Positividad o ilusividad

Primero que nada te invito a que veas el video y que reflexiones un poco si tu vida hoy es la que soñaste ayer. Probablemente no, o al menos no en mi caso, porque cuando era más chica me imaginaba que al momento de recibirme iba a casarme y tener un hijo. O sea, inmediatamente después de salir de la universidad pasaría todo eso, por lo que ahora debería estar como canguro esperando a que pasaran los meses hasta tener a mi retoño pero, por suerte, eso no pasó.

Afortunadamente con el tiempo la mente cuadrada se me expandió un poco, dejé de ser tan Susanita y me enfoqué en cosas que disfruto más hacer, como holgazanear, leer, pasear, mirar películas y, eventualmente, trabajar. No es que disfrute particularmente del trabajo, ya es algo que me cansó un poco, pero debo hacerlo si quiero cubrir los gastos de mis gustos. No es que esté cansada de “trabajar” en sí, llevo poco más de 2 años haciéndolo así que no tengo autoridad moral para decir que estoy cansada, sino que mi desempeño actual es lo que me cansó porque no es exactamente lo que yo soñaba con hacer al recibirme. Y no es que no haya buscado otras alternativas, la verdad es que busco diariamente, el problema es que no te llaman, pero a quejarme de la falta de ofertas laborales no vine a este post.

Como en estos últimos días estuve teniendo serios problemas para dormir de noche, me dediqué a ver videos de arte, películas, leer, y también a ver blogs en video también conocidos como vlogs. Muchos están hechos para entretenimiento, ya sea que te hagan reír como que te muestren distintos lugares del mundo desde sus puntos de vista. Pero entre tanta pavada y viajes que por lo pronto no haré, me topé con el video que está al comienzo del post y que me dejó pensando, emocionada, de la misma forma en que me sentía al salir de las clases de Entreprenership en las que el profesor se empeñaba en hacernos ver que hay algo más que la carrera universitaria, que de hecho la universidad es una excusa, y que de la única forma en la que vamos a ser rentables el día de mañana es haciendo lo que realmente nos apasiona. Así que Daniel, nunca pensé que iba a decir ésto pero: GRACIAS!

Pasado el momento en el que uno se da cuenta de los profesores que tuvo cuando ya no los tiene, vuelvo a la idea del video de Luzu. Este muchacho que hoy tiene 28 años y vive en Los Ángeles ha hecho un trabajo magnífico en mi psiquis, desbaratándola toda a las 5 am. No debería agradecerle nada pero creo que de este desastre puede salir algo bueno así que le agradezco de todos modos. Uno nunca sabe qué va a encontrar en internet que puede cambiar nuestra vida, o no cambiarla radicalmente sino darle un mejor cause.

Durante mucho tiempo, años tal vez, supe que mis gustos y los de la gente de mi generación no eran compatibles. Amo la tecnología pero no me gusta salir a boliches, no soy un extraterrestre que no se divierte con las mismas cosas que los demás peeeero he de admitir que preferiría mil veces ver un musical antes que pasar 4 horas de mi vida en un lugar donde me empujan, me impregnan de olor a cigarrillo, me tocan el pelo sin mi consentimiento, para ir al baño tengo que esperar a que una horda de mujeres histéricas se fijen a ver si su maquillaje sigue divinis o bancarme el olor a vómito de otra que entregó hasta el apellido.

Por otro lado, las cosas que siempre me gustaron han sido tan diversas que mi pregunta existencial consiste en “¿cómo conjugar comunicación con musicales con viajes con historia del arte con idiomas con familia?”. Porque sí, me gusta tooodo lo que acabas de leer en la pregunta y algunas cosas son compatibles y otras… no. Más allá de que pueda conjugar algunas cosas, y a pesar de que con el tiempo mi instinto Susanita se haya aplacado un poco, me gustaría tener una familia y ser madre joven, sino después te agarra la fiaca y si ya ahora me cuesta seguirle el ritmo a mi sobrino no me quiero imaginar si a los 40 tengo una criatura de 4 años pululando a mi alrededor las 24 horas del día.

