Ciclos de la vida

Toda sucesión de momentos de felicidad trae, como consecuencia lógica del destino, algún momento malo. En mi caso yo venía de muchos momentos muy felices, así que el golpe fue más duro. Me asusté, lloré, pedí ayuda a Dios como hace mucho no pedía, me refugié en la espiritualidad y traté de salir adelante, porque tenía que ser fuerte para mi mamá y mi abuelo que me necesitaban más que nunca.

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El 26 de septiembre mi abuela cumplió 80 años con sus achaques pero con una vitalidad bastante alta para esa edad. Comió, disfrutó, bailó, se rió, tuvo su fiesta por partida triple, fuimos todos, estuvo bueno. Pero la vida le dio un regalo no tan copado el miércoles pasado cuando, estando en el baño, le agarró un ACV.

Mi abuelo la socorrió, después pidió ayuda a mi mamá, y como mi abuela es grandota tuvieron que pedir ayuda a un vecino. Mi abuelo estaba muy asustado, mi mamá también pero se puso la situación al hombro y coordinó todo para llamar a la emergencia, quienes afortunadamente llegaron a tiempo y pudieron hacer todo sin perder esos minutos vitales. Luego de unos estudios a mi abuela le diagnosticaron el ACV y la dejaron en terapia intensiva.

Mi abuelo, ya más calmado, hizo todos los trámites y mi mamá le avisó a mi papá (que estaba acá conmigo). Él que es un experto en dar malas noticias entendió todo al revés y me dijo “me voy urgente a casa porque tu abuela se cayó y se golpeó la cabeza, está en terapia”. Cuando mi papá se fue la llamé a mi mamá y no me atendía, me empecé a desesperar y me fui a la iglesia que está a la vuelta de mi casa. Mi idea era ir a misa pero me encontré con una iglesia vacía, afuera llovía así que me quedé ahí un rato.

Sin pensarlo empecé a rezar, y en la desesperación de no saber qué pasaba ni tampoco qué hacer me puse a llorar. Y lloré, lloré mucho, tanto que una chica que entró después se me acercó y poniéndome su mano al hombro me dijo “no sé qué pasa ni por qué lloras, pero sea lo que sea todo va a estar bien, estás en el mejor lugar en el que podrías estar, no tengo otra pero toma, agarra” y me dio una carilina. Ese gesto, tan estúpido quizás, me hizo muy bien. Le conté lo que me pasaba, que no sabía cómo estaba mi abuela, que estaba muy asustada, que lo único que quería era que ella se pusiera bien, y me dijo que iba a rezar por ella pero que yo mientras aproveche para desahogarme.

Es increíble lo bien que me hizo llorar, tenía un nudo en la garganta y un miedo que poco a poco se fue, y cuando el sereno me dijo que debía retirarme porque iban a cerrar la iglesia me fui más tranquila, volví a llamar a mamá y ahí me dijo lo que tenía la abuela. Resolví ir a trabajar el jueves y después ir a casa, no podía quedarme tranquila estando lejos.

Esa noche no pude dormir, fui al trabajo sin querer estar ahí más que nunca, hice lo que tenía que hacer y me fui. Llegué a casa tarde, me dijeron qué pasaba y me avisaron que al otro día mi papá se iba para Chaco porque mi abuelo está mal y quería ir a verlo (mi abuelo tiene más de 90 años y hace tiempo que está enfermo, yo ya sabía cómo venía la mano por eso no me impactó tanto). Se nos juntó todo, así que la mejor decisión que podría haber tomado fue ir a mi casa y ayudar.

Del miércoles al domingo mi abuela estuvo internada en terapia intensiva, la visitábamos a la mañana y a la tarde, cuidando que no se pusiera nerviosa, tratando de divertirla y alegrarla durante la media hora que teníamos para verla. Mientras tanto yo me encargaba de que mi abuelo comiese y descansase, porque si era por él no hacía ninguna de las dos cosas.

Los parientes cercanos a mi abuela saludaron y punto, para ayudar bien gracias. Los parientes con los que nunca hablamos se acercaron y se pusieron a la orden. Las amigas de mi abuela estuvieron ahí, los amigos de mi familia también. Personas cercanas al corazón pero lejanas en distancia geográfica se preocuparon, y las pocas amigas que sabían lo que pasaba me mandaban mensajes de apoyo. En esos momentos es cuando ves mejor quién es quién, muchos se sacan las caretas y a uno le sirve para darse cuenta la clase de gente en la que estuvo depositando tanto cariño inmerecido. “Amigas” que no me veían hacía dos semanas ni se molestaron en preguntarme cómo estaba, qué pasaba, si andaba bien, y yo me cansé de ser siempre la que pregunta y se ocupa de conservar una amistad que, evidentemente, no es tal y no sirve. Tenía un objetivo más importante: cuidar a mi abuelo y a mi mamá, por eso a mis amigas de Villa no les avisé para no preocuparlas y porque yo tampoco estaba de ánimos como para ver a alguien.

