Realización personal

La libertad del arte

La libertad del arte

La imagen resume de forma perfecta mi estado de ánimo actual: arte, descubrimiento, amor por el otoño, libertad de ser, y en sentido burdo, a veces me siento “pintada”. El arte me permite dejar fluir mi verdadero yo, el lado que más me gusta de mí, lo extrañaba tanto, nunca está completo pero de a poco vuelvo a ser libre de mis propios prejuicios.

Lo positivo de haber llevado una vida sana la semana pasada y querer continuarla ésta, es que canalicé todo lo que algún día dije que quería hacer cuando me recibiera y al final nunca hice. Aproveché mucho para dormir hasta que me di cuenta de que ya tendría mucho tiempo para hacerlo, y que lo mejor es empezar por ponerles tic a las cosas pendientes en la lista de “things to do” de principio de año.

Compré cosas en madera y las estoy pintando, con la ayuda de una amiga quedarán preciosas. Estoy leyendo, terminando libros y empezando otros, limpié mi departamento (o mejor dicho: mi casa), ordené la pieza, anduve en rollers, me levanté temprano los días que no trabajé y salí a caminar, disfruté de las clases de italiano, salí a pasear y en uno de esos paseos surgió una idea que me alegró la semana.

Con Flor tenemos un proyecto hermoso que, si continúa como hasta ahora con las pilas que tenemos, llegará a ser algo realmente bonito. Compartir cosas que te gustan con gente que querés es fantástico, y encontrar gente que comparta tus gustos es sencillamente sublime.

Lo no tan positivo es la ausencia de algunas personas, sentir que me agarran para la joda cuando creo que no me lo merezco, pero la gente es rara y nunca voy a terminar de entender a mi entorno. Quizás eso sea lo llamativo de la vida, que uno siempre está aprendiendo de todo y de todos. Crecer es darte cuenta de que ya no podes seguir siendo tan naif y hay que dejar de ver tan inocentemente las cosas, no se debe perder el alma pastel que confía en los demás, pero tampoco hay que dejarse pasar por arriba.

Como no hay mal que por bien no venga, sentir la ausencia de algunos me hace valorar mucho más la presencia de quienes están. Las amigas que aunque no están físicamente mantienen su apoyo moral, las que se preocupan y colaboran con mis proyectos, las que me prestan un oído y no se cansan de hacerme sentir bien. Compartir momentos con amigas es algo que me llena el alma, que me inspira y me eleva.

Y no sólo ellas, también los contactos internautas que comparten gustos a través de una pantalla y que me enseñan siempre algo nuevo de algún lugar desconocido o simplemente de la vida.

“A pesar de todo me siento bien” decía la canción de un programa viejo de Guinzburg, así estoy hoy.

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