LO HAGAS. No vale la pena.

Primero porque quedarías ante la sociedad inglesa (y argentina) como la mersa más grande de la historia y es muy probable que en vez de ser la señora de Pemberley te manden a un psiquiátrico; segundo porque hoy en día si bien Darcy no existe quizás haya algo mejor (¿es acaso eso posible?) o alguien que se adapte específicamente a tu forma de ser; y tercero porque para algo estudiamos y nos preparamos che, ya no es necesario depender de otro y mucho menos esperar a que el milagro divino se dé (sino te vas a morir soltera, desde ya te lo digo).

 

Así que por más que nos sigan mintiendo con lo de “pasa en la vida, pasa en las películas…”, tenemos que aprender a entender que esas cosas a la gente común no nos pasan, que las probabilidades de que nos pasen son tan remotas que casi duele pensarlo, y que por más que vayamos a Gran Bretaña es muy probable que nos topemos con los mismos boludos de acá, sólo que hablarán un inglés precioso con un acento encantador del que muy probablemente no entiendas un corno al principio y que digas “ah pero no todo es como la BBC”. Y… no.

Pucha, quisiera que Lost in Austen fuera verdad y que eso me pasara a mí.

 

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