Espíritu aventurero

Sí, aunque no lo crean tengo espíritu aventurero. Poco, pero lo tengo.

¿Por qué digo poco? Porque a veces suelo pecar de cobarde, o de racional y pensar demasiado las cosas antes de arriesgarme.

Mi espíritu aventurero es como las plantas, hay que regarlo para que crezca, hay que animarlo y decirle que nada malo va a pasar como a los niños, en fin, es delicado pero está ahí.

Leyendo blogs de gente que viaja con la mochila a cuestas y descubre lugares fantásticos con un presupuesto ajustadísimo, mis ganas de viajar aumentan más y más, pero cuando lo pienso mejor me pregunto ¿qué voy a comer si hay miles de cosas que no me gustan? ¿cómo se supone que voy a aguantar la mochila si me da fiaca caminar 10 cuadras con la que llevo al gym? ¿me manejaré bien? ¿y si no pego onda con la gente y la paso mal? ¿qué tal si el lugar no me gusta? ¿habrá baños normales o tendré que acostumbrarme al inodoro de piso? ¿y cuando me indisponga cómo voy a hacer? ¿resistiré la suciedad en algunos lugares? porque ok, mi pieza no es el lugar más ordenado y limpio del mundo, soy estudiante universitaria que encima trabaja, lo que implica poco tiempo para acomodar la casa, pero hay lugares con tanta tierra y tan sucios…

En fin, se imaginan que soy bastante quisquillosa en algunos aspectos, y siendo mujer se suman otros de lo que los hombres no deben preocuparse, así que tengo muchas cosas que analizar antes de ver si soy travelfriendly.  De hecho mi mamá, cuando le planteo mis ganas de viajar con la mochila me mira con cara de incredulidad y me dice “¿vos mochilera?”, y mis ganas de desafiarla le responden “sí, yo mochilera”, pero cuando ella me plantea todas las preguntas que puse más arriba, me doy cuenta que yo misma soy mi propia traba para viajar, que no hay nada del mundo exterior que me lo impida, sólo yo y mis miedos.

Una nena de mamá y papá muy acostumbrada a los lujos, que en realidad no lo son pero para un viajero con mochila sí, que no sé si estoy muy dispuesta a renunciar a todo por un poco de experiencia. Aunque sé que lo vale, la pregunta del millón es: ¿aguantaré? Sola sé que no, pero hay muy poca gente amiga con ganas de acompañarme, así que de cualquier manera debería hacerme a la idea de que si quiero emprender un viaje así hay muy altas probabilidades de que tenga que hacerlo sola.

De todos modos, mis ganas de mochilear incluyen Europa, creo que es una forma mágica de conocer el viejo continente, y la única forma de ver la realidad de cada lugar, conociendo rincones que de otra forma no podría. Es ya un clásico irse a Europa o a Latinoamérica, no sé si me animaría a recorrer Asia con la mochila como lo hace Aniko porque ahí sí creo que seríamos demasiado incompatibles con el lugar, quizás después de haber probado mi relación con la mochila en lugares más convencionales me animaría, pero así de una no.

Haría un viaje post-universidad, una vez que tenga el título en mano me arriesgaría a explorar el mundo, con una mochila repleta de sueños y con el corazón mirando al sur, porque siempre voy a estar pensando qué estará haciendo mi familia en mi ausencia. Quiero calcular todo con tiempo, comprar las cosas con tiempo, ver qué y cómo voy a hacer para viajar tanto tiempo sin morir en el intento, y claro… voy a tratar de convencer a mis padres de que voy a poder.

“Quizás, quizás, quizás” dice la canción, y hoy en día mi futuro después de diciembre de 2012 es eso, un no sé qué que me perturba a cada momento. No puedo vivir sólo del hoy, el día a día no se me da bien si no hay un futuro, así que veremos.

 

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