You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one

Cuando era más chica, digamos que cuando tenía 15 años, no imaginaba ni loca que a los 21 me iba a comprar una mochila e iba a soñar con viajar por el mundo con un equipaje semejante. Cuando tenía 15 soñaba viajar en first class, siendo famosa y con flashes a mi alrededor. Por suerte esa visión fue madurando a la par mío y hoy no creo que pueda soportar recorrer el mundo seguida por pequeños gnomos fotografiantes, a ver si termino como Ladi Di!

MochilAya

MochilAya

Ayer me puse a pensar justamente en eso, en todo lo cambié en estos años, en la forma en la que maduré y en cierta forma ahora gusto de cosas que cuando era más chica las veía lejanas o no aptas para mi. Calculo que esto es normal, que a todos nos pasa imaginarnos una vida de chicos que cuando somos un poco más grandes no sabemos cómo encajarla en nuestra realidad, o simplemente ya no forma parte, como querer meter un cuadrado en un círculo. No es que yo me haya imaginado a mi misma de una forma diferente a lo que soy, creo que internamente siempre busqué  hacer lo que hago, y por algo lo hago.

El otro día, hablando con mis papás ellos me hicieron ver que no todos a mi edad tienen la posibilidad de ser independientes, de tener un buen trabajo, vivir solos, estar a punto de recibirse y tener toda la vida a sus pies. Hace ya 5 años me mudé y todo lo que me propuse lo conseguí, tengo el trabajo para el que yo me postulé y aunque a veces me queje me gusta; hace 4 meses que vivo sola, se puede decir que estoy organizada aunque claro que ahora que terminé de cursar tengo más tiempo libre.

Leyendo blogs encontré el video que te muestro más abajo, si lo ves y sentís que aún no te animaste a soñar acordate que nunca es tarde y si realmente querés eso que soñás, no habrá fuerza en el mundo que te pueda detener.

Desde chica mis sueños son un poco locos y bastante difíciles de alcanzar, pero estos 5 años me han demostrado que NADA es imposible, que cuando uno lucha por lo que quiere las cosas se dan, que la perseverancia y el trabajo responsable pueden lograr cosas que ni nos imaginamos.

Mis sueños no soy muy compatibles entre sí, y a veces tengo un poco de dudas respecto de cómo será mi vida en unos años, aunque debo reconocer que esa incertidumbre me encanta porque me da la libertad de elegir y de saber que si me equivoco al menos fue porque elegí mal pero según mis propios ideales y expectativas. A lo largo de estos 21 años tuve la suerte de que todo lo que hice lo elegí yo, nadie me impuso nada, tuve sugerencias pero siempre la última palabra salió de mí, y mis papás siempre tuvieron la bondad de apoyarme incondicionalmente.

Como no vengo de una familia millonaria y los viajes realmente cuestan bastante caros, ese tema siempre fue un sueño lejano y difuso. El año pasado me metí más en el mundo de los blogs y descubrí otra forma de viajar que antes me resultaba totalmente ajena, quizás no tan elegante pero sí más auténtica, y encontré en la mochila una buena compañera de aventuras. No todos los mitos son realidades sobre aquellos que se lanzan a la aventura con una mochila al hombro, y cuando logré desterrarlos de mí pude acceder a un mundo totalmente nuevo y maravilloso.

No voy a negarte que antes de irme a Tandil estaba muy asustada y no sabía si me la iba a bancar, pero teniendo en cuenta que fue un viaje corto y que así como llegué al hostel me deshice de la mochila, pude soportar todo gustosa y de hecho le agarré cariño. Es muy cómoda y te permite llevar sólo lo necesario, sin andar cargando con 20 prendas de más que nunca voy a usar, y que aunque soy consciente de ésto en una valija las llevaría igual.

Debo desmitificar eso de que los mochileros son todos bohemios y fumones, hippies o inadaptados sociales que salen a recorrer el mundo auspiciados por la billetera de mamá y papá. En el aeropuerto he conocido mochileros de todos los tipos, gente que llegó un punto de su vida en que no quiere seguir formando parte de un sistema que espiritualmente no les da nada y optan por ahorrar para hacer un viaje de reencuentro personal. Porque en parte el mochilero tiene eso que valoro mucho, el crecimiento personal durante el viaje, el conocimiento de uno mismo y sus capacidades para poder sobrevivir.

No vas a ver a un mochilero que no tenga alguna habilidad, oculta o no, de la que se haga valer al momento de encontrar unos pesitos extras para seguir viajando. El mochilero tiene hambre de viaje, de conocimiento, de cultura, de exposición a la vida local que el viajero turista carece. Y yo encontré en esa subcultura algo en lo que sentirme identificada.

Debo aclararte, querido lector, que no fumo ni cigarrillo ni marihuana y dudo hacerlo sólo por calzarme una mochila a los hombros. Mis valores y mis creencias no se modifican por un objeto, por lo que creo que uno bien puede ser un mochilero no fumón, así como un bohemio con pulmones puros. Ese estigma que les han pegado, y muchos se han ganado, hace que cuando diga en mi casa “mami, papi, me voy de mochilera al sur” me miren horrorizados pensando que entré en el lado oscuro de la fuerza.

A ellos mucho no les entusiasma esta nueva forma de viajar que encontré, ellos sólo prestan atención a los peligros que me acechan ahí afuera y temen que me pase algo, aunque creo que también temen que no vuelva más. Pasó lo mismo cuando me mudé a Capital así que en cierto modo los entiendo, más que nada porque si ves un noticiero vas a ver una película de terror y no la vida misma.

Con esto de los blogs descubrí que, como dice la canción, quizás sea una soñadora pero no soy la única. Muchos compartimos la pasión por viajar, algunos tienen el privilegio de contar con un presupuesto que los lleva en primera clase y hoteles de lujo, otros optamos por un viaje más gasolero pero lleno de experiencias que el turista no tiene. A lo mejor cuando tenga 40, esposo e hijos empiece a viajar como turista, a hoteles y con el paquetito armado, pero hoy con 21 no me puedo privar de la aventura que está a mi alcance. Además de que, seamos realistas, a los 40 dudo que quiera ponerme una mochila de 60 lts. en la espalda.

Yo no sé hacer manualidades, debería aprender el oficio de las pulseritas, no sé tocar la guitarra ni el ukelele, lo único que sé hacer es cantar, si eso me sirve para algo después te cuento. Por lo pronto, te pido que vos, tengas la edad que tengas y hagas lo que hagas, te replantees si realmente la realidad que estás viviendo es ese sueño que late en tu corazón, y si no lo es te invito a que te aventures a perseguirlo. Es tan lindo y reconfortante saber que, al fin y al cabo, todo lo haces por amor.

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