El gen viajero

Parece increíble cómo si algo se tiene que dar, la vida te va a dar distintas señales para que te des cuenta de lo que tenes que hacer. Si alguien no quiere ir a un lugar pero vos sí, no dudes y andá que seguro algo copado te va a pasar.

A mí me pasó ayer. Íbamos a ir con unas amigas a Tigre pero al final no fuimos, me quedé en casa para almorzar con mis papás (que están de visita por una semana) y quedamos con mamá de ir a San Telmo a la tarde. Al final a la tarde ella prefirió ir con mi papá a comprar entradas para ir a ver a Gasalla y me dejó de garpe, pero no me rendí y como me encanta ir a San Telmo fui igual.

Llegué a la calle Defensa, empecé a caminar, a querer comprar pulseritas y ropa estilo hippie que mal no me vendría para mi próximo viaje, a ver las obras de arte que venden, los zapatos, la ropa vintage, los puestos de comida, los locales de antigüedades, los negocios con objetos artísticos que nunca supe para qué son pero me encantan, los músicos callejeros, los turistas, a putear los adoquines pero pensar internamente que no quiero que los saquen, a ver las casas, los artesanos y su manera tan relajada de afrontar la vida, l@s estudiantes de diseño que venden sus creaciones en la calle, la típica inconsciente que va a pasear en taco aguja o plataformas y que a la 2da cuadra ya no puede caminar, detenerme a observar y no simplemente mirar. San Telmo es mágico, tiene un “no se qué” que me atrae, tiene historia, arte, vida propia.

Cuando llegué a plaza Dorrego me tomé un helado, debo decir que fue uno de los mejores helados que probé (crema americana y dulce de leche brownie), y seguí caminando bordeando la plaza. De pronto veo un chico haciendo unas burbujotas enormes y me quedé como atontada viendo las burbujas. Me encantan, mi sobrinito tiene un pequeño burbujero que siempre le agarro, él todavía no entiende mucho al respecto y yo puedo estar horas soplando y llenando de burbujas la casa.

Cuando miré la forma de las burbujas pensé “¡qué loco!, parecen las burbujas que vi en el blog de Aniko…” y cuando presto atención ahí estaba ella. Aniko Villalba, la viajera que escribe en un blog. La persona que con sus entradas anima las mañanas aeroportuarias, que con sus viajes llena de sueños nuestras retinas. Me acuerdo que con Santi leíamos su blog imaginando viajes, pensando en lo valiente que ella era por animarse a viajar sola a tierras desconocidas, y soñábamos con hacer un viaje similar. Él ya se fue a Asia así que ya está cumpliendo con ese sueño.

Fue muy loco encontrarla ahí, y como no me iba a quedar con las ganas me acerqué y le dije “hola, ¿sos Aniko?” y sonriendo me dijo que sí. Me sentí una fan, sentí que había encontrado a la persona que dedicaba su vida a materializar algunos de mis sueños, que con cada post me alienta un poco más a salir a viajar y conquistar el mundo cual Pinky y Cerebro, que es una de las pocas personas que considera que viajar no es simplemente irse de vacaciones sino que no hace falta más que una mochila y ganas, porque el presupuesto no necesariamente tiene que ser muy alto.

La saludé, me quedé medio muda, medio pensando qué preguntarle, y nos pusimos a charlar. Me contó un poco de sus proyectos para este año, y le hice la pregunta que miles de veces pensé y que ahora que la tenía en frente no podía dejar de hacerle: “¿nunca te dio miedo viajar sola?”, a lo que ella muy segura me dijo “no”.