La tarea más difícil fue mantener de pie a mi mamá y a mi abuelo, ser fuerte para ellos, darles el mayor apoyo moral que era capaz de dar, no iba a permitir que se decaigan, ellos me necesitaban y yo los necesitaba fuertes para mi abuela. Apliqué todas mis técnicas para hacerlos reír, fui medio psicóloga de los dos, hablamos, tratamos de entender juntos que estas cosas pasan, que es la ley de la vida, que si pensamos en positivo todo iba a salir bien. A eso sumale que también tenía que mantener tranquilo a mi hermano que se quedó en Buenos Aires, así que tuve un trabajo bastante agotador. El único momento en el que me permití llorar fue el sábado cuando fuimos con mi abuelo a misa, no pude evitarlo y él tampoco, así que lloramos juntos y pedimos por la salud de mi abuela.

El domingo al mediodía, cuando la fuimos a ver, el doctor nos dijo que como ya estaba todo controlado la pasarían a sala común. Ahí comenzó la maratón, alguien se tenía que quedar con ella porque no la podíamos dejar sola ya que a medida que iba recuperando el ánimo se quería bajar para ir al baño o para ir a cocinar. Nos turnamos entre los tres, yo le puse los dibujitos porque no quería que mire noticieros ni nada que la pudiera angustiar, le conté chistes, le bailé, le canté, hice todas las monadas que hago siempre pero dedicadas exclusivamente a mi abuela.

Poco a poco fue recuperando el ánimo, la fuerza, cuando está tranquila puede hablar bien y claro, si se pone nerviosa no le sale y se angustia, así que procuro decirle que sí a todo por más que no entienda. Les pedimos a todos los que fueran a visitarla que traten de animarla, porque el médico nos dijo que la forma más rápida y mejor de recuperarse es con alegría, no permitir que se deprima ni que se decaiga, sino mantenerla alegre, no recordarle la enfermedad ni preguntarle cómo está, tratarla con cuidado pero como si nunca le hubiera pasado nada. Así se pondría mejor y tendría ánimos para afrontar lo que se viene: la fisioterapia y los ejercicios para la movilidad, que por suerte no perdió pero que tiene que recuperar.

Antes de ayer volví a Buenos Aires, tranquila porque mi abuela estaba mejor y recuperándose. No terminó nada, ahora empieza el baile entre médicos, terapias, ejercicios, ánimos y todas las cosas que se hacen en estos casos, pero estando en casa es más fácil porque ella está más cómoda y para mi abuelo y mi mamá es más práctico.

Ella quería ver a su nieto mayor y a su bisnieto, así que hoy fueron todos para allá. Ruego a Dios que siga mejorando, que no decaiga, que le ponga pilas, que salga adelante. Es difícil, es duro, duele, pero es necesario. Fue un golpe muy grande, muy fuerte, muy inesperado, pero juntos podemos. Esta situación nos demostró lo unidos que somos como familia, lo fuertes que podemos ser, a mí me ayudó a superar mis miedos y a ponerme la situación en el hombro para poder ser útil, para mantener en pie a mi abuelo y a mi mamá, me enseñó a no ser egoísta y sobretodo a agradecer lo que tengo, cosas tan simples como poder hablar y caminar.

Si tenes a tus abuelos nunca dejes de decirles que los amas, nunca te prives de un abrazo, nunca dejes de llamarlos, disfrutalos, achacados y viejos ellos te quieren y darían todo por vos, que sos su sostén y su razón de seguir respirando. Para los abuelos la vida no es lo de antes, no entienden las cosas modernas y eso es lo interesante, poder aprender de las cosas de su época, de sus historias (aunque a veces siempre sean las mismas). Disfruta cuando te muestran fotos, disfruta de las comidas, disfruta de todo lo que puedas vivir con ellos. Porque hoy te parecen aburridos pero mañana vas a rogar volver a tomar la leche con ellos mientras hablan de la vida.

Los ciclos de la vida me llevan a pensar que hoy cuido a las personas que ayer cuidaban de mí, por lo que todo en la vida vuelve. Hoy te necesitan, mañana los necesitarás. Y es así, es como debe ser, aunque nos duela, aunque nos pese, aunque no podamos entenderlo ni asumirlo, todos seremos mayores y todos partiremos, por eso hay que tratar de tener la mejor calidad de vida, disfrutar mientras podamos, y valorar lo que tenemos (material e inmaterial) porque nunca sabemos si lo vamos a perder.

 

2 comentarios en “Ciclos de la vida

  1. Belén V. dijo:

    Aya,
    Te lo dejé dicho en face y te lo fui diciendo en estos días, me alegro que todo se haya encaminado y tu abu esté mejor.
    Más que nadie te entiendo sobre lo que es querer a los abuelos, yo vivo con el mío y trato de disfrutarlo cada minuto!!
    Beso gigante… muàà!

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