¡Feliz día de los Jardines de Infantes!

Hoy se celebra el Día de los Jardines de Infantes y de la maestra Jardinera, en memoria del fallecimiento de la maestra riojada Rosario Vera Peñaloza, quien fundó en 1900 la primera sala de infantes.

Nacida en 1873, Rosario recorrió la Argentina impulsando la enseñanza popular, dictando cursos y conferencias y transmitiendo las nuevas técnicas en la creación de bibliotecas.

Para mí es un día muy significativo, dado que al ser hija de una maestra jardinera esta fecha nunca pasó desapercibida. Hoy mi mamá es directora de un Jardín de Infantes, y estando a un año de jubilarse, este día es más que especial para ella.

Mucha gente no le da bola al jardín de infantes, de hecho muchos no recaen en la importancia que tiene para el desarrollo educativo de una persona poder pasar por esta instancia. Ir a un jardín no significa sólo jugar y tomar la leche, es aprender a través de juegos didácticos cosas como los colores, los números, el abecedario, los animales, los roles que cumple cada miembro de la familia, aprender (y entender) que hay familias con mamá y papá y otras que están compuestas sólo por una mamá o un papá, es aprender a compartir y a tolerar, a escribir su nombre comenzando a asimilar su propia identidad, a descubrir el cuerpo y la naturaleza.

El jardín de infantes es la primera puerta al mundo, y la maestra pasa a ser como una segunda madre para el niño, enseñándole a respetar horarios, turnos, a jugar con otros, a ser respetuosos, a aprender los símbolos patrios, a convivir en sociedad. Es la primera etapa del ciclo educativo, y es a mi entender la más importante, porque es la que sienta las bases de lo que será el niño en el futuro.

Si un árbol necesita de buenas raíces, ese mismo árbol también necesita que la primera tierra que le hechan a esas raíces sea buena, para tener una buena base y poder de a poco crecer. Para las personas es igual, las raíces son nuestras familias y la primera tierra es el jardín de infantes. No es sólo mandar al chico a la guardería para que no joda en casa, es iniciarlo en un mundo que le va a enseñar a ser un ciudadano más en esta sociedad.

Pero como también es el día de la maestra jardinera, voy a dedicarle este post a mi mamá y a mi señorita Sandra, mi mamá fue mi raíz y mi señorita mi tierra. Tengo la suerte de tener una madre jardinera, que no sólo es creativa y práctica, sino que también es buena y comprensiva. Cuando era chica había canciones para todo: para despertarme con la rana, para atarme los cordones, para lavarme las manitos, para pasear, para jugar, para todo. Tuve juguetes de todas las clases, pero los mejores eran mis criaturas hechas con el cartón que queda del papel highiénico y pelo de lana.

Para mis cumpleaños mi mamá siempre se las rebuscaba de alguna forma creativa para hacer los bonetes, decorar la torta y dar regalitos a los invitados. Una vez me hizo bonetes de conejo, otra hizo souvenirs con cáscaras de huevos. Siempre con cosas del hogar hacía cosas maravillosas. Además de todo dibujaba muy bien y pintaba re lindo en tela.

Cuando yo iba al jardín de infantes le tocó hacer un cuento y eligió “La hormiguita viajera”. Armó todo el libro, hizo los souvenirs, creo que hasta yo me vestí de hormiga (era negra y roja). Después lo fue a leer a la salita Fantasía. Cabe aclarar que yo iba al jardín de otra escuela, por lo que nunca fue mi maestra.

Y nunca perdió esa creatividad, a lo largo de mi infancia hizo un montón de cosas para mí, como dibujos, decoración de los cuadernos, disfraces, juguetes, regalitos. De grande la creatividad le agarró por el lado de la ropa, y ahora que estoy lejos siempre me hace algún vestido con un detalle novedoso. Le encanta coser y tejer, y es muy buena haciéndolo (aunque tejiendo suele tardar un tiempo considerable). Si hay algún problema siempre encuentra la forma práctica de resolverlo, y si mi papá se pone histérico con algo ella pone el toque de tranquilidad, son como el ying y el yang.

Gracias a mi mamá creo que hoy soy como soy, una enamorada del arte. Heredé la afición a la lectura de mi papá, porque mami no es mucho de leer. Ella va más a las revistas de tejido y de cocina. Pero ella siempre se encargó de inculcarme el arte. A los 3 años me llevó a ver a Julio Bocca, y de ahí todo lo que quise hacer referido al arte ella me acompañaba: ballet, coro, actuación, pintura, piano, flamenco, comedia musical. Como para los actos de la escuela yo era figurita repetida, siempre me ayudaba con los trajes, me pinataba la cara con corcho quemado, me maquillaba. Mi mamá es la gran precursora de mi locura artística, así que además de la vida le debo mi mayor pasión: los musicales.

A pesar de que se queja, de que hay veces que quiere dejar todo y venirse a disfrutar de su nieto, de que en el trabajo a veces no todo es color de rosa, de que tiene que renegar con los padres, de los trámites burocráticos del Ministerio, de subsidios que no le mandan, de cosas que siempre faltan, ella AMA su trabajo, AMA ser jardinera, AMA educar a los niños, y se nota la pasión que siente por su trabajo porque si uno ve el jardín cuando entró en el 95 a como está ahora parece otro. Ella lo renovó, le dio vida, luchó y peleó hasta el cansancio para que hoy sea el hermoso jardín que es, y aunque los padres no siempre valoren a la gran mujer que tienen a cargo de sus hijos, yo sí sé todo lo que sufrió y luchó, yo vi las lágrimas que derramó cuando no le daban el traslado, yo estuve en los momentos más críticos, yo soy testigo fiel de todo lo que tuvo que pasar para poder estar con la frente en alto y orgullosa de su trabajo. Yo sé todo lo que ella ama a ese jardín, y me imagino lo difícil que va a ser para ella dejarlo, más allá de que siempre joda con que se quiere jubilar. Yo la vi sufrir cuando los padres hacían quilombo, y yo la vi disfrutar con alegría el crecimiento de la institución.

Por eso es que hoy no es un día cualquiera, y por eso quiero rendirle homenaje. Porque mi mamá no es sólo mi mamá, es la mamá de miles de chicos que a lo largo de estos más de 30 años de docencia disfrutaron de sus conocimientos, de su dulzura, de su paciencia. Ser docente es dejar huella en alguien, y mi mamá dejo huella en muchos chicos, pero en especial en dos: mi hermano y yo.

Amo a mi mamá, amo su fuerza, su temple, su tenacidad y su pasión por su jardincito, porque por más que vengan otras, el Jardín de Infantes nº 8151 SIEMPRE va a ser su pequeño jardín.

Te amo mami, feliz día!

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