Le pregunté cómo empezó todo y me contó de su primer viaje al norte, el “típico viaje hasta Bolivia”, y de que en realidad las cosas que venden los medios no pasan, es cuestión de saber cuidarse y estar atento. Que siendo mujer te cuidan más y que está en animarse y confiar. Me preguntó si me gustaría viajar y le dije que sí, por Argentina y por Europa. Me aseguró que Europa es muy segura para viajar y para hacer dedo, que Couchsurfing es una buena alternativa para ahorrar gastos, que el NOA en esta época esta lleno de gente así que si voy más adelante mejor, que no lo dude mucho y empiece a viajar, aunque sea de a poco. Le conté de mi viaje a Tandil el año pasado y de mi próximo viaje a Bariloche con la mochila y se alegró de que me anime a irme más lejos sola, me dio ánimos y me dijo que estaba bien que haga estos viajes cortos como para ir adaptándome de a poco al ritmo.

Después me preguntó qué estudiaba y le conté que estoy por terminar Relaciones Públicas, le conté que trabajo en Aeroparque y que estoy esperando ansiosa las vacaciones. Me invitó a hacer burbujas y me animé, es más difícil porque no es con burbujero sino con dos palitos y una cuerda. Como dije antes son burbujotas, lo malo es que a mí no me salían y cuando las quería soltar se rompían. No quise intentar más porque me iba a traumar y no quería terminar en el psicólogo con el siguiente diálogo:

-Hola Ayalén, ¿qué te anda pasando?
-Hola doctor, mire, tengo una gran frustración: no me salen las burbujas.

Finalmente me despedí, ella me dio 2 de sus tarjetas y me saludó animándome a viajar y a que cualquier cosa que necesite le escriba. Sé que parece que hablo de una celebridad pero para la gente que tenemos ese gen viajero y queremos explotarlo pero no sabemos cómo, gente como ella hace que no te importe el poco presupuesto y te animes a irte igual. No todos podemos pagar primera clase y un all inclusive, aunque para ser sincera ese tipo de viajes está bueno para cuando ya sos grande y sólo querés descansar, porque para una persona joven no hay mejor aventura que un viaje de mochilero con poco presupuesto descubriendo lugares que no están en las guías de viaje, que no figuran en los tours, que sólo los conoces caminando o por recomendación de un local. El viajero turista conoce lo que todos podemos ver en cualquier catálogo de viajes, el mochilero conoce eso y más porque logra ese contacto con la gente local que el otro no tiene.

En Tandil

En Tandil

Este encuentro lo sentí como una señal. No me voy a poner esotérica ni nada por el estilo, pero creo que las cosas siempre pasan por algo y haberla encontrado fue como el puntapié que necesitaba para animarme a viajar a mi próximo destino, a pensar en que no estaría mal armar un proyecto más copado a futuro y viajar cada vez un poco más lejos. Mi vida se divide en la parte que quiere perfeccionarse cada vez más en la parte artística, y la parte que quiere viajar y conocer el mundo. Espero algún día encontrar el punto medio entre ambas pasiones.

El año pasado tenía muchas ganas de conocer Tandil, bah… en realidad hacía mucho que quería ir, y sin pensarlo mucho me fui sola a pasar unos 5 días hermosos, en un hostel en donde Mercedes (la dueña) me dio la llave de mi pieza y de la casa para poder manejarme tranquila, conocí gente muy copada gracias a Couchsurfing, hice mis propios tours caminando, anduve en cuatriciclo con un guía por las sierras, probé la mejor picada de la Tierra, me morí de frío, salí a la noche y vi la luna más linda que había visto en mi vida, compartí con gente que desinteresadamente me acompañó y me aconsejó lugares para pasear, charlé con Mer sobre el hostel y su amor por el hospedaje de calidad, y por sobre todo cumplí con esas ganas que tenía de conocer ese lugar.

No sé por qué me había antojado con Tandil, no es un lugar tan promocionado turísticamente aunque debería porque está hermoso, y el hecho de haberme animado me hizo crecer como persona. Pasé unos días hermosos sola, reflexionando, depurando malas ondas, renovando el espíritu con el aire serrano, aflorando ideas, descubriendo y dejando cosas para ver cuando vuelva. Porque volveré, así como dicen que uno siempre vuelve a los lugares donde somos felices.

 

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