Si todo fuera ficción

No sé si a todos les pasa, o soy la única que se engancha tanto con un libro que le gustaría vivir en él. A mí me pasa, y bastante seguido, que no coincido con las formas de este mundo moderno y con gusto me iría a la época de la regencia en Inglaterra a rodearme de Mr. Darcys por doquier. Aunque claro, con un poco de suerte y caer en una familia copada, porque para ser sirvienta sigo en esta vida que mal no me va.

Últimamente me ha pegado la fiebre de los libros de Jane Austen, y de eso nunca sale algo bueno. Muchas mujeres (y por qué no hombres) culpan a Disney de todos sus fracasos amorosos, de esperar príncipes azules en un mundo donde sólo contamos con unos pocos y están en Europa casándose en nuestras narices (en tu cara William!), y de pensar que al final van a escuchar un coro de querubines en un hermoso final feliz. Pues no, no es así, pero yo encontré otra persona a quien culpar de nuestras alta expectativas en cuanto al mundo masculino se refiere, y esa es Jane Austen.

Sí, mi escritora favorita es la culpable de que no haya nadie que cumpla con las expectativas que ella misma impuso. Ella tiene la culpa porque con su pluna creó personajes tan humanamente perfectos, personajes con defectos pero con muchas más virtudes, que cualquier mujer en el mundo quisiera pasar el resto de su vida con alguno de ellos. ¿Quién no querría un Mr. Darcy, un Mr. Knighley o incluso un Capitán Wentworth?

A veces siento que no pertenezco a esta era, de hecho todas mis amigas me dicen que soy como salida de una máquina del tiempo, algo así como un “Enrique el antiguo” versión femenina. Aunque no, no voy gris por la vida ni tengo corte a lo Carlos V, mi versión es a todo color full HD. Pero fuera de joda, a veces me encantaría ir a esa época y fijarme si realmente me gusta o no, si tanto respeto por las formas me resultaría soportable, y si de hecho existían tantos caballeros respetables como las heroínas de mis novelas dicen contar.

Cuando vi Lost in Austen no me pude haber sentido más identificada, quién tuviera la suerte de Amanda y tener en su baño la puerta a la época de Darcy, encontrar al verdadero y que en vez de enamorarse de Lizzie se enamore de una. Eso no pasa en la vida real, pero qué lindo sería, no? Igual no sé si aceptaría a un Darcy que no fuera Matthew Macfadyen, o cuyo parecido no fuera asombroso. Tampoco me quejo si es Colin Donnell o Hadley Fraser. Aunque bueno, basta, no era la idea hacer una lista de posibles Darcys para mi gusto personal.

En fin, vamos a tener una semana muy antigua, por así decirlo, dado que no puedo hablar de otra cosa que no sean mis impresiones respecto de este mágico mundo al que si le he de criticar algo es la extrema dependencia de la mujer con el hombre, y de que su independencia sea brindada por el casamiento y no por la realización propia, aunque claro… para ellas la realización propia era justamente eso, casarse.

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