Llegó la prima más copada

Después de una ardua cuenta regresiva realizada por Crónica TV, por fin llegó la primavera, aunque para una amante del invierno esto sólo significa que estamos cada vez más cerca del infierno en la tierra, cosa que no me gusta para nada.

La primavera llegó con pan bajo el brazo, mis papás me trajeron la heladera que me prestaron mis abuelos, 4 sillas y cortinas, mientras que para el departamento de mi hermano trajeron pintura y ayer se despertaron todos temprano para comenzar a trabajar. Yo me desperté dentro de todo temprano, pero mi trabajo consiste en estar horas y horas sentada frente a la computadora armando públicos, problemáticas y tratando de que todo quede coherente.

No es fácil pensar y tener sueño, todo al mismo tiempo. El jueves terminé agotada, del trabajo a casa, de casa a la facu, y en la facu una exposición oral bizarra como esas a las que ya estamos acostumbradas. El nazismo no es algo divertido, pero si la exposición corre por mi cuenta de seguro algo loco va a haber, y la manera de chamuyar del jueves fue sin precedentes. Con todo y eso nos fue genial, así que todo más que bien, aunque a la noche más que salir de joda mi cuerpo quería dormir.

Y así fue como llegamos al viernes. Obvio me desperté tarde, hicimos un picnic con unas amigas demostrando que definitivamente la onda hippie natural no es para nosotras, me sentí amenazada por varias abejas que querían el néctar de nuestro jugo (?), el pasto, la gente, el “aroma” a porro que llegaba cada tanto, todo muy lindo pero me quedo con plaza Francia los domingos, al menos hay feria de artesanos.

Los sábados tienen algo especial, siempre a mi papá se le ocurre arreglar algo de la casa, y así es como se le da por pasar la aspiradora, limpiar los muebles, ordenar todo, pintar, lavar el auto, pasar la hidro, bañar al perro o arreglar las plantas. Y claro, como “si yo no duermo acá no duerme nadie”, recluta a la tropa para que lo ayudemos. Por suerte esta vez con la excusa del TIF pude zafar, sino ya me veía cebando mates a los pintores y puaj, ese olor espantoso a pintura impregnado en mi naríz, horror!

Entre los ratos de mínimo sueño, la poca creatividad y la desesperación porque los números del índice son algo así como misión imposible, terminé el sábado con un dolor de cabeza tremendo que sólo pude acostarme a dormir e intentar ser feliz por un rato. Música celta, todo oscuro y pasó el dolor, aunque levantarme y volver a lo mismo fue tremendo, y saber que después de eso tendría que venir a trabajar fue peor.

 

Como verán, la primavera llegó con un gustito a hogar, aunque el lugar cambió puesto que no estoy rodeada de plantas, árboles, y la casa no es mi casa, el hecho de que estén mis papás y de que la rutina de “hago todo o se acaba el mundo” haya vuelto me hace sentir acompañada. Aunque claro, todo sería más lindo si yo no estuviera jugándome la vida con cada palabra que escribo para mi TIF.

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