Lo negativo de LA pregunta es que nunca pude definir, hasta ahora, qué de todo eso me gusta más. Porque en la universidad me di cuenta que si bien la práctica de las Relaciones Públicas en Argentina no es tal cual como debería, la parte teórica me encanta y la disfruto. Los musicales son algo que me apasiona desde chica, la época más feliz de mi vida fue sin dudas cuando estudié teatro musical, soñaba con poder estudiar en NYC y formarme plenamente, pero las trabas de la universidad y en cierta forma el mandato familiar me hicieron hacerlo a un lado por un tiempo y dedicarme a terminar lo que, en ese momento, estaba desbaratando mis planes (la carrera). Ahora que terminé la carrera me cuesta horrores volver a retomar las clases y es que “mi vieja mula ya no es lo que era” y debo volver a la disciplina que en estos años perdí.

Viajar, a diferencia de lo que pasó con teatro musical, es una de las actividades que más practiqué en éstos dos años. No sólo tuve periódicos viajes a mi casa, sino que me compré una mochila y me fui a Tandil y a Patagonia, sola. Ambas experiencias me inyectaron más ganas de viajar, es como una droga sana que se te mete en las venas y no podes frenar. Una vez había leído en un blog que cuando probas viajar una vez vas a querer repetir la experiencia todo el tiempo, hoy te digo que es verdad. Yo no hice viajes transatlánticos ni me fui de mochilera al Sudoeste Asiático para poder reafirmar lo que había leído, si bien tomé aviones y creo que la experiencia de subirte a un avión ya es un viaje en sí mismo, viajé por mi país y conocí casi tantos extranjeros como si hubiera estado afuera. Ahora sé que viajar es algo que quiero hacer cada vez más seguido, no me importa si el presupuesto es poco, la cuestión es conocer. Gracias a Dios la vista es un privilegio que no se compra y que, aunque medio gastada, yo sigo teniendo. Mientras mis ojos vean no hay nada que me impida disfrutar de un nuevo lugar.

Historia del arte es algo que descubrí gracias a la universidad, con esa odiosa materia dizque “optativa” obligatoria de arte. Nunca entendí cómo algo optativo a la vez podía ser obligatorio. Pero bueno, la cuestión es que elegí hacer Iniciación a la comprensión del Arte Contemporáneo más que nada porque era algo con lo que nunca había tenido demasiado contacto y me daba mucha intriga saber de qué se trataba. Mucho no entendí del arte contemporáneo porque, claramente, es algo que no me gusta ni entiendo, pero sí entendí muchísimo de movimientos precedentes y me encantaron. Me quedé con ganas de conocer más, me puse a llorar frente a un cuadro de Van Gogh en el MNBA sin darme cuenta de que estaba lagrimeando, y descubrí que hay cosas que no necesitan hablar ni música para poder transmitirte algo, que podes sentir tanto con un musical como con un cuadro, sólo es cuestión de saber cómo ver, o en realidad, es cuestión de ver, mirar y percibir, no sólo posar los ojos en la obra y esperar a que mágicamente algo se produzca.

Los idiomas son algo que empecé a valorar gracias a mi papá. Todavía recuerdo ese día en que él me dijo que había leído una nota en el diario en la que decían que los niños de hoy debían estudiar inglés y computación para ser alguien el día de mañana, y a los pocos días de eso fuimos a anotarme a Nasa Computación y a Imei para estudiar inglés. Papá no me obligó a estudiar nada de eso, me lo comentó como siempre que me comentaba alguna nota sobre estudio que podría llegar a interesarme, y yo me entusiasmé, averigüé y fuimos. Tanto mamá como papá nunca me negaron estudiar nada, al contrario, ellos creo que nunca pudieron explicarse cómo es que yo hacía tantas cosas sin cansarme.

