Aya habla con su paciente: Aya

Hay tantas cosas que nos rodean que a veces somos muy poco conscientes de “la verdad de la milanesa”. No es que me haya convertido en la gurú del presente y tampoco me voy a poner a escribir un libro como “El Secreto” para reflexionar al respecto, pero a veces no te pasa que te pones a pensar en todo y a la vez en nada?

Soy muy consciente de lo que me rodea, de lo que tengo, de la gente que me quiere y a la que quiero, de los transeúntes de la vida que conviven alrededor mío pero que si están o no es lo mismo.  Lo malo es que a veces pienso demasiado en todo lo que aún no tengo, en la gente que aún no forma parte de mi vida, en los transeúntes que aún no conozco.

Disfruto mucho de los pequeños logros de mi vida aunque admito ser muy ansiosa y pensar demasiado en el futuro, sin tener en cuenta que todo lo que vendrá depende pura y exclusivamente de lo que yo decida hacer hoy.

No sé cómo llegué a reflexionar sobre ésto, quizás de apoco estoy empezando a verme más claramente, o no. Y ahí está otra vez la eterna indecisa que me acompaña a todos lados, como una sombra que nunca encuentra la luz. Me cuesta tanto decidir, y no por no tener el impulso del “aquí y ahora” sino porque no sé cómo se verá en mi proyecto de futuro.

Debo empezar a desprenderme de la palabra “proyecto”, aprender que el futuro no es más que el resultado de mi presente, y que de hoy depende mi mañana. Suena a palabras vanas, a frases hechas y mil veces dichas, pero cada tanto está bueno que una misma se tome el tiempo de pensar sobre todo esto. No porque fuera a cambiar, no porque a partir de ahora voy a ser una persona más racional (de hecho, creo que más no podría), ni porque desde ahora vaya a cambiar mi ansiedad por el futuro, pero sí para saber que lo que vivo día a día en mi mente no está bien.

Imagino futuros posibles, como si fueran escenarios de mi vida. Algo muy frecuente, sueño despierta constantemente, imaginando que mágicamente vendrá Darcy cabalgando en su caballo negro y me rescatará del presente para vivir juntos en el siglo XVIII en nuestro Pemberley, en ese futuro que es del pasado y que por ende nunca pasará.

Es lindo planear el futuro, como cuando éramos chicos y nos imaginábamos teniendo una profesión y vivíamos jugando a eso, pero deberíamos (bah, yo debería) ser más consciente de que si hoy no empiezo con eso que quiero tener mañana, nunca voy a lograrlo. Ya no se trata de “jugar a” ser alguien o algo, sino de ser, de trabajar en pos de, esforzarse.

No sé si escrito todo esto como para verlo materializado en algo que me ayude a mí misma a verlo más claro. No sé si lo escribo para que otro lo lea o para que mi mente y mi corazón lo aprendan. Nadie me dice ésto, nadie me lo dirá y nadie podría llegar a pensar de decírmelo cuando en realidad son sermones para cosas muy internas.

Estoy para una linda sesión de terapia…

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