Algo que te apasione

Este video comienza con 2 preguntas clave: ¿Qué estás haciendo ahora? ¿Es algo que realmente te apasiona? Si la respuesta es sí: ¡urra!, si la respuesta es no: upsi.

Al verlo, recomendado en el blog Yo me animo y vos, me quedé pensando en cómo cambió mi propia perspectiva de la vida, en lo que pensaba que sería de mí cuando tenía 10, 15 y ahora que tengo 21.

Una de las cosas positivas que encuentro de haber crecido en una ciudad chica es que, indefectiblemente, para estudiar una carrera universitaria hay que salir y mudarse a otro lado. Desde chiquita siempre supe que mi destino no era crecer y morir en Villa Constitución, calculo que mi familia fue determinante en esto dadas las mudanzas vividas, pero tenía seguro que una vez terminada la secundaria debería partir.

Eso me fue preparando, como a muchos de mis compañeros, para aceptar que crecer era mudarse y aprender a vivir solo. Desde los últimos años de la secundaria yo ya estaba preparada para empacar mi mundo en unos cuantos bolsos y cajas y llevarlos conmigo a Capital Federal. También sabía que tenía frente a mí el desafío de vivir con mi hermano, que no sería fácil y que obviamente iba a extrañar.

Cuando tenía 10 años pensaba que la gente de 20 ya era grande, ni se me ocurría formar familia porque mi familia ya estaba en casa, para qué armar otra si ya tenía todo. Mis hijos eran mis juguetes y veía a mi hermano como alguien lejano, creo que porque para esa época él ya no vivía conmigo. A los 10 años era una mente totalmente inocente que todavía no se había contaminado con el estado económico del país, que no pensaba en el futuro más allá de las vacaciones de verano y que disfrutaba de jugar con mis vecinos en la calle. Claro que mis 10 años no son los de ahora, en mi época no existía la cantidad de canales infantiles que hay hoy, tampoco había internet libre y nunca me llamaron la atención los videojuegos. En mi infancia se jugaba al elástico, a la rayuela, a las escondidas, al tejo, a la bolita, a las carreras en bici, a las muñecas o los autitos.

Cuando tenía 15 ya estaba más afectada por el entorno. En mi casa se hablaba de la economía del país, me empezaban a preguntar qué iba a querer estudiar al terminar el secundario y yo misma empezaba a moldear mi futuro en la mente. Con mis amigas nos imaginábamos “qué sería de nosotras en 10 años” y todas teníamos resuelto que a los 24 nos íbamos a casar y a los 25 íbamos a tener un hijo. La que decía que quería eso a los 28 era cosa extraña, e incluso pensábamos “pobre, se le va a pasar la vida”. En mi caso influyó mucho el hecho de que mis padres se hayan casado a esa edad, y para mi el casamiento a los 24 era la cosa más normal del mundo. Cuando mi hermano cumplió los 25 yo no lo veía ni por cerca preparado para el matrimonio, pero era su caso, no el mío.

A los 15 estaba entre estudiar traductorado de inglés u hotelería, aún no conocía bien qué eran las relaciones públicas pero en el fondo todo lo que yo quería se resumía en esa carrera, por lo que se puede decir que inconscientemente en realidad quería ser RRPP. A esa edad yo pensaba que la carrera que eligiera sería determinante para el resto de mi vida, y que no iba a poder hacer otra cosa que no fuera eso. Elegir carrera era como elegir tu destino, y los que elegían las carreras tradicionales ya tenían el futuro asegurado. Gran mentira.

Todo cambió hoy que tengo 21. Bueno, no sé si todo, pero al menos gran parte de mi visión del mundo de aquellos años se vio modificada por la experiencia (que no es mucha) y por conocer la experiencia de otros. Cuando yo era chica no existían blogs ni comunidades online, empecé a usar Facebook recién a los 17 cuando ninguno de mis amigos lo tenía, y Twitter ni existía en mi cabeza. Antes, conocer la experiencia de otros se hacía mediante revistas o libros, o si tenías la suerte de cruzarte con alguien que había podido viajar. Yo tuve la fortuna de alojar en casa por 6 meses a Anne, una chica alemana de 16 años que había tenido más experiencias de vida que yo a la misma edad, y conocerla me ayudó a abrir la mente de una forma impresionante.

Pero eran casos puntuales, yo la tuve a Anne pero hay gente que no. Cuando empecé a leer blogs mi mente se amplió de manera considerable y eso se lo debo, indiscutiblemente, a Silvina. Ella dio una clase en UADE y su discurso fue tan inspirador que me dejó reflexionando. Gracias a ella conocí Twitter y un montón de plataformas de las que antes no tenía ni idea, y gracias a ella pude aprender cosas que antes ni hubiera pensado que se podían hacer en la web.

El contacto con gente que pudo hacer realidad sus sueños, con gente positiva y animada que no baja los brazos sólo porque en los diarios dicen que hay crisis, me motiva a seguir y luchar por lo que quiero. Si bien ahora estoy en un limbo en donde ni siquiera sé con precisión qué me gustaría hacer de mi vida, sé muy bien qué no quiero y eso creo que es importante.

No quiero pasar el resto de mis días detrás de un mostrador indicándole a la gente dónde queda el check-in de Tam, no quiero trabajar en una oficina fija con horarios regulados y dejar todo por crecer hasta llegar a un puesto gerencial, no quiero resignar familia por trabajo pero tampoco quiero formar familia antes de los 30, no quiero depender toda la vida de los deseos de otros, y no quiero que los esfuerzos de mi trabajo sean disfrutados por otro que no sea yo.

Como dije en muchas oportunidades, las cosas que me gustan no siempre son compatibles. Aunque quizás sí y todavía no encontré la forma de alinear esos planetas. Quiero viajar, aplicar mis conocimientos como RRPP, ayudar a otros, prepararme artísticamente y algún día llegar a estar en un musical. Por lo pronto, estoy segura de que aprender idiomas es un buen pasaporte para viajar, y en caso de conjugar musicales con viajes sé que no hay límites, porque musicales hay en todos lados (aunque no lo creas).

Quizás no logre mis metas con 22 años, tampoco te pongo la firma de que a los 30 ya tenga todo listo como para formar la familia que quiero, pero hoy mis parámetros son más amplios. Conforme me acerco a los 24 sé que a esa edad no voy a estar lista para cambiar pañales y criar a un hijo, porque probablemente este intentando cumplir otros sueños que necesitan de mi juventud para soportar cosas que de más grande no podré.

Antes pensaba que a los 21 después de recibirme ya tenía que encontrar EL trabajo y tratar de crecer ahí, el cambio de empresa no era una posibilidad y la estabilidad económica que da un buen puesto era la meta principal a cumplir. Si bien mi familia siempre me apoyó con mis sueños de artista, en el fondo ellos quería que “la pegara” en un trabajo para crecer y jubilarme ahí. No va a pasar, espero.

Es una lucha constante con mis padres respecto de lo que ellos tienen como concepto de vida y lo que yo creo que es una vida feliz. Los entiendo, ellos no crecieron con toda la información que hoy tengo y les cuesta entender los cambios que atraviesa el mundo porque simplemente ellos no lo vivieron. No pretendo que cambien su visión del mundo, lo único que busco es que entiendan la mía. Así como mi hermano se casó, formó su familia y es feliz con lo suyo, yo quiero recibirme y viajar, ya habrá tiempo para la familia y los hijos.

No sé si es lo mejor, sólo se que esto que aún no puedo definir es lo mejor para mí.

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