Nostalgia

“A volte la malinconia
ci serve per andare avanti
ci ricorda che siamo importanti”
Eros

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Con la misma sorpresa con la que se abre un cofre de tesoros me levanté hoy al recordar el sueño que mi mente tuvo la desgracia de darme, con figuras del pasado mezcladas con cosas actuales. Me desperté con angustia y agradecí tener que ir al gimnasio para olvidarme un poco, aunque la segunda parte de la sesión me tuvo 15 minutos pensando a pleno.

Hay cosas que, sinceramente, no me gusta recordar. He trabajado constantemente durante los últimos 5 años en ponerle un velo a determinadas situaciones que me recuerdan a determinadas personas, y la verdad me costó bastante como para que venga un sueño y me ponga todo eso de manifiesto como si de una película se tratara. ¡Maldito subconsciente!

No sé si será que estoy sensible porque aún no recupero mi voz o será el hecho de que falta poco para ver a Eros y eso me provoca nostalgia, o quizás sea la invitación de la directora de mi secundaria a que vaya a la fiesta de aniversario del colegio lo que despertó todo esto, aunque seguramente el café que nos tomamos con Mauro el domingo antes de ver Amadeus tuvo la culpa de avivar el pasado. Lo que tengo seguro es que de pronto volvió a mi mente un aluvión de recuerdos, lindos algunos y tristes otros.

Todas las chicas tuvimos un amor imposible del que tenía conocimiento todo el mundo menos el afortunado. O quizás sí lo sabía pero como no le interesabas se hacía el distraído y ahí estaba una, sufriendo por su falta de atención y por la imposibilidad de ese mundo mágico de estrellas que, claramente, no estaba. Si vos sos una de las afortunadas que no pasó por eso tengo tres palabras para decirte: ADIÓS PARA SIEMPRE, jajaja!

Por ley general del destino donde pongo el ojo lo pongo en un bala, así que como te darás cuenta mi mala suerte en el amor data de tiempos remotos. Creo que la vida me depara un príncipe azul tan zarpado que compensará todas las noches de lágrimas y reflexiones entre amigas con la misma conclusión “¿por qué a mí?”, por lo que no me preocupo (mentiiiraaaa).

El protagonista de este post no podía ser la excepción a la regla, y aunque a él sí le gustaban las mujeres… el problema era que nunca le gusté yo. A quién no le pasó, ¿no? Bueno, pues a mí me pasó muy seguido (y me sigue pasando) que mis ojos se posan en gente que no es para mí, por diversas razones.

Este chico marcó el prototipo de hombre que me gusta, al menos en lo físico, porque ahora que lo pienso nunca llegué a conocerlo demasiado, teniendo en cuenta que la conversación más larga que tuvimos fue cuando le compré el libro de italiano. Es blanco pero con el pelo oscuro y ojos verdes, grandote y con una nariz exótica. Nunca me gustaron chicos con narices perfectas, hay algo en las narices raras que me llama la atención y este muchacho tenía una nariz como para darle perfil a dos personas…

Lo que recuerdo patente era su forma de caminar, de mirar a la gente, de sonreír (las pocas veces que lo hacía). Y es que sí, era el Darcy argentino (desde chica tengo un problema con ese personaje) porque era muy serio con todos excepto con sus amigos, si te dirigía la palabra era correcto pero no simpático. No era de esos chicos que conquistan justamente porque te hacen reír, él sólo se limitaba a estar y eso ya era suficiente, al menos para mí.

Era inteligente, no era el mejor de su curso pero nunca se llevó una materia, eso era algo que me podía. Siempre me gustó la gente estudiosa o al menos viva, en el sentido de que sabía que era mejor tener 3 meses de vacaciones completos y no 9 de holgazanería y 3 de estudio. Una vez estuvo de escolta en la bandera y, claro, nunca le presté tanta atención a un acto escolar. En los recreos siempre estaba en la primera puerta a la salida de la escalera de adentro o en la columna del patio frente a la cantina, rodeado de sus amigos o de alguna chica.