En la secundaria decidí empezar a estudiar portugués, nuevamente impulsada por una nota en el diario que había leído papá, porque iba a ser el idioma del Mercosur y era importante saberlo. Me anoté en el único instituto en el que daban dicho idioma y terminé las clases con el mejor promedio, mi más preciado orgullo hasta el día de hoy. Siempre me esforzaba mucho pero el mejor promedio lo sacaba otro, así que cuando obtuve ese lugar en un cuadro de honor fui muy feliz. Lo que no me di cuenta es que con tanto portugués iba perdiendo paulatinamente el italiano, así que acá estoy ahora, en un curso de italiano para recuperar lo que perdí por falta de práctica y abuso de otro idioma.

Siempre pensé mucho en positivo, aunque me guste hacer reír con mis comentarios negativos respecto de la gente que me pone histérica con sus preguntas tontas en Aeroparque, en general soy una persona alegre y simpática que pasa más tiempo riendo que de mal humor. A decir verdad, muy poca gente me conoce en verdadero estado de mal humor. No me gusta pensar negativamente sobre cosas que deseo de verdad, aunque en el fondo sepa que son algo así como imposibles y, quizás por eso, no terminan nunca haciéndose realidad.

La positividad, más allá de lo que diga la metafísica, para mí es un estilo de vida (no como el estilo de Peter la anguila). Desde chiquita siempre me gustó reír y pasarla bien, disfrutar de la vida muchas veces compartiendo mis gustos sólo con mamá y con gente bastante mayor que yo. Como me crié en un ambiente rodeada de gente grande mi capacidad de adaptación a los distintos ámbitos es asombrosa, y puedo divertirme tanto en una reunión con amigas de mi edad como con una reunión del té de mujeres ya entradas en edad. Iba a practicar Aquagym con mi mamá y con mujeres mayores que me trataban como a un bebé, nos reíamos, la pasaba realmente bien, y aunque me cargaban porque mi deporte era compartido con “viejas”, esas “viejas” me hacían reír más que algunos comentarios de la gente dizque “joven y cool”.

Lo malo es que de tanto ser positiva muchas veces le pego en el palo a la parte ilusa que hay en mí. Soy el perfecto opuesto a mi mamá que ve las cosas de manera un tanto apocalíptica, y que cada vez que le planteo que quiero irme a vivir a NYC me tira una frase como “sí, pero viste lo que está el dólar ahora…”, en la que más que un comentario mala leche yo noto a ese síntoma que le agarró cuando estuve a punto de mudarme. No quería que me vaya, aunque me importó tres pepinos y me fui igual. No soy una insensible pero también tengo mi vida, y por haberme mudado no me perdió. La extraño, crecí acostumbrada a tener a papá lejos pero mi mamá siempre estuvo al lado mío, así que no tener a mamá todos los días para que me de el beso de las buenas noches al principio fue duro, pero fue algo que yo quise hacer.

Hoy, con toda esta maraña de sueños que espero algún día poder unificar, para no llegar a vieja y decirles a mis nietos que la abuela dejó atrás tantos sueños sin cumplir, pienso que podría seguir teniendo la parte ilusa y la parte positiva, que mientras pueda mantenerlas de manera moderada no le hago mal a nadie, de hecho hay gente que se siente feliz de haber pasado un ratito a mi lado, y seguir mi vida en un curso en el que las sonrisas nunca falten incluso en los momentos más duros. La cuestión es encontrar el perfecto equilibrio, aunque llegar a él nos lleve toda la vida.

2 comentarios en “Positividad o ilusividad

  1. Sil dijo:

    No conocía la palabra “dizque”, así que gracias🙂
    Por otro lado, “polular” no existe. Sí existe “pulular”, que es vivir o estar mucha gente o animales en un lugar.
    Con respecto al tema del post, comparto en lo de tener muchos intereses que son difíciles de conjugar. Yo voy haciendo de a poco lo que puedo y trato de no quedarme con las ganas de nada, así fue como ya adulta hice danza clásica y empecé a tocar la batería.
    Lo que me diferencia de vos es que yo soy más bien negativa:\

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