Antes y ahora de la apreciación visual

Antes, hace mucho tiempo, la gente miraba y captaba cada detalle de lo que veía para expresarlo de forma muy elocuente en sus cartas a seres queridos o en sus diarios personales. Gracias a esa minuciosidad, hoy somos capaces de imaginarnos paisajes y situaciones que, aunque no hayamos vivido, nos las cuentan de forma tal que es imposible no sentirse inmerso en  ese lugar donde estuvo el autor.

Jane Austen, mi autora preferida, refleja ésto no sólo en las descripciones de lugares sino también en su agudeza para reflejar la vida cotidiana de su época, las expresiones que podrían haber adquirido sus personajes según las situaciones en las que se veían involucrados y la forma en la que los mismos personajes “cuentan” sus apreciaciones, todo descrito perfectamente  y con sumo detalle. Tanto, que no puedo evitar sentir que viajo en el tiempo cada vez que la leo.

Y así como me pasa con ella también me pasa con otros autores, clásicos y contemporáneos, que escriben historias de época (mis favoritas) de una forma tal que te transportan. Me encanta viajar, pero mientras no pueda hacerlo físicamente lo haré de formal mental, con cada libro que lea.

98b9c2fb4bbc811d9f6a31aa6de7914f

Hace poco comencé la saga de Nueva Zelanda de Sarah Lark y me di cuenta de la cantidad de descripciones que tienen estos libros. Viajé a NZ, conocí lugares, personas, montañas y lagos, ovejas, perros y caballos. Un mundo que en mi imaginación expandió más la imagen que tenía de ese país.

Hoy empecé a reflexionar ésto cuando fuimos con mi papá a una librería y me puse a comparar todo lo que nosotros comentábamos con el libro que estoy leyendo ahora, la forma en la que nosotros hablamos de lo que nos rodea y la forma en la que hablaban antes.

Antes no existían las fotos y la gente, si quería dejar alguna impresión visual para la posteridad, debía pintarla. Para pintar se necesita tener un ojo “especial” que capte incluso los detalles que hoy en día no nos detenemos a ver, al menos no en la cotidianidad. Se captan colores, matices e incluso sensaciones, y eso luego lo reflejaban en las pinturas. Antes una dama debía saber pintar o al menos bocetar paisajes y retratos, hoy con una foto basta y sobra.

 

Por ejemplo: si mi papá no entiende alguna descripción que le hago para que ubique un lugar, busco en internet una foto y se la muestro. Lo mismo si mi mamá quiere saber cómo está mi sobrino, le saco una foto y se la envío o armamos conexión por Skype, o si me voy de vacaciones y quiero describir el lugar en el que estoy hago click y listo.

La prontitud de todo lo que nos rodea, no detenernos a observar más allá de mirar lo que vemos, que todo sea tan efímero porque “total después está la foto”, hace que paulatinamente perdamos la sensibilidad y ya no nos impacten cosas que quizás en otras condiciones sí lo harían.

Recuerdo cuando fui a Iguazú cómo me sentí al ver la Garganta de Diablo, me impactó y me sentí pequeña ante tanta majestuosidad natural. Lo mismo en Tandil, que puse a prueba el sentido del gusto y me dediqué a disfrutar de la comida porque no tenía que hablar con nadie en el medio. Y fue más fuerte el impacto en el sur, porque cada lago, cada montaña, cada cosa era maravillosa. El paisaje es de ensueño y yo me sentía abrazada por esa sensación de “no puedo creer que estoy acá”, que si viviera todos los días en ese paisaje no sé si me pasaría.

Saqué fotos, filmé, pero lo más lindo e importante lo llevo conmigo y es difícil explicar o transmitir. Quizás puedo describir de forma poética cómo sentía el viento pegarme en la cara y alborotarme el pelo, pero no la paz interna que eso me generaba. Como me desconecté del mundo virtual y me concentré en el analógico, aún sabiendo que a mi familia la mantenía al tanto por celular o con algunas fotos instantáneas, disfruté de apreciar los detalles.

Me pasa acá en Buenos Aires que no conozco lugares por los que siempre paso porque no me detengo a verlos, y cuando me cruzo con algún extranjero siento que me está hablando de otra ciudad y no, es la misma pero vista con otros ojos. O con los ojos correctos, no sé.

¿Te pasa de sentir que no ves realmente lo que ves?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s