Un adiós predecible

depresión en ancianos

 

Hoy a la mañana me desperté con la noticia de que mi abuelo Andrés había fallecido. Era el papá de mi papá y vivía en Chaco, así que nunca fuimos muy cercanos debido a la distancia, de hecho nos vimos como mucho 5 veces en mi vida. Su muerte no me impactó tanto porque era algo que ya sabíamos que tarde o temprano pasaría, él ya no tenía ganas de vivir y lentamente se fue apagando. Murió de la mejor forma que puede morir alguien: durmiendo en su cama.

Mi abuelo era una persona muy activa, hasta no hace muchos años andaba en bicicleta todos los días y junto con mi abuela llevaba un cuadernito en donde anotaba los números de la quiniela. La última vez que nos vimos fue hace 2 años, cuando fuimos de visita con mi papá y él ya empezaba a apagarse. Había dejado de andar en bicicleta y al cuadernito lo completaba mi abuela.

Cuando iba a visita tanto mi abuelo como mi abuela se desvivían por darme todos los gustos, no sé por qué pero al ser una nieta lejana procuraban que los pocos días que me tenían con ellos yo la pasase muy bien y nunca les parecía suficiente. Supongo que pensaban que yo era diferente por ser criada en la ciudad, pero en esencia siempre fui igual a ellos, igual a mi papá, una persona simple y humilde que ama con locura a su familia. Yo no necesito de lujos mientras ellos estén a mi lado, y con mis abuelos el disfrute era al máximo porque el tiempo siempre fue poco.

Con mi abuelo charlábamos de mi casa, de mis estudios, de qué quería ser al terminarlos, me preguntaba por la familia de mi hermano, por mi mamá y mis otros abuelos, me contaba cosas de su vida, de mi papá cuando era chico, del campo. Lo que más me duele de haberlo perdido es el poco tiempo que pude disfrutarlo, las distancias son crueles y el tiempo aún más.

Pero si algo he de agradecerle eternamente a la vida es haber podido disfrutar durante 22 años del placer de contar con mis 4 abuelos vivos, de haberlos conocido, de recordarlos con amor, de que me hayan querido y yo a ellos. Ahora sólo me quedan 3 y los disfrutaré todo lo que pueda.

Abuelo: espero que descanses en paz, que Dios te tenga consigo, que nunca me olvides como yo nunca te olvidaré. Recuerdo la última vez que te vi, recuerdo esa mirada en la que inconscientemente sabíamos que sería la última vez, recuerdo tu rostro, recuerdo tu último abrazo mandándome un beso grande para mi mamá y pidiéndome que me cuide. Aunque lejos siempre estuviste cerca, al igual que mi abuela, porque para mí era un orgullo decirle a la gente que tenía a mis abuelos vivos. Tus últimos días no fueron fáciles pero Dios te dio la oportunidad de irte tranquilo, de morir en tu casa y con tu familia, dormido, sin sufrir. Te quise, te quiero, y te voy a querer toda la vida. Porque a pesar de haberte ido, yo sigo teniendo vivos a mis 4 abuelos acá, en mi corazón. 

3 comentarios en “Un adiós predecible

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