Hay cosas que me enferman

Es simple, no puedo con mi genio, cada tanto hay días en las que quiero mandar a todos a la mierda y entre ayer y hoy creo que llegué al límite de mi paciencia social.

Primero: los brasileños. Gente a la que le daría una buena clase de cortesía y buenos modales. Se presentan en el stand de informes gritando por información, ven que vos estás como loco entre el teléfono que suena y otro pasajero que te pregunta en vivo y en directo, y a ellos les importa un bledo, te gritan y se indignan si vos no les respondes. Encima cuando les haces seña que espere un minuto te ponen cara de “esperar, yo? Qué tupé!”. Cada vez que escucho “check-in da Tam” o “onde fica Gol?” sin un “hola” y un “gracias” al final, mi tolerancia comienza a perderse poco a poco. Yo pienso… a esta gente las tratan igual en su país? No se enteraron que la esclavitud se terminó hace bastante y que ahora hay normas de cortesía para dirigirse a la gente? De chiquititos nunca les dijeron las palabras mágicas “por favor” y “gracias”? Antes de empezar a trabajar en Aeroparque pensaba que los brasileños eran tipos divertidos, buena onda y súper amables, desde que trabajo ahí me di cuenta que las apariencias, efectivamente engañan.

Segundo: la gente del subte. Con tal de subirse hacen CUALQUIER cosa, te empujan, te pisan, te putean, te afanan, te ultrajan, te basurean, se piensan que una es de goma, y encima si les decís algo se indignan. Tenés al típico imbécil que sabe que no entra pero que apretuja a todo el mundo con tal de viajar, y cuando cierran las puertas vos ves como a duras penas la máquina logra su objetivo por culpa de esta persona no pudo esperar 5 minutos por el próximo tren. Otra cosa que me enferma es la gente que pide y te instiga a que les des un beso o la mano. Todo bien, no es de forra, pero no me gusta que ultrajen mi zona íntima (quienes hayan dado oratoria comprenden perfectamente a lo que me refiero). Si yo quiero te beso, si yo quiero te doy la mano, pero no me obligues a hacerlo y encima te tengo que pagar. Sé que suena de persona muy mala onda, pero no me gusta. A veces me cuesta saludar con un beso a la gente que conozco porque me da no sé qué, y esta gente me obliga. Lo peor es que si los rechazas toda la gente te mira con cara de asco, pero si los saludas también. Y no es que me importe demasiado lo que piensen los demás, sino que mi conciencia tampoco es una buena amiga en estas situaciones y me dice “encima de que no le vas a dar una monedita le negás el saludo?”. Y bueno, habrá que ponerse más jodida.

Tercero: la gente que vende boludeces. Si bien reconozco que muchas veces te salvan la vida en momentos críticos, la mayoría de las veces rompen mucho las pelotas. Los que venden cds y pasan con su reproductor a todo volumen, los que bailan breakdance con 40 personas en un vagón,  los que te enchufan sus linternas, tijeras, tarjetita, saca corcho, alicate, limpia mugre, o lo que fuere, el que pasa con la caja de alfajores sabiendo que no pasa y encima te empuja para poder pasar. A todos ellos, aunque a veces me salven, la mayoría de las veces los detesto.

Cuarto: la gente en las veredas. No se dan cuenta que para ver una vidriera no es necesario ponerse a 2 metros de distancia? Las mujeres “antiguas” miran las vidrieras de lejos, como si los maniquíes fueran demoníacos. Yo sé que a veces ver tan de cerca una prenda pueda provocar ganas locas de comprarla, pero qué necesidad de interrumpirle el paso a los que necesitan pasar? Después tenemos a los puestitos de artesanos (y curros) de Florida. Me encanta verlos, pero a veces ubican tan mal sus alfombras que no te dejan pasar al otro lado sino hasta la esquina. Y por último los ejecutivos que caminan pendientes de su Blackberry sin darse cuenta que tienen gente detrás que los putea internamente por no ser capaces de parar, responder y dejar vía libre a otro ser que necesite movilizarse raudamente. Pero no, eso no era lo último, lo posta último es la gente que camina en zigzag, como las parejitas de novios que parece que no se quieren porque encima de que se toman las manos a un metro de distancia uno de otro, caminan como 2 pelotudos sin darse cuenta que alrededor de ellos hay un mundo que sigue girando más allá de su estado de enamoramiento. Los niños, las mujeres que no saben manejar el cochecito del bebé, entre otras cosas, me molestan, pero no tanto como los que nombré antes.  Ojo, tampoco soy tan intolerante, si hay una persona con bastón o gente anciana caminando, no los voy a empujar con tal de pasar, no soy tan cruel. Aún.

Quinto: en realidad por ahora no hay una quinta razón, pero como el número cuatro no me gusta dejarlo solito, le puse un quinto. Aunque pensándolo bien, puede haber algo más. La gente que te ofrece flyers de restaurants en la calle, los que gritan “cambio cambio dólar, euro, reales, cambio”, los que te fuman en la cara, y la gente maleducada en general.

Bueno, me descargué, sigo con el tp de estadística y con mi resumen de Arte Contemporáneo. Próximamente, post cultural.

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