Singing anywhere

¡Cómo me gusta cantar! Y no es una confesión ya que toda persona que me conozca desde hace tiempo debería saber que mi pasado musical se remonta a los recreos en la escuela en los que hacíamos un show en la escalera del patio con la canción titulada “Mi hermano murió” (sí, un espanto, pero bueno… cosas de chicos). De hecho, mi pasado musical se remonta unos años más atrás de esa trágica canción, porque a los 6 años me llevaron al Coro de Niños Municipal donde ya me predestinaron a estar en el grupito de los sopranos (por si no lo sabían: las voces de los niños de clasifican según el registro femenino independientemente del sexo de la criatura).

Siempre dediqué mi vida a torturar a amigos, compañeros y vecinos con mi “bello cantar”. Mi vecino de atrás me decía “Coro Kennedy” porque siempre me la pasaba cantando, y no recuerdo quién en la escuela solía llamarme “Ayalén Pavarotti” por estar cantando todo el santo día. Hubo un momento, ya de grande, en el que también me llamaban “la rocola humana” porque a cada palabra que alguien decía inconscientemente le enganchaba una canción.

Luego de mis frustrados comienzos en el mundo del canto, pero dada mi “experiencia” en el Coro de Niños, fui convocada (¡a la perinola!) por unas maestras para formar parte del Coro de la Dante Alighieri que participaría en la primer Inter-Dante que iba a alojar Villa Constitución. ¿Y qué cantamos? El Va Pensiero de Verdi. Heavy. Fue muy emocionante porque el Va Pensiero tiene mucha carga emotiva, además es el himno de nuestra escuela, entonces es como que se juntó todo y para una nena fue fuerte. Costó aprenderlo pero es al día de hoy que no me lo olvido, y no puedo evitar la lágrima que me cae al cantarlo recordando esos momentos de ensayos, más aún cuando se me viene a la presentación en el escenario de la plaza que ya no existe más.

Seguí estudiando, pasé alternativamente por el coro municipal y por el de la escuela, pero nunca voy a olvidar la presentación que tuvimos el Coro de Niños con el Coro Estable Municipal cantando juntos. Fue un boom, la Sociedad Española estalló, aplaudieron de pie, pidieron bis muchas veces, nosotros no podíamos parar de llorar de la emoción, y es que la verdad que fue excelente. Me acuerdo que ese día mis abuelos estaban como locos, súper copados con el show.

Por un tiempo abandoné el coro, después se disolvió (no pudieron sin mí, ja!), y finalmente volvió el coro de la escuela, pero duró muy poco también. A los 16 empecé técnica vocal con la misma profe de ambos coros, pero mi disciplina duró poco… a los 17 ya estaba en 5to y obviamente me dediqué a la joda y a vivir a full el último año, gritando sin culpa y tomando frío en las salidas sin bufanda que proteja la garganta.

A los 18 entré a Act&Art y seguí cantando, conseguí una beca gracias al tema “On my own”, y canté en el show de fin de año como solista en un pedacito del mush up de ABBA. A los 19 empecé técnica vocal de una forma más seria, ya particularmente, con Bettiana, y acá sigo con ella educando mi voz. No soy la mejor, no tengo una voz que digas “wooow piba!”, pero de a poco me van a sacar buena.

Nota de color: volver a escuchar el Va Pensiero me tiene lagrimeando a moco tendido acá, no puedo con mis recuerdos, no puedo.

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