Mi problema con el cuerpo

El post de hoy es altamente femenino, lo advierto antes de que algún lector masculino desee tirarme un cascote en la cabeza.

Creo que debería armar una sección llamada “Los problemas de Aya”, dado que son los puntapiés que me impulsan a escribir. Por lo general no escribo de cosas buenas, excepto que tenga taaanta felicidad que necesite compartirla, pero últimamente tengo tan poco tiempo para dedicarle al blog que me dedico a quejarme abiertamente por escrito, porque en caso de querer hacerlo ante el mundo quedaría peor que el enano gruñón de Blancanieves (no quiero opiniones respecto a la altura, por favor).

Como ya lo he dicho antes, y si no lo dije creo que se habrán dado cuenta a través de mis polyvores, que me gusta mucho la moda. Y como creo haber dicho antes, quien me conozca personalmente no me cree este pequeño vicio dado que no se visto al último grito de la moda y priorizo siempre la comodidad. Pero el hecho de que me encante andar de calzas, zapatillas y remeras sueltas no significa que no sienta debilidad en un shopping, aunque soy muy realista.

Cuando digo realista no solo me refiero al asunto económico, porque creo que no hace falta destacar que hoy un par de plataformas implica desembolsar casi medio sueldo, sino al asunto estético.

Creo que hoy en día no hay mujer en este mundo que no se cuestione ciertas partes de su cuerpo, incluso las más flacas tienen algo que les disgusta, porque los modelos impuestos socialmente acerca de lo bello en la mujer son utopías que muy rara vez se llegan a materializar mediante dietas mágicas o quemando su vida en un gimnasio.  

Yo nací con muchos problemas, de chiquita tuve todo un asunto con mis pies planos (zapatillas Prevent Arc, plantillas, masajes, etc. etc.), de más grande tuve que usar ortodoncia, y por si esto fuera poco me declararon escoliosis leve causada por la mochila con exceso de peso y mala postura. Pero no conforme con las fallas venidas de fábrica, el contexto hace que me encuentre fallas que de haber nacido en la época del renacimiento podría considerarme la Valeria Mazza de ese tiempo.

En mundo donde la moda impone los chupines (pitillos, cigarettes, o como lo llamen en su país), una chica con caderas se ve relegada al uso de calzas, dado que si queres encontrar un jean chupín talle 40 es mejor que aprendas corte y confección porque de otra forma no lo vas a encontrar, sumado al hecho de que si te pones un chupín y tenes mucha cadera no haces otra cosa que mostrarle al mundo el tamaño de las mismas. A mí me encanta usar calzas, me mal acostumbré de chica gracias a las clases de ballet, y si pudiera andaría por la vida todo el tiempo con los pantalones más cómodos del mundo, pero reconozco que es necesario adaptarse a otro tipo de pantalones o vestidos sin calzas.

Me encanta usar vestidos, pero no creo que me vean enmorcillada en uno super ajustado porque: 1) no tengo un cuerpo perfecto (según los estándares actuales de belleza) que quepa dentro de esos mini vestidos, 2) no me gusta como quedan, porque aunque seas extra flaca la pancita siempre está, 3) me parece mucho más femenino un vestido al cuerpo en el torso y amplio en la pollera, sutileza ante todo.

Sinceramente no entiendo a los hombres que aman a las mujeres extra flacas sin un ápice de carne en sus cuerpos, no es tenga algo contra ellas, pero coman un poco mujeres!! Entiendo que el metabolismo en algunas ayuda, o la contextura física en general, o también el hecho de que son flacas por naturaleza, pero la extrema delgadez me parece poco sano y no debería estar promovida como un estándar de belleza, porque yo me la banco y soy consciente de que nunca voy a tener un cuerpo flaco como el status quo pide, pero hay chicas que se vuelven locas por llegar a ese ideal y a algunas hasta les llega a costar la vida.

No está bueno que en todos lados muestren a mujeres tan irreales, mujeres con las que no te cruzás todos los días, mujeres que en realidad existen en algunos lugares de la sociedad pero no en todos. No está bueno que las marcas no respeten la ley de talles, o que se abstengan a hacer ciertos talles porque en sus diseños no quedan bien, o que no resperten la diversidad de mujeres que hay. La mujer argentina no es extremadamente flaca, no quieran imponer un modelo de mujer que no existe. La mujer argentina tiene formas, tiene curvas, es pulposa por donde se la mire, y tiene todo lo que tiene que tener, algunas más y otras menos, pero nunca demasiado menos.

A veces me da bronca ir a comprarme jeans porque nunca encuentro un lugar en donde hagan el talle posta, y no la paso bien porque encima generalmente la chica que atiende es una desubicada que dice “de tu talle no tenemos”, o te mira de arriba a abajo con cara de “no sé por qué pretendes comprarte algo que es obvio que te va a quedar mal”. Son crueles algunas vendedoras, por eso si me tratan bien hago lo posible por comprar y me aseguro de volver, pero si me tratan mal los defenestro en todos los medios posibles.

No es de cobarde confezar que muchas veces ir a comprar ropa implica un desgaste mental considerable, y que muchas veces no la paso bien porque lo que a mí me gusta no está en mi talle. Y no es que no acepte mi cuerpo tal cual es, sé que debería estar un poco más delgada pero no por estética sino por salud, pero si no tengo ganas de ir al gimnasio no voy, si tengo ganas de comer papas fritas lo hago, y ¿saben por qué?: porque no quiero arrepentirme de las cosas, porque cuando me muera quiero haber sido feliz, y porque no está bueno prohibirse cosas.

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