Semana negra: odio a la gente!

La semana pasada fue algo así como un periodo negro en mi vida. Y sí, no exagero, detesto cuando llueve y tengo que ir para todos lados. Odio el viento que me rompió el paraguas y a la gente desubicada que no se da cuenta que si tiene paraguas no debe usurpar el techito a la pobre gente que como yo no teníamos paraguas, o bien lo teníamos pero roto.

Sinceramente, este asunto de la lluvia me puso de la nuca, todos los días mal humor, el clima gris que parecía no tener fin, y la gente en su mundo. Entiendo que cada cual tiene sus propios problemas, pero qué necesidad hay de estar todo el día o a la defensiva, o agrediendo al otro por gusto. Yo también llego tarde y me siento apretada cual jamón en un sándwich por 50 pseudo personas que se abarrotan adentro de vagón en el que claramente no entran. Y a pesar de todo no me estoy quejando ni empujo a los demás con mala onda, me la banco calladita porque es algo que no puedo solucionar.

Hice catarsis, no todo quedó para mis adentros, porque cuando la bronca se expande por cada fibra de mí ser necesito canalizarla por algún lado, y lo hice con cuanto problema se me vino encima. Traté de estar buena onda, y lo siento si a alguien no trate con la gentileza con la que suelo hacerlo, pero la verdad es que todo me superó. Me la agarré con problemas viejos, con gente que a lo mejor dijo algo de una manera que a mí me rompió las pelotas pero no tendría porqué haberlo hecho, pero también me la agarré con la gente que hace que mi bronca vaya en aumento.

He llegado a un punto en el que me dí cuenta que Buenos Aires cambió parte de mi forma de ser, o hizo resaltar una parte de mí que estaba bastante reprimida a causa de no tener tantos quilombos de gente en una ciudad chiquita con mi Villa Constitución querida.  Como dijo una vez un compañero de Act&Art “Buenos Aires me corrompe”, y aunque él se refería a otros asuntos, en mi caso creo que  pasa más por el hecho de que yo antes no era de putear a la gente internamente, es más, si algo me molestaba del amontonamiento de gente pasaban dos cosas: o me olvidaba al toque, o podía elegir caminar por una calle paralela en la que no hubiera tanto lío. Acá no me puedo olvidar al toque porque en cuanto termino de enojarme con uno aparece otro desubicado a tocar la puerta de mi poco tolerante enojo. Y tampoco puedo agarrar por una calle paralela que no tenga tanta concurrencia porque acá está lleno de gente en todos lados. Y posta que es así, porque encima de que vivo en Microcentro me toca salir en las horas más jodidas. ¿Mala suerte? Etiquetado como quieras, yo pienso que tiene algo que ver con la ley de atracción, que mientras más enojado estás atraes cosas que te ponen peor. O bueno, para qué ser tan esotérica, mejor lo dejo en mala suerte así entendemos todos.

Cuestión que la semana pasada ni quise entrar a escribir porque ya me iba a ir a las puteadas con el mundo, y al igual que como hago en la vida “real” de no hablar en “caliente” respecto de lo que me molesta, también lo hago en la vida digital, por respeto a alguna persona en el universo que entre y lea esto.

Sé que puedo pecar de antisocial, y la verdad es que nada que ver, amo conocer gente nueva, amo ver gente nueva constantemente (léase turistas de cualquier parte del mundo que caminan Florida y Lavalle de la misma forma que yo caminaría las calles de NYC), amo socializar, pero no me gusta la falta de respeto. No me gusta la gente que invade los espacios del otro como me pasó con los techitos para los desamparados ante la lluvia, porque suena tonto, pero voy a enviar un mensaje: si tenes un paraguas usalo, no lo tengas de decoración debajo de un techo, porque hay gente que se moja por culpa tuya que no sos capaz de moverte un poco para que el objeto ese que tenes en la mano cumpla su función, y a vos te hablo mujer adulta mayor que no te queres mojar los zapatitos del 1800. Y si me permiten enviar otro comentario, a los imbéciles que caminan en zigzag les digo: algún día van a querer llegar rápido a un lugar y yo me voy a poner a caminar lento de un lado para el otro justo enfrente suyo, así van a saber la impotencia que se siente al querer pasar al otro y no poder porque parece que te lee la mente y se te pone otra vez en el camino. Y no me conocen enojada, esto es la cola del tornado, la semana pasada parecía el huracán Katrina de lo fastidiosa que estaba, confabulando planes para joderle un poco la vida a todas las personas que se unieron para jodérmela a mí. Suena vengativo, egoísta, pero encima de la lluvia totalmente inoportuna y eterna, la gente es desubicada e irrespetuosa, y todo eso hicieron de mí la mujer más intolerante de Argentina (porque segura hay una más histérica que yo en otra parte del mundo, o al menos quiero creerlo).

En fin, esa es la razón principal por la que no dí señales de vida. Ahora estoy calmada, previo finde soleado y caluroso, creo que Dios se apiadó un poco de mí y le regaló a mi mal humor un poco de sol. ¿Un rey sol? No, él aún está en Francia mostrándose tan lindo ante tanta gente menos ante mí, porque el 4 tuvo una presentación en París a la que fueron personas afortunadas, y vieron al hombre que yo presentaría como la novena maravilla del mundo. Ni Dios ni los astros se confabularon para presentarme algo así, así me sigo conformando con la estrella más grande y brillante del universo.

Hasta la vista… (babies)

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