Hasta el día de hoy recuerdo su fecha de nacimiento, el nombre de la hermana, su dirección (que casualmente es en la otra esquina de la casa de un amigo), su auto, por algún rincón de mi pieza en VC debo tener anotada la patente de su auto (sí, así de desquiciada era), el nombre de la madre… La madre, que fue mi bioquímica y tenía una foto suya en el consultorio, por algo nunca me dio miedo sacarme sangre. Antes tenía una foto suya pero en un arrebato de locura la rompí y la tiré.

Tuvimos episodios de cariño, según mi punto de vista, cuando en el cumpleaños de 15 de una compañera del colegio nos fuimos en grupo a otra fiesta y a la vuelta, como hacía mucho frío, él me prestó su buzo. Creo que ese fue el momento más sublime de esa época porque yo, obviamente, no se lo pedí. Lo jodido de eso fue después de que se lo devolví, él terminó a los besos con la cumpleañera que, casualmente, sabía que yo estaba muerta por él y no le importó. Pero bueno, esa chica se caracterizaba por robarle los amores a todas así que fui una víctima más.

Como todas las chicas, lo invité a mi cumpleaños de 15 a pesar de haber cruzado apenas unas cuantas palabras en el colegio. Ilusa yo si pensaba que iba a ir, obviamente no fue. Ese día no me importó, te juro, yo sabía que no iba a ir. Estaba muy encantada disfrutando de la fiesta, del vestido, de la banda, de todo lo que quise tener y mis papás me dieron como para preocuparme por una ausencia. El problema fue después, cuando me lo crucé en el colegio y me di cuenta que él no fue y no dijo nada, ni siquiera una excusa barata.

Ese año su curso terminaba la secundaria, la directora me invitó a participar del acto de fin de año y yo me mandé, fue un acto precioso (menos que el nuestro que fue maravilloso) en el que los profesores leían características de cada egresado cuando los llamaban para darles el título, todavía recuerdo lo que dijeron de él y la reacción de uno de mis compañeros que me miró y dijo “estos tipos saben”.

La última vez que lo vi fue cuando nos cruzamos días después del acto, un viernes que teníamos que buscar la libreta los que no nos llevábamos ninguna materia. A partir de ese día no lo vi nunca más, para mi desgracia o beneficio. Ahí comenzó el proceso de archivar e intentar borrar, el primer proceso fue llevado a cabo con éxito pero el segundo es evidente que falló. Tengo grabado en las retinas cada gesto, cada mirada, el corazón late igual que en esa época, la panza sigue sintiendo las mismas cosquillas, los cachetes se me siguen poniendo colorados, las manos tiemblan. Lo único que perdí fue su voz, no la recuerdo, quizás porque fue lo que menos escuché en todos esos años.

Mis compañeros de curso me decían que él era un buen pibe, que era copado aunque medio parco, que le hable, que bla bla bla. Yo nunca me sentí a la altura de las circunstancias, nunca hice demasiado por llamar su atención, siempre tuve la política de no despertar sospechas en el otro porque me pone más nerviosa. Así me ha ido… (mal, ¿tengo que aclarar?). De todas formas nunca me animé a iniciar yo el proceso de conquista, tiro algunas puntas pero si no pica no pica. Acá entra en juego mi baja autoestima para algunas cosas (algo que nunca pude resolver), complejos con el cuerpo, cosas de adolescente que hoy tampoco tengo muy claras.

Lo triste de todo esto, particularmente de este sujeto, es que él sabía perfectamente lo que yo sentía por él, no sé si tenía clara la dimensión de lo que me pasaba pero sí se daba cuenta, no era estúpido (bueno, sí, ponele que sí). Yo no podía evitar mirarlo, de eso se daba cuenta todo el mundo, aunque en mi defensa he de decir que era imposible no mirar a un chico como él, dadas sus características. Nunca lo molesté hablándole de estupideces, no me animaba a hablarle por miedo a meter la pata, la única vez que hablamos más allá del “buen día” o “permiso” (al que él siempre respondía “avanti morocha”) fue cuando me vendió el libro de italiano.

