Volvió el último Gray de la comarca

El domingo fue un día bastante raro, si bien estaba lindo afuera, me quedé adentro haciendo cosas para la facultad, adelantando un poco porque a la noche me iba a ir a la casa de Barby a dormir. Y es que el lunes volvía Gastón de Boston, y con las chicas lo fuimos a esperar. ¡Qué quilombo de tiempos verbales que me mandé!, pero creo que se entendió. La cosa fue que me levanté como marmota a las 12.30 del mediodía, con el llamado de Asu para avisarme que no nos íbamos a poder juntar porque le cayó de visita una amiga de Puerto Rico (no sé por qué cada vez que nombro ese país se me vienen muy lindas imágenes de lo que sería el verano perfecto) y bueno, lo dejamos para el próximo domingo. Al toque del colgar el teléfono y acomodarme en la cama (lo tengo justo encima, un alimento más para mi fiaca crónica), suena otra vez y con la voz de Barby al otro lado, motivo: “Gastón viene mañana y lo vamos a ir a buscar, ¿te sumas? ¿Venís a dormir a casa? ¿A qué hora? Trae plata que vamos a pedir algo para comer”. Todas estas preguntas me fueron hechas en un momento en el que los cables de conexión de mi cerebro estaban en off, y en el instante no entendí (así que respondí a todo que sí). Cuando caí en toda la información que me fue dada entendí que por algo pasan las cosas, digo… lo de la cancelación de la reunión con Asu. A la noche fui de Barby y me reí un rato con su familia, después tasa tacita cada cual a su camita, porque el lunes a las 5am arriba. Sí, a mi me dolió más que a vos que lo estás leyendo, pero bueno, llegaba un amigacho del otro hemisferio del mundo y había que recibirlo como se debe después de 4 meses, que para cada una se nos pasaron de formas diferentes. A mi se me pasaron volando, pero debe ser porque no freno un instante durante el día, duermo muy poco, y vivo a mil por hora. Cuestión que el lunes a las 5am nos despertamos, y así medio zombies nos preparamos para esperar al taxi que llegó puntual a tocar el timbre a las 6am, hora en la que por lo general estoy durmiendo los últimos instantes antes de ir a la facultad. Después de una serie de Antonio Ríos, Luciano Pereyra versión cumbia, y la repetición de estos cds varias veces (no las conté, pero fueron muchas para mi gusto) llegamos a Ezeiza, con la odisea que significa encontrar estacionamiento. Sólo faltaba Caro que llegó un toque más tarde, y después sólo faltaba Gastón que llego puntual pero tardó banda en salir del lugar de las valijas (perdón pero no sé el nombre técnico de esa parte del aeropuerto). Nos hicimos las capas y lo sorprendimos de atrás, impagable la cara de sorpresa que puso al vernos, y en vez de decir “qué lindo verlas” nos salió con un “¿qué hacen acá?”. Y sí, son de expresivos los hombres… (?) Pero bueno, yo no puedo hablar mucho porque yo soy la reina de los ariscos. Y después de una breve charla, ambas partes partieron a su casa, bah, nosotras fuimos a comer facturas a lo de Barby y él se fue a su casa (obvio, JA!) a hacer palmas. Lindo volver a juntarnos, faltaban miembros de la secta como Macarrones y Flor Palet, pero al menos estuvieron representadas por nosotras. Igual tengo que contar una pequeña anécdota emotiva, la última vez que había ido a Ezeiza fue para esperar a Ari (amiga de la facu que hizo Work&Travel en el verano), y la primera vez que fui fue para despedir a Anne (amiga alemana –hermana tiempo completo durante 6 meses- que volvía a su tierra). Fue como recordar esos momentos, uno muy triste como fue despedir a una amiga que anda a saber cuándo la voy a volver a ver (lloré mucho, como es de esperar de mí), y uno muy feliz como cuando llegó Ari y la vimos exactamente igual a como se fue (no iba a mutar, pero yo me entiendo). Cuestión que ir a Ezeiza es malo, y no por lo que pasa adentro, sino porque hace que me pique el bichito de querer viajar, y no es sano para mi salud mental, no señor. Me entran esas ganas locas de reventarle la tarjeta a papá y sacarme el gusto de comprarme un ida y vuelta a NYC. Espero viajar pronto, porque si tengo que volver a Ezeiza una vez más (que lo haré en diciembre cuando partan las chicas hacia Kirkwood), quizás cometa el error del que no seré perdonada fácilmente. Por lo pronto mis únicos viajes implican subte, colectivo, gente con mala onda, y bastante calor e incomodidad.

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