Transportes A.Y.A.

Esta semana que pasó fue marcada por un hito en la historia de mi vida acá en Buenos Aires: me transporté en bicicleta!

Sí, para todos los que pensaban que yo era un peligro ambulante en mi rayo de fuego rosa allá en Villa Constitución, ahora el peligro se mudó a la big city para afrontar el tránsito porteño. Me siento como Mario Bros cuando sube de nivel.

Debo decir que hay cosas que no cambian, de hecho empeoran, como la existencia de ese medio de transporte llamado moto al que le tengo más miedo que al malamén. No sé cómo hacen pero se meten en esos lugares exóticos en donde se supone que no entran pero ahí entán, firmes cual soldadito de plomo para alterar mis nervios.

Siempre tuve problemas con el tema de las manos de las calles, cuando los autos vienen por la izquierda yo miro a la derecha y viceversa, por lo que mi mamá sufría cada vez que yo me movía en bici. Ahora imaginate como se puso cuando se enteró que me saqué las bicis de la ciudad, en vez de ponerse contenta porque hago ejercício me dijo “Ayalén vos en bici en Buenos Aires… ¡¡sos un peligro!!”.

Me encantan los autos, de hecho extraño mucho a mi pequeño Seat rojo que en realidad no es mío pero bueno, se entiende. Aprendí a amigarme con el subte y todo porque la relación costo/beneficio me convenía, aunque ahora el temita del costo no me conviene tanto. El bondi pasó a ser un amigo de la casa, principalmente en el último tiempo en que me volví más intolerante a la aglomeración de gente en el subte.

Las motos siempre fueron como algo “prohibido”, y es irónico que así sea siendo que mis papás se conocieron gracias a la súper moto que una vez tuvo mi papá. Recuerdo una vez que no sé quién fue a casa en una moto que era una tremenda nave, papi hacía años que no se subía a una y quiso manejarla, pobre criatura… en la esquina patinó y plaf!

También recuerdo cuando mi amiga Leo se compró la moto y mi papá me dijo “mientras estés bajo mi cuidado no te subís a la moto, estamos?”. Creo que esto viene más por el lado de que Leo tenía la misma reputación que yo con la bici, así que era un peligro potencial para ambas. Aunque claro, Leo sigue viva con su precioso casco naranja y yo sigo viva manejándome en transporte público.

Obvio que me subí un par de veces a la moto de Leo, pero en tramos cortos y ella manejando a paso de hombre porque me da miedo. Andrés, mi primo, tiene otra nave como esa de la que se cayó mi papá, y cuando fuimos con Alber de visita nos llevó de paseo. Repito, es ilógico que a papi no le guste que yo me suba a motos cuando él está casado gracias a la suya. O será quizás justamente por eso que no quiere que yo me suba a una… Voy a terminar casada con el chico del delivery de pizzas!

Extrañaba tanto andar en bici! Reviví, me sentí en casa, odié a los peatones y a las motos como antes, puteé con ganas cuando usurpaban mi lugar, pegué un par de gritos a esas personas imprudentes que no respetan la bicisenda, rogué a Dios y María santísima no morir en el intento de llegar a UADE sana y salva, me enojé, me alegré, volví a usar las manos para señalar mis cruces, respeté los semáforos, casi me chocan, casi atropello a un peatón descuidado, pero a pesar de todo fui tan feliz.

En bici es mejor, dicen las malas lenguas. Me sumo a esas palabras, porque no hay medio de transporte como la bici. Aunque guarda, cuando le agarre la mano a los rollers y al skate no me frena nadie!

 

2 comentarios en “Transportes A.Y.A.

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