De lo que estoy convencida es que haberlo puesto en un pedestal marcó mi relación con él. No lo hacía a propósito, no lo pensaba, nunca se me pasó por la mente racionalizar lo que hacía en referencia a él, sólo sé que para mí él estaba lejos, muy lejos, y que tratar de acercarme era ponerme en evidencia. Evidencia de qué, me pregunto. No hay nada malo en sentir. Y bien hondo que caló su existir que yo no dejo de sentir. Y eso que pasaron muchos años che, muuuuchos años.

Así que así estamos país, recordando. Y en el amor mi caso es el típico de cualquier chica a la que la familia le pregunta “¿para cuándo?”, a lo que mi respuesta intenta ser la típica de mujer superada y profesional que no necesita un hombre en su vida. Pero la respuesta real debería ser algo así como: “yo me pregunto lo mismo”, aunque si lo digo empezarán con las alabanzas al estilo “pero si sos una chica joven, inteligente, bonita, educada” y la respuesta es “a los chicos de los que me enamoré no les gustaban las chicas inteligentes y educadas, sólo las jóvenes y bonitas (y medio putitas)”.

Por ende llegamos a la conclusión de que: 1) miro mal, 2) debería mirar mejor, 3) mi corazón, evidentemente, es ciego.

Ojo che que no soy la única persona que padece de este mal general llamado “inmaduritis hombrunis agudus“, varias amigas y conocidas de amigas lo sufren, pero no en carne propia sino como corolario de un masculino que lo porta. ¡Cómo les cuesta madurar a los hombres! Gente de 23 años (y más) que sólo mira un par de tetas y una buena troleada, no más allá. Nunca más allá. A veces ni tener un cuerpo 90-60-90 les importa, sólo que seas un poco troli y encima bastante boluda como para que te puedan manejar a su gusto. Después, si ven que pensas más allá de su capacidad te mandan un APS y a la miércole.

Ni hablar si los apretas un poquito y les pedís formalidad o compromiso, huyen despavoridos como si de la tercera guerra mundial se tratara. ¡Qué lo parió! Pero claro, los que no piensan así o son gays o no te dan bola por vaya a saber qué motivo horrible de la vida.

Me pregunto dónde estará el hombre ideal, pero no el que publicitan en la tele sino el ideal para mí. Ese que ama la música y el teatro, que le gusta viajar a lo simple, que prefiere un buen café con una buena película a una noche intensa de boliche y tragos, que le gusta divertirse sin ser un pesado y que sabe un poco de todos los temas para poder charlar. Alguien que guste de la aventura sin ser un fanático y que, sobretodo, acepte mis locuras sin juzgarlas o intentar cambiarme.

Reconozco que últimamente no estuve saliendo mucho, mi casa es mi refugio mientras tenga este estado gripal insufrible, sólo confío en que pronto tendré la revancha. Y espero que no sea con un futuro abogado fiestero, un proyecto de médico que se cree mil, o un mediocre que no sabe qué quiere de la vida y tiene veinte millones de mambos que cura con alcohol y marihuana cada fin de semana, que le apabulla la gente que sí sabe qué quiere de sí misma y que te juzga si no te animas a un tatuaje o estás decidida a no probar un “porrito”. El último es del que una más se acuerda.

Por lo pronto lo único que me queda es contar los días para ver a Eros, escucharlo y rogar que todo se de como quiero para poder conocerlo. El resto se acomodará. Espero…

2 comentarios en “Nostalgia

  1. Alicia's Own (@aliciasown) dijo:

    Ay Ayita, cuánto amor romántico! Te puedo asegurar que el chico en cuestión es muy posible que se haya olvidado por completo de que tenía que ir al cumple, así son los varones! Si sabía o no que le gustabas eso tampoco les calienta y de adolescentes son raros!! Ya te enamorarás de un hombre real, con sus defectos y virtudes!! Pero entiendo perfectamente tu nostalgia y cierta tristeza, a todas nos pasó! Besitos!

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