Con más fe que ayer

Esto no es un mensaje de fin de año ni pienso empezar a recapitular el 2012, eso lo dejo para mañana o el 31 en mi casa. Hoy quiero contarte cómo me levanté, después de casi 18 horas de sueño, y cómo me siento.

La gente que me conoce sabe que amo cantar, vivo haciéndolo a veces jugando y otras enserio, los que me escuchan todas las mañanas ya están podridos de soportarme, los que no se sorprenden y me dicen “uy qué lindo cantas”, nunca me dijeron nada malo excepto en la secundaria pero porque al no animarme a cantar en serio me ponía a jugar y claramente cuando canto jugando no es lo mismo que cuando lo hago en serio.

Recuerdo a mi vecino de la casa del fondo que me decía “coro Kennedy” porque cuando me tocaba tender la ropa me ponía a cantar. Él era un poco cruel, pero yo me burlaba cuando su mamá le gritaba “Nicolás no puede ser que no entiendas estas cuentas, ponete a estudiar!!”, así que estuvimos a mano toda la vida.

Cantar para mí es como una liberación, es una de las pocas cosas que me enorgullecen de mí, algo con lo que sé que puedo destacar y me hace bien. No quiero que se vea como que me agrando y tampoco me siento la mejor cantante del mundo, pero reconozco que cuando algo me gusta doy todo de mí para que salga bien, y el canto es de esas cosas que adoro.

Tengo algunos problemas con el pasaje, soy muuuy aguda y llego a buenos graves (mi profe me dice que me tragué un piano), mi voz de pecho es buena hasta ciertas notas cuando me resulta necesario tener que cambiar a la voz de cabeza, tengo volumen pero en la voz de cabeza siento que me falta más cuerpo, me encanta cantar musicales y a mi sobrino lo hago jugar cantándole un pedacito de la Reina de la Noche de Mozart, admiro a la gente a la que no se les nota el pasaje, admiro a las mezzos con el alma, Barbra Streisand es LA voz femenina, gente como Kerry Ellis me pone la piel de gallina, y me gustaría tener un agudo de pecho que la rompa como el de Defying Gravity. Tengo mucho camino por recorrer para tener la voz que quiero y sé que puedo llegar a tener. Admiro mucho a Sutton Foster, ella es la resistencia diafragmática hecha mujer, porque canta y baila al mismo tiempo como si le dijeras “Sutton anda a caminar masticando chicle”.

Hay gente que tiene sueños más normales, quieren recibirse y/o encontrar un buen trabajo, formar una familia y tener estabilidad, yo nunca fui la normal entre los que me rodeaban, siempre fui el patito feo o el bicho raro, pero no en el mal sentido sino en el hecho de que además de querer recibirme, encontrar un buen trabajo y formar una familia, para mí es muy importante lograr mis metas artísticas, con las que vengo soñando desde que tengo uso de razón.

No recuerdo día en que mi familia me preguntara qué quería ser cuando sea grande y yo no responda “artista”, hice al mismo tiempo cosas que nadie de mi edad hacía, fui a canto, baile, actuación, natación, coro y dibujo, todo al mismo tiempo. He vuelto locos a mis padres, a mi mamá sobre todo porque me tenía que llevar a todas mis actividades, siempre fui muy buena alumna porque la condición para hacer todo eso era mantener buenas notas en la escuela.

Cuando era chica pensaba que por más cosas que hiciera me resultaría muy difícil lograr mis sueños, a medida que fui creciendo también lo hizo mi fe y mi confianza, y hace un par de años me sentí muy mal cuando tuve que dejar esa parte mía por haber encontrado un trabajo. No es que me arrepienta, creo que Aeroparque me ayudó a crecer en muchos sentidos que de otra forma no sé cómo lo habría hecho, pero en su momento me partí en dos porque era muy feliz por un lado pero muy triste por el otro.

Aún recuerdo todo lo que lloré en la última función del 2010 y a mi mamá diciéndome “nunca dejes esto Ayi”. Para mi fue muy fuerte ver a mis padres emocionados, a mi mamá llorando y diciéndome eso. Ese momento fue el sello que necesitaba para nunca bajar los brazos.

Si bien tuve que parar por la universidad y el trabajo, hoy estoy más convencida que nunca de que el año que viene voy a volver con todo a luchar por lo que amo, porque no quiero pasar toda mi vida detrás de un escritorio y mucho menos detrás de un mostrador indicando vuelos a la gente o pidiendo audios a perdidos, porque no quiero vivir mi vida asistiendo a vips o recorriendo el aeropuerto, y porque aunque me encanten las relaciones públicas la parte práctica me agobia y no me imagino armando planes de comunicación para terceros.

Tanto Aeroparque como mi último profesor en la carrera me ayudaron a verme a mí misma con mayor claridad, mis compañeros empezaron a ver ese cambio y el último tiempo mi nombre fue “Aya la estrella”, yo me siento más segura de lo que quiero, de mis sueños, de las metas que esa nena de 5 años tenía y que esta chica de 21 reafirma. Mi familia me apoya, sé que cuento con ellos porque siempre me lo demostraron y porque sus palabras después de esa última función se grabaron a fuego en mi corazón, sé que mis amigos están y van a estar para ayudarme en mis caídas, no me falta nada más que creer en mí misma, en mi voluntad, en mis sueños y en que yo puedo.

¿Si hay gente que lo hizo antes por qué yo no habría de hacerlo? Soy muy ambiciosa y me va a costar mucho, formarme otra vez, retomar cosas que tuve que dejar, apostar al 100% a mis metas. Hasta mi jefa me dice que yo no tengo que quedarme acá si quiero triunfar con el canto, así que en algún momento le haré caso. Por lo pronto quiero formarme, aprovechar el tiempo que antes era para UADE en actividades como baile y actuación, volver a empaparme del conocimiento de otros, porque nada se logra de la noche a la mañana.

Por 4 años Ayalén fue un “pequeño genio enlatado”, por 4 años me dediqué casi exclusivamente a estudiar y trabajar, por 4 años renuncié a lo que realmente soy por cumplir con las expectativas de otros, así que creo que ya llegó la hora de empezar a vivir mi vida por mí, por toda la juventud que me queda, por esa familia que en algún momento me gustaría formar, porque quiero que mi sobrino se enorgullezca al decir “ella es mi tía”, y quiero sentir que soy lo que esa nena de 5 años esperaba de sí misma, no quiero fallarle a esa Ayalén auténtica que con sólo 5 años tenía más seguridad de lo que quería que esta chica de 21.

Quiero que esa nena que nunca dejó de estar en mí se sienta feliz de ser la mujer que se está formando, y que al mirar atrás se sienta satisfecha de haber logrado todo eso que como nena una vez soñó.

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